El día de hoy ha sido funesto para nosotros; una tempestad de granizo ha
destruido nuestros viñedos. Esto es más sensible, por cuanto las cepas
están cargadas de racimos que han sido destrozados por el furioso
vendaval y el granizo que despedía a su paso. Estoy muy triste; pues que
además de haber perjudicado nuestro pequeño bienestar, los pobres
viñadores de la comarca quedan en la miseria. El sentimiento que en
estos momentos agobia mi alma, indica que aun a pesar mío, estoy
adherida a las cosas mundanas; creía que las cosas terrenas me eran
indiferentes, y observo que al menor contratiempo sucumbo. ¡Oh, Dios
mío! Que llegue con vuestra ayuda a comprender lo pasajero e
insignificante de este mundo y lo eterno de los bienes del cielo.