Hoy ha comido con nosotros M. Blondel, antiguo amigo nuestro. En la mesa
hemos hablado (tal vez demasiado) de Alfonso. Hemos leído algunos de sus
escritos y una composición poética que hizo por encargo de su padre,
habiendo quedado todos muy satisfechos y particularmente yo, de las
condiciones y el talento que parece poseer mi hijo. Acaso sean estos
pensamientos únicamente dictados por el amor de una madre, que siempre
ve en sus hijos agrandadas sus buenas cualidades y empequeñecidas las
malas.
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Sigue el _diario_ conteniendo detalles minuciosos y demasiado íntimos
que se relacionan únicamente con la vida doméstica.