Una circunstancia especial que es inútil dar a conocer al público, ha
hecho entregar este libro a la imprenta. De intento y por su naturaleza,
había de ser siempre un manuscrito; todo lo más, debía figurar en uno de
estos archivos íntimos de familia, colección de documentos que eslabonan
la generación presente con las que han dejado de existir; documentos
que, en su manía escudriñadora, suelen encontrar en las arcas viejas los
muchachos, los parientes, quienes se entretienen hojeándolos durante las
tardes ociosas del otoño.
Ya que ha escapado, a pesar nuestro, de la semioscuridad del rincón
casero y va a someterse a las miradas del lector desapasionado, lo
dedicamos únicamente a la familia de la hermosa y tierna madre que
inundó estas páginas con las efusiones de su corazón, sin prever que en
la última hora de su vida le faltaría tiempo para quemar estos papeles.
A los demás les rogamos que no lo lean: nada hay en él de lo que se
busca en los libros; éste sólo tiene interés para aquellos a quienes
esta mujer virtuosa ha de transmitir su sangre a la afinidad de su alma.
No podemos olvidar en nuestra dedicatoria a los amigos de la comarca
donde vivió ella, los servidores ya viejos que no pronuncian su nombre
sin verter una lágrima, ni a los labradores, cuyas pisadas desde hace
veintiocho años, han privado de crecer hierba en el camino que conduce a
su sepultura.
Saint-Point, 2 de noviembre de 1858.