MÁXIMO (_con ardiente palabra en toda la escena_). Alto... Me dice el
Marqués que de aquí, después de una larga conversación con usted, salió
Electra en ese terrible desvarío.
PANTOJA (_turbado_). Aquí... cierto... hablamos... La niña...
MÁXIMO. Mordida fue por el monstruo.
PANTOJA. Tal vez... Pero el monstruo no soy yo. Es un monstruo terrible,
que se alimenta de los hechos humanos. Se llama la Historia. (_Queriendo
marcharse._) Adiós.
MÁXIMO (_le coge fuertemente por un brazo_). ¡Quieto!... Va usted a
repetir, ahora mismo, ahora mismo, lo que ha dicho a Electra ese
monstruo de la Historia, para ponerla en tan gran turbación...
PANTOJA (_sin saber qué decir_). Yo... ante todo, conviene asentar
previamente que...
MÁXIMO. No quiero preámbulos... La verdad, concreta, exacta, precisa...
Usted ha ofendido a Electra, usted ha trastornado su entendimiento...
¿Con qué palabras, con qué ideas? Necesito saberlo pronto, pronto. Se
trata de la mujer que es todo para mí en el mundo.
PANTOJA. Para mí es más: es los cielos y la tierra.
MÁXIMO. Sepa yo al instante la maquinación que ha tramado usted contra
esa pobre huérfana, contra mí, contra los dos, unidos ya eternamente por
la efusión de nuestras almas; sepa yo qué veneno arrojó usted en el oído
de la que puedo y debo llamar ya mi mujer. (_Pantoja hace signos
dubitativos._) ¿Qué dice? ¿Que no será mi mujer...? ¡Y se burla!
PANTOJA. No he dicho nada.
MÁXIMO (_estallando en ira, con gran violencia le acomete_). Pues por
ese silencio, por esa burla, máscara de un egoísmo tan grande que no
cabe en el mundo; por esa virtud verdadera o falsa, no lo sé, que en la
sombra y sin ruido lanza el rayo que nos aniquila (_le agarra por el
cuello, le arroja sobre el banco_); por esa dulzura que envenena, por
esa suavidad que estrangula, confúndate Dios, hombre grande o rastrero,
águila, serpiente o lo que seas.
PANTOJA (_recobrando el aliento_). ¡Qué brutalidad!... ¡Infame, loco!...
MÁXIMO. Sí, lo soy. Usted a todos nos enloquece. (_Reponiéndose de su
ira._) ¿Quién sino usted ha tenido el poder diabólico de desvirtuar mi
carácter, arrastrándome a estas cóleras terribles? Sin darme cuenta de
ello, he atropellado a un ser débil y mezquino, incapaz de responder a
la fuerza con la fuerza.
PANTOJA(_incorporándose_). Con la fuerza respondo. (_Volviendo a su ser
normal, se expresa con una calma sentenciosa._) Tú eres la fuerza
física, yo soy la fuerza espiritual. (_Máximo le mira atónito y
confuso._) Puedo yo más que tú, infinitamente más. ¿Lo dudas?
MÁXIMO. ¿Que puede más?
PANTOJA. La ira te sofoca, el orgullo te ciega. Yo, maltratado y
escarnecido, recobro fácilmente la serenidad; tú no: tú tiemblas,
Máximo; tú, que eres la fuerza, tiemblas.
MÁXIMO. Es la ira que aún está vibrando... No la provoque usted.
PANTOJA (_cada vez más dueño de sí_). Ni la provoco, ni la temo...
porque tú me maltratas y yo te perdono.
MÁXIMO. ¡Que me perdona!...¡a mí! Se empeña usted en que yo sea
homicida, y lo conseguirá.
PANTOJA (_con serena y fría gravedad, sin jactancia_). Enfurécete,
grita, golpea... Aquí me tienes inconmovible... No hay fuerza humana que
me quebrante, no hay poder que me aparte de mis caminos. Injúriame,
hiéreme, mátame: no me defiendo. El martirio no me arredra. Podrá la
barbarie destruir mi pobre cuerpo, que nada vale; pero lo que hay aquí
(_en su mente_), ¿quién lo destruye? Mi voluntad, de Dios abajo, nadie
la mueve. Y si acaso mi voluntad quedase aniquilada por la muerte, la
idea que sustento siempre quedará viva, triunfante...
MÁXIMO. No veo, no puedo ver ideas grandes en quien no tiene grandeza,
en quien no tiene piedad, ni ternura, ni compasión.
PANTOJA. Mis fines son muy altos. Hacia ellos voy... por los caminos
posibles.
MÁXIMO (_aterrado_). ¡Por los caminos posibles! Hacia Dios no se va más
que por uno: el del bien. (_Con exaltación._) ¡Oh, Dios! Tú no puedes
permitir que a tu Reino se llegue por callejuelas obscuras, ni que a tu
gloria se suba pisando los corazones que te aman... ¡No, Dios, no
permitirás eso, no, no! Antes que ver tal absurdo, veamos toda la
Naturaleza en espantosa ruina, desquiciada y rota toda la máquina del
Universo.
PANTOJA. Sacrílego, ofendes a Dios con tus palabras.
MÁXIMO. Más le ofende usted con sus hechos.
PANTOJA. Basta. No he de disputar contigo... Nada más tengo que decirte.
MÁXIMO. ¿Nada más? ¡Si falta todo![101] (_Le coge vigorosamente por un
brazo._) Ahora va usted conmigo en busca de Electra, y en presencia de
ella, o esclarece usted mis dudas y me saca de esta ansiedad horrible, o
perece usted y perezco yo, y perecemos todos... Lo juro por la memoria
de mi madre.
PANTOJA (_después de mirarle fijamente_). Vamos. (_Al dar los primeros
pasos sale Evarista de la casa._)