CHANTECLER

Tout ce qui trop longtemps reste dans l'ombre et dort

S'habitue au mensonge et consent à la mort!»

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«Chantecler» es el drama del esfuerzo humano en su lucha implacable por

la vida; es el calvario del varón fuerte que, luego de vencer á su rival

poderoso y de sobreponerse á las asechanzas de los cobardes que le

envidian, encuentra á la faisana, la mujer emancipada, celosa del poder

y de los ideales del macho--ideales que no comprende y ante los cuales

se siente postergada,--y que sólo á regañadientes concluye por rendirle

pleitesía.

El distinguido crítico y académico Emilio Faguet, consigna--y es una

observación curiosa que merece anotarse--la escasa intervención que

tiene el amor en el Teatro de Edmundo Rostand. Así es, efectivamente. En

«La Samaritana» y en «L'Aiglon», v. gr., este sentimiento falta por

completo; «Les Romanesques», más que la historia de dos enamorados, es

una sátira contra el amor; en «La princesa lejana», la pasión que anima

al anciano príncipe es algo abstracto y platónico, casi místico; y en el

mismo «Cyrano de Bergerac», no es el Cyrano enamorado, sino el

espiritual y heroico, el que predomina.

Algo semejante ocurre en «Chantecler». En vano la faisana tratará de

sobreponerse á la voluntad del gallo galán y dictador. «Chantecler»

cantará siempre: su clarín es el grito que ahuyenta las sombras de la

tierra, y aleja las estrellas sin apagarlas, y llena los campos de

matices y echa sobre los surcos la alegría fecundante del trabajo: él es

quien llama al sol; él, símbolo de toda actividad, es la llave de oro de

la vida...

En estos días, y mientras cuatro compañías francesas se disponen á

salir de París para llevar á las principales ciudades de Europa y de

América el gran grito lírico de «Chantecler», Edmundo Rostand ha vuelto

modestamente á su retiro de Cambo.

Rostand es un ordenado que, como Balzac, escribe de prisa y siempre de

noche. A pesar de sus triunfos, el poeta está triste; continuamente se

lamenta de su constitución débil, que le impide realizar largos

esfuerzos mentales.

--Yo concibo mucho--dice,--pero no puedo trabajar: me canso; por lo

mismo, presiento que la mitad de las fábulas y de los personajes que he

ideado, morirán conmigo...

Y, aunque trabajase mucho, sería igual. Yo sé que ese dolor que

atormenta al poeta no tiene cura: como á todos los grandes, la sed que

atormenta á Edmundo Rostand, es sed de Infinito...

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El teatro por dentro Autores, comediantes, escenas de la vida de bastidores, etc. · 第 39 / 48 题