9 de noviembre de 1801.

Las ocupaciones no me han permitido continuar este _diario_ hasta hoy.

En este momento llego de Lyón; he ido a acompañar a mi hijo al colegio.

Esta nueva separación de mi Alfonso me ha causado hondo pesar. Durante

la misa que esta mañana he oído en la capilla del establecimiento, sólo

veía los hermosos cabellos rubios de mi hijo en medio de aquella

multitud de cabecitas puras como las de un ángel.

¡Qué sensible es, Dios mío, haber de abandonar a manos mercenarias el

tierno pimpollo de nuestro corazón!

Al salir de la iglesia he experimentado una profunda melancolía. Ni la

isla de Baebey de Fourvieres, las pintorescas montañas del Saona, ni el

bullicio de las gentes que bajan por la pendiente de la Cruz Roja y

Lyón, han conseguido distraer mi imaginación. Parecía yo al Abraham

bíblico cuando vuelve la vista para contemplar a Agar y su hijo,

abandonados en el desierto, menos peligroso ciertamente que esta

multitud inmensa, donde las madres, obligadas por la sociedad, abandonan

a sus hijos.

Todo el día de hoy lo he pasado en compañía de Mme. de Vaux, mi buena

hermana, y mezclado mis lágrimas a las suyas, pues también es muy

desgraciada.

Ocho días he pasado en Lyón para poder ver alguna vez más a mi Alfonso y

con el fin de acostumbrarme a estar separada de él.

El abate Lamartine, que habita en su propiedad próxima a Dijón, nos cede

su casita próxima a la calle de Ursulinas en Mâcón, donde pasaremos el

invierno. Esta casa está junto al palacio de la familia que habitan mi

hermano político M. de Lamartine y sus dos hermanas.

* * * * *

El día 10 de enero de 1802 está anotado únicamente con acciones de

gracias a la Providencia por los beneficios recibidos durante el año

pasado.

El Manuscrito de mi madre aumentado con las comentarios, prólogo y epílogo · 第 69 / 235 题