Esta mañana he visto a mi hijo desde las rendijas que hay en la cerca
del patio del colegio. ¡Pobrecito! Estaba allí en medio de sus
compañeros y a pesar de esto lo he distinguido en seguida. El también me
ha visto y ha venido a decirme que estaba muy contento con sus nuevos
maestros y condiscípulos.
He visitado al abate Montuzer, antiguo prior del capítulo de canonesas
de Salles.
Al anochecer he partido hacia Mâcón y al pasar por frente al colegio de
los Jesuitas, he visto a los colegiales y oído sus gritos alegres: por
fortuna, mi hijo no ha salido a la verja para ver pasar el coche; yo me
alegro mucho, porque hubiéramos tenido un disgusto grande y no conviene
enternecer demasiado el corazón de estos niños que mañana serán hombres
y necesitarán en ocasiones dureza de corazón para sufrir las
adversidades de la suerte.
Yo he llorado mucho durante el día de hoy.