11 de octubre de 1811.

Alfonso me escribe desde Roma cartas llenas de entusiasmo sobre los

monumentos de esta ciudad célebre; mucho me gustaría estar en su

compañía, pero mi pobreza no me lo permite. Los gastos de su viaje nos

ayudan a cubrirlos sus tíos. Para este objeto, nos dieron ayer

trescientos pesos. Alfonso, si es económico, podrá pasar con

cuatrocientos pesos el invierno en Nápoles, pero como es joven y de

imaginación viva y ardiente, ¿qué va a hacer entregado a sí mismo en los

países lejanos? Yo, que aspiraba a verle partir, aspiro ahora a verle

volver; durante el día, lo recomiendo veinte veces a la protección

divina, ¡Qué desgracia es tener un hijo desocupado! A pesar de la

repugnancia de la familia por verle servir a Bonaparte, deberíamos mejor

pensar en él que en semejantes repugnancias; cuando se trata de los

hijos conviene hacer caso omiso de las opiniones políticas.

Yo confío en que su amigo M. Almón de Virieu irá a reunírsele; es un

bellísimo sujeto, ya entrado en años, y que ha de serle de gran utilidad

en algunas circunstancias.

* * * * *

En esta época fue cuando yo abandoné Roma para ir a Nápoles, en cuya

ciudad hice la vida errante y poética descrita en el episodio, verdadero

en su fondo, titulado _Graziella_. (Véase el primer volumen de las

_Confidencias_).

El Manuscrito de mi madre aumentado con las comentarios, prólogo y epílogo · 第 128 / 235 题