CUESTA (_corrigiendo los apuntes_). ¡Ah! sí, había un error. A los[11]
de Yuste corresponden... un millón seiscientas mil pesetas. Al Marqués
de Ronda, doscientas veintidós mil. Hay que descontar las doce mil y
pico, equivalentes a los nueve mil francos...
(_Entra Patros con vasos de agua, azucarillos, coñac. Aguarda un momento
a que Cuesta termine sus cálculos._)
PATROS. ¿Lo dejo aquí, Don Leonardo?
CUESTA. Déjalo y aguarda un instante... Un millón ochocientos... con los
seiscientos diez... hacen... Ya está claro. Bueno, bueno... Con que,
Patros... (_Echa mano al bolsillo, saca dinero y se lo da._)
PATROS. Señor, muchas gracias.
CUESTA. Con esto te digo que espero de ti un favor.
PATROS. Usted dirá, Don Leonardo.
CUESTA. Pues... (_revolviendo el azucarillo_). Verás...
PATROS. ¿No pone coñac? Si viene sofocado, el agua sola puede hacerle
daño.
CUESTA. Sí: pon un poquito... Pues quisiera yo... no vayas a tomarlo a
mala parte... quisiera yo hablar un ratito a solas con la señorita
Electra. Conociéndome como me conoces, comprenderás que mi objeto es de
los más puros, de los más honrados. Digo esto para quitarte todo
escrúpulo... (_Recoge sus papeles._) Antes que alguien venga, ¿puedes
decirme qué ocasión, qué sitio son los más apropiados...?
PATROS. ¿Para decir cuatro palabritas a la señorita Electra?
(_Meditando._) Ello ha de ser cuando los señores despachan con el
apoderado... Yo estaré a la mira...
CUESTA. Si pudiera ser hoy, mejor.
PATROS. El señor ¿vuelve luego?
CUESTA. Volveré, y con disimulo me adviertes...