Capitan DANTE, NARTICOFORO.
DANTE. Ahora decidme cuantos mil hombres quereis que yo envíe á los
infiernos.
NARTICOFORO. Uno uomo solo, vecchio decrepito, veternoso e silicernio.
DANTE. ¡Ah, cuerpo de mis males! mirad lo que me dice, por vida de
quien soy, que me agraviais en ello, que haya yo de atreverme á matar
un viejo podrido, moho de la tierra, no es posible, porque solo en el
desenbainar de esta mi espada, es tanto el aire que hace, que es
bastante para hacer hundir una nave. Y al solo moto de mi persona se
estremece la tierra como si por ventura fuera un terremoto. Y en fin
soy tal que donde hinco mis ojos, pego fuego.
NARTICOFORO. Non m'era ancora pervenuto ad aures cosa alcuna di queste
tue prove.
DANTE. Pues, ¿como no habeis oido por estos mundos mis grandes
valencias?
NARTICOFORO. Nunquam, non mai.
DANTE. ¿Sabeis porqué? en solo poner mano á mis armas, el temblor de
los enemigos es tan grande que luego vereis huir quien por acá y quien
por acullá, quien se nasconde y quien muere de temor; y de esta manera
jamás ninguno vee lo que yo hago.
NARTICOFORO. Dunque, io son nato secundis avibus, ché mai non
m'accadde vederlo.
DANTE. Pues, decid de que muerte quereis que le hagamos perecer: toma
este librecillo donde están dibujadas seiscientas suertes de muertes,
escoje cual quereis que le hagamos provar.
NARTICOFORO. Per dirvi il vero, non vorrei mandarlo all'orco.
DANTE. ¿Que horca? Valgate todos los diablos, ¿que soy yo por ventura
verdugo, que tengo de ahorcar?
NARTICOFORO. Orco, idest, cioè alle case di Dite, nel Tartaro
abissale: cioè che non vorrei ucciderlo.
DANTE. ¿Como si dijese cortarle un brazo, las piernas, o llevarle
medio casco?
NARTICOFORO. Non tanto, no.
DANTE. Pues, ven acá: quiero yo que le hagamos una burla.
NARTICOFORO. Dic sodes, dite di grazia.
DANTE. Sabed que yo tengo una espada de corte tan delgada y sutil que,
dándole por detrás muy diestramente, le cortaré la cabeza con tanta
destreza que apenas sentirá si es pulga que le morde; y andará sin
saber que está descabezado, y cuando irá por abajarse, caerá la cabeza
acá y el cuerpo acullá, y asi se le saldrá afuera la sangre y el
ánima.