MÁXIMO. No hay Colón. Digo que eres un mundo que se descubre solo...
ELECTRA (_riendo_). Pues por ser yo un mundito chiquito, que se cree
digno de que lo descubran, ¡pobre de mí! determinarán hacerme monja,
para preservarme de los peligros que amenazan a la inocencia.
MÁXIMO (_después de probar el vino, mira la etiqueta_). Vamos, que no
has traído mal vino.
ELECTRA. En tu magnífica bodega, que es como una biblioteca de
riquísimos vinos, he escogido el mejor Burdeos,[64] y un Jerez[65]
superior.
MÁXIMO. Muy bien. No es tonta la bibliotecaria.
ELECTRA. Pues sí. Ya sé lo que me espera: la soledad de un convento...
MÁXIMO. Me temo que sí. De ésta no escapas.
ELECTRA (_asustada_). ¿Cómo?
MÁXIMO (_rectificándose_). Digo, sí: te escapas... te salvaré yo...
ELECTRA. Me has prometido ampararme.
MÁXIMO. Sí, sí... Pues no faltaba más...
ELECTRA (_con gran interés_). Y ¿qué piensas hacer? dímelo...
MÁXIMO. Ya verás... la cosa es grave...
ELECTRA. Hablas con la tía... y...¿qué más?
MÁXIMO. Pues... hablo con la tía...
ELECTRA. ¿Y qué le dices, hombre?
MÁXIMO. Hablo con el tío...
ELECTRA (_impaciente_). Bueno: supongamos que has hablado ya con todos
los tíos del mundo... Después...
MÁXIMO. No te importe el procedimiento. Ten por seguro que te tomaré
bajo mi amparo, y una vez que te ponga en lugar honrado y seguro,
procederé al examen y selección de novios. De esto quiero hablar contigo
ahora mismo.
ELECTRA. ¿Me reñirás?
MÁXIMO. No: ya me has dicho que te hastía el juego de muñecos vivos, o
llámense novios.
ELECTRA. Buscaba en ello la medicina de mi aburrimiento, y a cada toma
me aburría más...
MÁXIMO. ¿Ninguno ha despertado en ti un sentimiento... distinto de las
burlas?
ELECTRA. Ninguno.
MÁXIMO. ¿Todos se te han manifestado por escrito?
ELECTRA. Algunos... por el lenguaje de los ojos, que no siempre sabemos
interpretar. Por eso no los cuento.
MÁXIMO. Sí: hay que incluirlos a todos en el catálogo, lo mismo a los
que tiran de pluma que a los que foguean con miraditas. Y henos aquí[66]
frente al grave asunto que reclama mi opinión y mi consejo. Electra,
debes casarte, y pronto.
ELECTRA (_bajando los ojos, vergonzosa_). ¿Pronto?... Por Dios, ¿qué
prisa tengo?
MÁXIMO. Antes hoy que mañana. Necesitas a tu lado un hombre, un marido.
Tienes alma, temple, instintos y virtudes matrimoniales. Pues bien: en
la caterva de tus pretendientes, forzoso será que elija yo uno, el
mejor, el que por sus cualidades sea digno de ti. Y el colmo de la
felicidad será que mi elección coincida con tu preferencia, porque no
adelantaríamos nada, fíjate bien, si no consiguiera yo llevarte a un
matrimonio de amor.
ELECTRA. (_con suma espontaneidad_). ¡Ay, sí!
MÁXIMO. A la vida tranquila, ejemplar, fecunda, de un hogar dichoso...
ELECTRA. ¡Ay, qué preciosidad! ¿Pero merezco yo eso?
MÁXIMO. Yo creo que sí... Pronto se ha de ver. (_Concluyen de comer el
arroz._)
ELECTRA. ¿Quieres más?
MÁXIMO. No, hija: gracias. He comido muy bien.
ELECTRA (_poniendo el frutero en la mesa_). De postre no te pongo más
que fruta. Sé que te gusta mucho.
MÁXIMO (_cogiendo una hermosa manzana_). Sí, porque esto es la verdad.
No se ve aquí mano del hombre... más que para cogerla.
ELECTRA. Es la obra de Dios. ¡Hermosa, espléndida, sin ningún artificio!
MÁXIMO. Dios hace estas maravillas para que el hombre las coja y se las
coma... Pero no todos tienen la dicha o la suerte de pasar bajo el
árbol... (_Monda una manzana._)
ELECTRA. Sí pasan, sí pasan... pero algunos van tan abstraídos mirando
al suelo, que no ven el hermoso fruto que les dice: «Cógeme, cómeme.» Y
bastaría que por un momento se apartasen de sus afanes, y alzaran los
ojos...
MÁXIMO (_contemplándola_). Como alzar los ojos, yo... ya miro, ya...