Me encuentro en Saint-Point desde ayer, en compañía de Alfonso, Cecilia
y Eugenia; durante el viaje los niños se han divertido mucho. Alfonso,
particularmente, estaba embriagado de alegría al verse caballero en una
mula.
Hemos cogido las uvas del emparrado, de las cuales sacaremos dos toneles
de vino. Mi esposo ha comprado unas fincas con el dinero que su hermano
le ha prestado. Estas fincas le han costado diez mil pesos. ¡Dios quiera
que hagamos fortuna para poder legar a nuestros hijos una pequeña
posición que les permita vivir sin privaciones!
Tengo en mi poder las _Confesiones de San Agustín_, libro que estimo
muchísimo; esta mañana he visto con placer que Alfonso lo estaba
leyendo.