ELECTRA(_meditabunda_). Dios mío, ¿qué debo pensar? Sus medias palabras
dicen más que si fuesen enteras. ¡Madre del alma! (_El Marqués, que
entra por el jardín, avanza despacio._) ¡Ah!... Señor Marqués.
MARQUÉS. ¿Se asusta usted?
ELECTRA. Nada de eso: me sorprendo no más. Si viene usted a oírme tocar,
ha perdido el viaje. Hoy no estudio.
MARQUÉS. Me alegro. Así podremos hablar... Apenas presentado a usted,
entro de lleno en la admiración de sus gracias, y conocida una parte de
su carácter, deseo conocer algo más... Usted extrañará quizás esta
curiosidad mía y la creerá impertinente.
ELECTRA. ¡Oh! No, señor. También yo soy curiosilla, señor Marqués, y me
permito preguntarle: ¿es usted amigo de Máximo?
MARQUÉS. Le quiero y admiro grandemente... Cosa rara, ¿verdad?
ELECTRA. A mí me parece muy natural.
MARQUÉS. Es usted muy niña, y quizás no pueda hacerse cargo de las
causas de mi amistad con _el Mágico prodigioso_...[31] A ver si me
entiende.
ELECTRA. Explíquemelo bien.
MARQUÉS. La sociedad que frecuento, el círculo de mi propia familia y
los hábitos de mi casa, producen en mí un efecto asfixiante. Casi sin
darme cuenta de ello, por puro instinto de conservación me lanzo a veces
en busca del aire respirable. Mis ojos se van tras de la ciencia, tras
de la Naturaleza... y Máximo es eso.
ELECTRA. El aire respirable, la vida, la... ¿Pues sabe usted, Marqués,
que me parece que lo voy entendiendo?
MARQUÉS. No es tonta la niña, no. También ha de saber usted que siento
por ese hombre un interés inmenso.
ELECTRA. Le quiere usted, le admira por sus grandes cualidades...
MARQUÉS. Y le compadezco por su desgracia.
ELECTRA (_sorprendida_). ¿Desgraciado Máximo?
MARQUÉS. ¿Qué mayor desgracia que la soledad en que vive? Su viudez
prematura le ha sumergido en los estudios más hondos, y temo por su
salud.
ELECTRA. Sus hijos le consuelan, le acompañan. Hoy les ha visto usted.
¡Qué lindas criaturas! El mayor, que ahora cumple cinco años, es un
prodigio de inteligencia. En el pequeñito, de dos años, veo yo toda la
gracia del mundo. Yo les adoro; sueño con ellos, y me gustaría mucho ser
su niñera.
MARQUÉS. El pobre Máximo, aferrado a sus estudios, no puede atenderlos
como debiera.
ELECTRA. Claro: eso digo yo.
MARQUÉS. Es de toda evidencia: Máximo necesita una mujer. Pero... aquí
entran mis dificultades y mis dudas. Por más que miro y busco, no
encuentro, no encuentro la mujer digna de compartir su vida con la del
grande hombre.
ELECTRA. No la encuentra usted. Es que no la hay, no la hay. Como que
para Máximo debe buscarse una mujer de mucho juicio.
MARQUÉS. Eso es: de mucho juicio.
ELECTRA. Todo lo contrario de mí, que no tengo ninguno, ninguno,
ninguno.
MARQUÉS. No diría yo tanto.
ELECTRA. Otra cosa: cuando usted me oye decirle tonterías y llamarle
bruto, viejo, sabio tonto, no vaya a creer que lo digo en serio. Todo
eso es broma, señor Marqués.
MARQUÉS. Sí, sí: ya lo he comprendido.
ELECTRA. Bromas impertinentes quizás, porque Máximo es muy serio...
¿Cree usted, señor mío, que debo yo volverme muy grave?
MARQUÉS. ¡Oh! no. Cada criatura es como Dios ha querido formarla. No hay
que violentarse, señorita. No necesitamos ser graves para ser buenos.
ELECTRA. Pues mire usted, Marqués, yo que no sé nada, había pensado eso
mismo. (_Aparece Pantoja por el foro._)
PANTOJA (_aparte en la puerta_). Este libertino incorregible... este
veterano del vicio se atreve a poner su mirada venenosa en esta flor.
(_Avanza lentamente._)
MARQUÉS (_aparte_). ¡Vaya! Se nos ha interpuesto la pantalla obscura, y
ya no podemos seguir hablando.
ELECTRA. El señor Marqués ha venido a oírme tocar; pero estoy muy torpe.
Lo dejamos para otro día.
MARQUÉS. Ya sabe usted que el gran Beethoven[32] es mi pasión. Me
habían dicho que Electra le interpreta bien, y esperaba oírle la _Sonata
Patética_,[33] la _Clair de Lune_[34]... pero nos hemos entretenido
charlando, y pues ya no es ocasión...
PANTOJA (_con desabrimiento_). Sí: ha pasado la hora de estudio.
MARQUÉS (_recobrando su papel social_). Otro día será. Amigo mío,
Virginia y yo tendremos mucho gusto en que usted nos honre con sus
consejos para cuanto se refiere al Beaterio de Las Esclavas.[35]
PANTOJA. Sí, sí: esta tarde iré a ver a Virginia y hablaremos.
MARQUÉS. En el Beaterio la tiene usted toda la tarde. Y pues estoy de
más aquí... (_En ademán de retirarse._)
ELECTRA. No. Usted no estorba, señor Marqués.
MARQUÉS. Me voy con la música... al taller de Máximo.
PANTOJA. Sí, sí: allí se distraerá usted mucho.
MARQUÉS. Hasta luego, mi reverendo amigo.