16 de junio de 1801.

Ayer he ido a Saint-Point, y estoy muy fatigada, a pesar de haber hecho

el viaje mitad a pie y mitad a caballo sobre un asno. Los caminos están

impracticables, y a no ser por el borriquillo, no me hubiera determinado

a hacer este viaje, que ha sido, sin embargo, muy agradable, pues hemos

paseado mucho. He acompañado a mis hijas a la iglesia y he pedido a Dios

que las haga felices. También le he dado gracias por habernos concedido

aquellas fincas, con las cuales ni mi marido ni yo contábamos. Da

lástima ver los edificios: el castillo está casi arruinado, las paredes

interiores están desnudas, y los adornos, los escudos y las chimeneas,

destrozados a fuerza de martillazos.

Durante los días de saqueo del año 1789, unos aldeanos, venidos de otros

departamentos lejanos, todo lo destrozaron; particularmente los escudos

heráldicos, aparecen hechos trizas. Nada puede lisonjear nuestro amor

propio. Yo me alegro de ello, porque algunas veces este amor propio lo

he tenido con exageración. Todo me sonríe, el país, los parientes, los

amigos, los vecinos, que vivían a mi puerta y me saludaban con un

jubileo tal, como si hubiese llegado la Providencia. Soy muy feliz, y

esto me causa espanto, porque en este mundo lo bueno dura poco. Es

indispensable que me mortifique con las buenas obras, y que no me deje

arrastrar sino por el reconocimiento hacia el divino Dispensador.

El Manuscrito de mi madre aumentado con las comentarios, prólogo y epílogo · 第 31 / 235 题