A mi llegada a Mâcón he recibido tristes noticias de mi pobre madre. Mi
hermano se ha visto obligado a dejar el empleo que tenía en Inglaterra,
con motivo de la guerra, y otra vez vuelve a ser una pesada carga para
mi madre, que está vendiendo lo que resta de nuestra posesión de Rieux
para pagar las deudas contraídas durante sus viajes.
Mi hermana me escribe también diciéndome que está muy contenta porque la
señorita de Villars la ha prestado sin interés alguno y a devolver
cuando pueda, mil escudos; esto le ayudará en sus apuros; la señorita de
Villars cumple sus votos de pobreza a pesar de haberle relevado de ellos
la Revolución y el Papa al abolir el capítulo. Ella reparte su numerosa
fortuna entre su familia y las antiguas compañeras pobres del capítulo
de Salles y pasa pensiones vitalicias a seis o siete de ellas que se
encuentran en la mayor necesidad. No falta quien critica la economía en
que vive, pero Dios y los pobres la bendicen diariamente.