19 de junio de 1801.

Todo el día de hoy he estado reflexionando sobre lo peligroso de las

lecturas fútiles. Estoy en la creencia de que si me privo de ellas, será

un sacrificio para mí ciertamente, pero evitaré un peligro. He notado

que cuando estoy distraída con estas frívolas lecturas, las útiles y

serias me disgustan y cansan al momento. Decididamente, si he de

adquirir capacidad para educar a mis hijos, me conviene adquirirla y la

adquiriré en los libros serios; a ellos me inclino, pues, desde hoy.

Ayer, día 18, he recibido carta de mi madre, en la que me dice que ha

llegado de Alemania, sin indicarme dónde se encuentra. Yo creo, sin

embargo, que estará con la señorita de Orleans, ocupada en el arreglo

del matrimonio de esta princesa. ¡Quiera Dios que sean felices!...

* * * * *

Para mejor comprensión del anterior capítulo, conviene hacer saber que

Mme. de Roys (mi abuela), estaba de sub-aya en casa de los duques de

Orleans antes de que Mme. de Genlis fuese aya de los infantes.

Muerto el duque de Orleans, o mejor dicho, ejecutado Felipe Igualdad, la

familia de éste huyó de Francia, y Mme. de Roys se consagró con el mayor

cariño a la viuda duquesa de Orleans, hija del duque de Penthievre.

Largo tiempo vivió esta desgraciada familia en España.

La duquesa tuvo alguna sospecha de Mme. de Genlis, y la despidió de su

servicio, encargando al mismo tiempo a Mme. de Roys fuese a un convento

de Suiza en busca de la señorita de Orleans, donde se encontraba

recogida.

Esta princesa, conocida después por el nombre de madame Adelaida, era

muy joven, hermosa y excelente de corazón. Durante el reinado de su

hermano Luis-Felipe, dícese que ejerció gran influencia política.

Creyó mi madre que se trataba de casar a esta princesa desde el momento

que la separaban del convento. Pero no era este el motivo. Tratábase

únicamente de separar a la joven de la influencia directa de madame de

Genlis y de la acción política del partido orleanista.

La duquesa viuda de Felipe Igualdad jamás quiso asociarse a los manejos

revolucionarios de los partidarios de su marido, así como tampoco a las

intrigas dinásticas que se desarrollaban en este partido, capitaneado

por Dumouriez, hacia donde madame de Genlis conducía poco a poco a su

discípula. ¡Lástima grande que las intenciones de madame de Genlis

hubiesen triunfado! La virtud y la hermosura hubiéranse mezclado

horriblemente con las intrigas palaciegas.

La corte española honró en la viuda de _Igualdad_ a la víctima de la

Revolución y de los desaciertos de su marido.

El Manuscrito de mi madre aumentado con las comentarios, prólogo y epílogo · 第 35 / 235 题