Aumenta nuestra fortuna: mi marido acaba de comprar la casa de M. de
Ozenay; tiene un jardincito, y es muy espaciosa; la amueblaremos para
habitarla este verano, Dios mediante.
Mi marido me entrega ciento veinte pesos mensuales y los frutos
naturales que proceden de nuestras dos fincas, para sostener la casa y
pagar el colegio de Alfonso, lo cual es más que suficiente. Cada día
admiro más las prodigalidades de la divina Providencia para con
nosotros.
Mi cuartito está muy bien arreglado, y cuantos nos visitan dicen que es
muy bello. Comprendo que estoy demasiado bien en este mundo y que tengo
mayores bienes de los que me pertenecen. He leído un tratado místico
sobre la dulce virtud de la confianza, que me ha hecho un gran bien. Es
el tesoro por excelencia, el dulce abandono a la voluntad celestial.