ESCENA IX

ELECTRA; _al poco rato_ CUESTA.

ELECTRA (_entonando una salmodia de Iglesia, recoge los dibujos y los

ordena_). Bach... para que me asimile... ¡qué gracia! el estilo

religioso. (_Canta._)

CUESTA (_entra por el foro recatándose_). ¡Sola...!

ELECTRA (_canta algunas notas litúrgicas. Ve avanzar a Cuesta_). ¿Pero

no se había marchado usted, Don Leonardo?

CUESTA (_con timidez_). Sí; pero he vuelto, hija mía. Tengo que hablar

con usted.

ELECTRA (_un poquito asustada_). ¡Conmigo!

CUESTA. El asunto es delicado, muy delicado... (_Con fatiga y dificultad

de respiración._) Perdone usted... padezco del corazón... no puedo estar

en pie. (_Electra le aproxima una silla. Se sienta._) Sí: tan delicado

es el asunto que no sé por donde empezar.

ELECTRA. Por Dios, ¿qué es?

CUESTA (_animándose_). Electra, yo conocí a su madre de usted.

ELECTRA. ¡Ah! Mi madre fue muy desgraciada.

CUESTA. ¿Qué entiende usted por desgraciada?

ELECTRA. Pues... que vivió entre personas malas que no le permitían ser

tan buena como ella quería.

CUESTA. ¡Oh! Sin saberlo ha dicho usted una gran verdad... ¿Recuerda

usted a su madre?... ¿Piensa usted en ella?

ELECTRA. Mi madre es para mí un recuerdo vago, dulcísimo; una imagen que

nunca me abandona... Viva la guardo en mi corazón, que no es todavía más

que una gran memoria, y en esta gran memoria la están buscando siempre

mis ojos ansiosos de verla. ¡Pobre madre mía! (_Se lleva el pañuelo a

los ojos. Cuesta suspira._) Dígame, Don Leonardo: cuando trataba usted a

mi madre ¿era yo muy chiquitita?

CUESTA. Era usted una monada. Le hacíamos a usted cosquillas para verla

reír; su risa me parecía el encanto, la alegría de la Naturaleza.

ELECTRA. Vea usted por que he salido tan loca, tan traviesa y

destornillada... Y alguna vez me cogería usted en brazos.

CUESTA. Muchísimas.

ELECTRA (_sonriendo sin acabar de secar sus lágrimas_). ¿Y no le tiraba

yo de los bigotes?

CUESTA. A veces con tanta fuerza, que me hacía usted daño.

ELECTRA. Me pegaría usted en las manos.

CUESTA. ¡Vaya!

ELECTRA. ¿Pues sabe usted que creo que todavía me duelen...?

CUESTA (_impaciente por entrar en materia_). Pero vamos al caso.

Advierto a usted, Electra, que esto es reservadísimo. Queda entre los

dos.

ELECTRA. ¡Oh! me da usted miedo, Don Leonardo.

CUESTA. No es para asustarse. Vea usted en mí un amigo, el mejor de los

amigos; vea en este acto el interés más puro, el sentimiento más

elevado...

ELECTRA (_confusa_). Sí, sí: no dudo... pero...

CUESTA. Vea usted por qué doy este paso... Aunque no soy muy viejo, no

me siento con cuerda vital para mucho tiempo. Viudo hace veinte años, no

tengo más familia que mi hija Pilar, ya casada, y ausente. Casi estoy

solo en el mundo, con el pie en el estribo para marchar a otro... y mi

soledad ¡ay! parece como que quiere echarme más pronto... (_Con gran

dificultad de expresión._) Pero antes de partir... (_Pausa._) Electra,

he pensado mucho en usted antes que la trajeran a Madrid, y al verla

¡Dios mío! he pensado, he sentido... qué sé yo... un dulce afecto, el

más puro de los afectos, mezclado con alaridos de mi conciencia.

ELECTRA (_aturdida_). ¡La conciencia! ¡Qué cosa tan grave debe ser! La

mía es como un niño que está todavía en la cuna.

CUESTA (_con tristeza_). La mía es vieja, memoriosa. Me repite, me

señala sin cesar los errores graves de mi vida.

ELECTRA. ¡Usted... errores graves, usted tan bueno!

CUESTA. Sí, sí: bueno, bueno... y pecador... En fin, dejemos los errores

y vamos a sus consecuencias. Yo no quiero, no, que usted viva

desamparada. Usted no posee bienes de fortuna. Es dudoso que la

protección de Urbano y Evarista sea constante. ¿Cómo he de consentir yo

que se encuentre usted pobre y desvalida el día[30] de mañana?

ELECTRA (_con penosa lucha entre su conocimiento y su inocencia_). No sé

si lo entiendo... no sé si debo entenderlo.

CUESTA. Lo más delicado será que lo entienda sin decírmelo, y que

acepte mi protección sin darme las gracias. Juntos van el deber mío y el

derecho de usted. Gracias a mí, Electra, no se verá roto el hilo que une

a cada criatura con las criaturas que fueron, y con las que aún viven...

Y si hoy me determino a plantear esta cuestión, es porque... porque hace

tiempo que me asedia el temor de las muertes repentinas. Mi padre y mi

hermano murieron como heridos del rayo. La lesión cardiaca, destructora

de la familia, ya la tengo aquí (_Señalando al corazón_): es un triste

reloj que me cuenta las horas, los días... No puedo aplazar esto. No me

sorprenda la muerte dejando a esta preciosa existencia sin amparo. No

puedo, no debo esperar... Concluyo, hija mía, manifestando a usted que

tenga por asegurado un bienestar modesto...

ELECTRA. ¡Un bienestar modesto... yo...!

CUESTA. Lo suficiente para vivir con independencia decorosa...

ELECTRA (_confusa_). ¿Y yo... qué méritos tengo para...? Perdone

usted... No acabo de convencerme... de...

CUESTA. Ya vendrá, ya vendrá el convencimiento...

ELECTRA. ¿Y por qué no habla usted de ese asunto a mis tíos...?

CUESTA (_preocupado_). Porque... A su tiempo se les dirá. Por de pronto,

sólo usted debe saber mi resolución.

ELECTRA. Pero...

CUESTA (_con emoción, levantándose_). Y ahora, Electra, ¿querrá usted a

este pobre enfermo, que tiene los días contados?

ELECTRA. Sí... ¡Es tan fácil para mí querer! Pero no hable usted de

morirse, Don Leonardo.

CUESTA. Me consuela mucho saber que usted me llorará.

ELECTRA. No me haga usted llorar desde ahora...

CUESTA (_apresurando su partida para vencer su emoción_). Adiós, hija

mía.

ELECTRA. Adiós... (_Reteniéndole._) ¿Y qué nombre debo darle?

CUESTA. El de amigo no más. Adiós. (_Arrancándose a partir. Sale por el

foro. Electra le sigue con la mirada hasta que desaparece._)

Electra · 第 39 / 170 题