10 de agosto de 1812.

Me encuentro ya en la deliciosa morada de mi cuñado el abate Lamartine,

en Montculot, en medio de bosques y de fuentes, en una especie de

desierto que parece una abadía. Debiera estar aquí en paz, y sin embargo

no es así; los cuidados de madre de familia me siguen por todas partes,

incluso aquí mismo. ¡Ah! ¡cuántos reproches debo echarme en cara! Soy

extremada en todo, toda del mundo, y en la soledad, acaso demasiada

austera; los objetos presentes agítanse con violencia sobre mis

sentidos; en fin, yo sufro. Ofrezco todas mis penas a Dios, rezo muy

poco y leo mucho; estoy excesivamente impresionada por la brevedad de la

vida y la necesidad de prepararme para la eternidad. Trato

frecuentemente de penetrarme de lo que recuerdo haber escrito una vez,

esto es, que yo no quería considerar esta vida más que como un

purgatorio, y que todas las penas que Dios me envíe debo encontrarlas

dulces en comparación de las que yo merezco. Lo que me hace temblar es

el porvenir de mis seis hijas. ¡Cuántos disgustos preveo por esta

causa!; pero el tormento que semejante previsión me ocasiona es

condenable, porque vengo probando de continuo que el socorro de Dios

jamás me ha faltado en circunstancia alguna, y que con mayor fuerza de

razón debo yo considerar ser éste el verdadero centro de mi vida.

El Manuscrito de mi madre aumentado con las comentarios, prólogo y epílogo · 第 132 / 235 题