30 de julio.

A las diez de la mañana de ayer salimos de Milly para Changrenon, donde

vamos a pasar el día con los señores Rambuteau, nuestros vecinos. El

señor Rambuteau (hijo) es un joven muy simpático, noble, distinguido, de

un trato social muy fino y franco a la vez. La señorita de Rambuteau es

hermosísima, y bien quisiera yo que mis hijas se le pareciesen. Esta

joven es aquella célebre Madame de Mesgrigny, tan admirada por su

belleza en la corte de Napoleón.

Hemos sido obsequiados en casa de estos señores, entre otras cosas, con

la ejecución de algunas piezas musicales cantadas al piano con una

maestría incomparable por la señorita y su maestro: este profesor tiene

una preciosa voz de bajo y se llama Brevaí, quien no desperdicia ocasión

para educar a su discípula; ella, en cambio, hace honor a su maestro,

pero la palidez de su rostro indica que debe fatigarse demasiado en el

estudio.

* * * * *

A la vuelta de Changrenon me encuentro con una carta de mi hermana en la

cual me da noticias de mi hijo Alfonso, muy satisfactorias por cierto.

Me participa también que uno de sus arrendatarios de Vaux, a quien

durante la Revolución le había arrendado las tierras, le ha entregado

cuatro mil pesos, después de haber reconocido por sí propio que lo que

pagaba no era justo: además, se ha comprometido a pagarle por espacio de

veinte años una asignación en frutos de la cosecha. De estos raros

ejemplos de honradez y probidad debemos conservar eterno recuerdo.

¡Si todos imitáramos al arrendatario de mi hermana, cuán felices

fuéramos en el mundo!

El Manuscrito de mi madre aumentado con las comentarios, prólogo y epílogo · 第 50 / 235 题