Más de quince días hace que me encuentro aquí; fue el 7 de julio el día
que vine a establecerme; mi esposo ha estado en la ciudad con Cecilia.
Los primeros días creí disgustarme porque no experimentaba el placer
ordinario que siento cuando estoy en el campo, pero desde que vine, he
ido acostumbrándome poco a poco y me encuentro ya muy bien. Mis paseos
solitarios, el trabajo y la lectura en compañía de mis hijas y el
cuidado de algunos enfermos, todo ha recobrado para mí su interés
ordinario, y yo he estado tan bien como merezco, si puedo estarlo.
Solamente Dios sabe cuán escasos son mis merecimientos. Pero esta
tranquilidad ha sido turbada por una circunstancia.