Hoy hace catorce años que tuve la suerte de casarme con un hombre cuyo
corazón es el de un ángel. Siempre me figuré que era generoso y
caballero, pero ignoraba que estas condiciones llegaran a la perfección.
Solamente vive para mí y para sus hijos, aunque algo inquieto por las
dificultades que le ofrece nuestra escasa fortuna para sostener una
familia tan numerosa. Yo rogaré a la Providencia que nos asista, y
procuraré por mi parte aliviar su pena. Confío en Dios, y esta es sin
duda mi única virtud; pues reconozco, por lo demás, las imperfecciones
que tengo.
Para solemnizar el aniversario de mi matrimonio, he mandado a mi hermano
doscientos pesos; para ello he hecho un sacrificio, pero estoy muy
satisfecha de haberlo verificado.