MARQUÉS. Y en nuestro testamento se lo dejamos todo, menos la parte que
destinamos a ciertas obligaciones y a la parentela pobre...
DON URBANO. Muy bien... Pero, según mis noticias, no estuvo usted muy
conforme, años ha, con que Virginia tuviera piedad tan dispendiosa.
MARQUÉS. Es cierto. Pero al fin me catequizó. Suyo soy en cuerpo y alma.
Me ha convertido, me ha regenerado.
DON URBANO. Como a mí mi Evarista.
MARQUÉS. Por conservar la paz del matrimonio, empecé a contemporizar, a
ceder, y cediendo y contemporizando, he llegado a esta situación. No me
pesa, no. Hoy vivo en una placidez beatífica, curado de mis antiguas
mañas. He llegado a convencerme de que Virginia no sólo salvará su alma,
sino también la mía.
DON URBANO. Como yo... Que me salve.
MARQUÉS. Cierto que no tenemos iniciativa para nada.
DON URBANO. Para nada, querido Marqués.
MARQUÉS. Que a las veces, hasta el respirar nos está vedado.
DON URBANO. Vedada la respiración...
MARQUÉS. Pero vivimos tranquilamente.
DON URBANO. Servimos a Dios sin ningún esfuerzo...
MARQUÉS. Nuestras benditas esposas van delante de nosotros por el camino
de la gloriosa eternidad y... Descuide usted, que no nos dejarán atrás.
DON URBANO. Cierto.
EVARISTA. ¿Urbano?
DON URBANO (_acudiendo presuroso_). ¿Qué?
EVARISTA. Ponte a las órdenes de Cuesta para la liquidación, y para la
entrega a los Padres...