EVARISTA. Pues sí, Marqués: iremos.
MARQUÉS. ¿Ya sabía usted...?
DON URBANO. ¿A qué hora?
MARQUÉS. A las cinco en punto. (_A Máximo._) A usted no le invito: ya sé
que no le sobra tiempo para la vida social.
MÁXIMO. Así es, por desgracia. Hoy no le espero a usted.
MARQUÉS. ¿Cómo, si estamos de fiesta religiosa y mundana? Pero esta
noche no se libra usted de mí.
EVARISTA (_ligeramente burlona_). Ya hemos notado... celebrándolo, qué
duda tiene... la frecuencia de las visitas del señor Marqués a los
talleres del gran nigromántico.
MÁXIMO. El Marqués me honra con su amistad y con el interés que pone en
mis estudios.
MARQUÉS. Me ha entrado súbitamente el delirio por la maquinaria y por
los fenómenos eléctricos... Chifladuras de la ancianidad.
DON URBANO (_a Máximo_). Vaya, que sacarás un buen discípulo.
EVARISTA. Sabe Dios... (_maliciosa_) sabe Dios quién será el maestro y
quién el alumno.
MARQUÉS. A propósito del maestro: siento que por estar presente, me vea
yo privado de decir de él todas las perrerías que se me ocurren.
EVARISTA. Vete, Máximo; vete para que podamos hablar mal de ti.
MÁXIMO. Me voy. Despáchense a su gusto las malas lenguas. (_Al
Marqués._) Abur, siempre suyo. (_A Evarista._) Adiós, tía.
EVARISTA. Anda con Dios, hijo.
MARQUÉS (_a Máximo, que sale_). Hasta la noche... si me dejan. (_A
Evarista._) ¡Hombre extraordinario! De fama le admiré; tratándole ahora
y apreciando por mí mismo sus altas prendas, sostengo que no ha nacido
quien pueda igualársele.
EVARISTA. En el terreno científico.
MARQUÉS. Y en todos los terrenos, señora. ¿Pues qué...?
EVARISTA. Cierto que como inteligencia...
MARQUÉS (_con entusiasmo_). Y como corazón. ¿Pues quién hay más noble,
más sincero...?
EVARISTA (_no queriendo empeñarse en una discusión delicada_). Bueno,
Marqués, bueno... (_Variando de conversación._) ¿Con que... decía
usted... que hemos de estar allí a las cinco?
MARQUÉS. En punto. Cuento con ustedes y con Electra.
EVARISTA. No sé si debemos llevarla...
MARQUÉS. ¡Oh! Traigo el encargo especialísimo de gestionar la presencia
de la niña en esta solemnidad. Y ya me di tono de buen diplomático
asegurando que lo conseguiría. Virginia desea conocerla.
DON URBANO. En ese caso...
MARQUÉS. ¿Me prometen ustedes no dejarme mal?
EVARISTA. ¡Oh! Cuente usted con Electra.