CONTRA LOS VICIOS DE LA CORTE

(Artículo enteramente nuestro)

«... Á nadie se ofenderá, á lo menos á

sabiendas; de nadie bosquejaremos retratos;

si algunas _caricaturas_ por casualidad

se pareciesen á alguien, en lugar de

corregir nosotros el retrato, aconsejamos

al original que se corrija; en su mano

estará, pues, que deje de parecérsele».

_Pobrecito Hablador_, núm. 1.º.

_Dos palabras_

Déjame, Andrés, que de la corte huyendo,

De tantos vicios hórridos me aleje,

Como en mi patria mísera estoy viendo;

Ni te asombre que, al tiempo que los deje,

Ya que enmendarlos mi razón no pueda,

En sátiras amargas los moteje.

Tú en hora buena contemplarlos queda,

Tú, á quien fortuna próspera ó contraria

Salir de entre ellos para siempre veda.

Viva en la corte el que sin renta diaria

Triunfa y pelecha, y sin saber por dónde

Fija la rueda de la suerte varia.

Mírale andar en coche como un conde;

La bolsa llena de oro, y por su oficio

Pregúntale por ver si te responde.

Pues ése es jugador; noble ejercicio;

Tiene en el _candelero_ que sustenta,

Sino un condado real, un beneficio.

Y son las heredades con que cuenta,

Y aquí vive el _amarre_ y el _pegote_,

Y su casa y su honor que pone en venta.

¿Ves aquel otro erguido de cogote,

Que también opulento y sin empleo

Sabe existir? pues ése es un pegote.

Sin ése nunca hay boda, ni bateo,

Ni hay _ambigú_, ni baile, ni banquete,

Ni hay partida de caza ó de recreo.

Al que encuentra en la calle le arremete,

Y le pide, y le hostiga, y á que al cabo

Le convide á comer le compromete.

Y no pienses hartarle con un pavo,

Porque es un sabañón, aunque un poema

Te recite al comer de cabo á rabo.

Que aun esa gracia tiene; pues no hay flema

Que aguante los sonetos que te encaja

Entre uno y otro canjilón de crema.

De todo habla incansable, y corta y raja,

Lanzando un epígrama á cada uno,

Pues no siendo sus versos, todo es paja.

¿Quién es aquél que ayer aun hecho un tuno,

Roto paseaba y andrajoso el Prado,

Y hoy no saluda en zancos á ninguno?

¡Pardiez que sé quién es! un hombre honrado

Que de prisa y corriendo con la moza

Se casó de un señor encopetado.

Á quien, en vez de darle una coroza,

Un destino le dieron, y se mama

Dos mil duros, y gajes, y carroza.

Y el muy desvergonzado se nos llama

Padre de un hijo que nació á seis meses

De haber casado con la honesta dama.

Llega; háblale de honor; con los Meneses

Se dice emparentado y los Quincoces,

Y segundo de casa de Marqueses.

Soy un hombre de honor, diráte á voces,

Que está de vanidad que ya revienta

El muy... mas tú ya, Andrés, bien le conoces.

¿Ves aquél otro que en el landó se ostenta,

Con lentes, cadenas, y traílla

De galgos por detrás, palco, y la renta

Gasta de un rey, causando maravilla?

Pues ése debe el _frac_ que lleva puesto,

Y el _sobre-todo_, á un sastre de esta villa,

Y el caballo al chalán, la casa á Ernesto,

La comida en la fonda, y cien sorbetes

En el café, y cigarros por supuesto.

Y al paso que en la cárcel mil pobretes

Por un duro se mueren de ictericia,

Ése pasea libre de corchetes;

Porque es conde y señor, y aunque desquicia

Con su vivir el orden, insolente

De las leyes se burla y la justicia.

¿Quién es aquélla que anda entre la gente,

Abrumada de encajes y diamantes,

Que parece sultana del Oriente?

Ésa es moza de prendas relevantes;

Un intendente, aunque la ves soltera,

Sostiene á la maldita y sus amantes.

Su madre, que la adiestra, hedionda, fiera,

Vieja, pintada y con postizo, á infame

Precio vendió su doncellez primera.

¡Y es posible! ¡qué horror! ¿no hay quien la llame

Por las calles á voces... _torpe_ y _bruja_,

Ni hay galera en Madrid que la reclame?

¿Y no quieres, Andrés, que brama y cruja

El látigo tendido en la cloaca

Que á Sodoma y Gomorra sobrepuja?

Pues no llueve flamígera y opaca

Rayos aquí una nube tronadora,

¿Querrás que yo no aplique mi triaca?

¿Quién es aquella cara que enamora,

Con el gesto mirlado, rubio el pelo,

Ceñido el talle y dengues de señora?

¿Es hombre ó es mujer? Pisando el suelo

Con ademán pulido, barbilucio,

Gayado de colores el pañuelo,

En afeites envuelto, ¿ese tan lucio,

Tan vestido y compuesto, es algún dije

Que del país nos vino de Confucio?

Pues aquese es un hombre; un año exige

Su tocado al espejo; á ese bonito

Le ampara protector, si es que nos rige

La voz pública, Andrés, un... pero ¡chito!

Huye conmigo, Andrés; antes nos vamos,

Que trague tanto crimen el Cocito.

¿Qué haremos por acá los que ignoramos

El fraude, y la lisonja, y la mentira,

Y los que por orgullo no adulamos?

Vibrar no sé para adular mi lira,

Ni aguantar supe nunca humillaciones;

La voz entonces de mi labio espira.

¿Qué suerte haré yo aquí con mis renglones,

Yo que el humo jamás echo á ninguno

Del incienso vertido en mis borrones?

¿Yo que no tengo el diálogo oportuno

De Inarco, ni su sal para la escena,

Ni el aura injusta y popular de alguno?

Aunque haga una comedia mala ó buena,

Si no entiendo del teatro las intrigas,

¿Cuándo á pública luz saldrá mi vena?

Si no tengo allá dentro un par de amigas,

Y no adulo el cortejo que las paga,

Serán de mis comedias enemigas.

¿He de alabar á un necio que se traga

Como agua la alabanza no adquirida,

Aunque el papel destroce ó lo deshaga?

¿Ó he de sufrir, en fin, cuando aplaudida

Mi comedia enriquezca el escenario,

Que mil reales me den? No, no por mi vida.

¿Pido limosna acaso, ó perdulario

Coplero soy de esquina por ventura?

¿Y eso ha de producirme el incensario,

Y el quemarme las cejas? ¡Qué locura!

Cómanse con el resto ese dinero,

Ó al hospital lo den para una cura.

¡No hay vates! gritarán, ¡en lastimero

Estado el teatro está!... Díme, ¿los vates

Se mantienen de versos, majadero?

¿Ó no hay más que zurcir seis disparates

Para granjear aplauso? ¿hacer escenas

Tan fácil es como decir dislates?

¿Y quién protege las comedias buenas?

¿Los señores acaso? ¿El...? ¡Vive el cielo!

¡Y las oyen tal vez á duras penas!

Mal haya para siempre el torpe suelo

Donde el pícaro sólo hace fortuna;

Donde vive el honrado en desconsuelo;

Donde es culpa el saber; donde importuna

La ciencia, y donde el genio perseguido

Ahogados mueren en su propia cuna;

Donde no es otro mérito atendido

Que el oro; donde al mísero atropella

El coche de un bribón vano y henchido;

Donde en millones nada, por su estrella,

Quien al pueblo los roba desangrado

En un destino que le dió una bella;

Donde al ciento por ciento da prestado,

Sin que nadie lo mate, un usurero,

Y vive rico, alegre y respetado;

Donde el abate, aquel farandulero,

Que mudó de opinión cual de camisa,

Lleva su moza al Prado de bracero;

Donde marcha la faz bañada en risa,

El crimen descarado; alta la frente,

Corrompiendo el terreno por do pisa...

¿Y esto es vivir, Andrés? ¿Y entre esta gente

Me invitas á quedarme? ¿Por qué indicio

Pudiste sospechar que esté demente?

Viva aquí el abogado que en su oficio

Hace blanco lo negro, y que defiende

La virtud ofendida como el vicio.

Y el médico aquí viva, que se entiende

Con algún boticario, y nos receta

Drogas que á medias con aquél nos vende.

Mas yo, que soy un mísero poeta,

Antes que por decir verdades claras

En un encierro un alguacil me meta,

Y me cuesten mis sátiras más caras,

Ó en el hospicio muera miserable,

Quiero de riesgo huir doscientas varas:

Que ni es lícito hablar, donde intratable.

Pone á la lengua mordaza el miedo,

Y ¡ay del primero que rompiéndola hable!

Á Dios te queda, Andrés, que ya no puedo

Tanta bilis sufrir, ni tanta ira,

Y ¡ay de mí, triste, si á verterla quedo!

Que si Apolo su fuego no me inspira

Para hacer buenos versos contra el vicio,

Sabrá mi indignación templar mi lira.

Y mientras que huyo el riesgo á su ejercicio

Viva en la corte el que aguantarle sabe,

Y el que de embrollos gusta y de bullicio,

Viva en la corte, y que la corte alabe.

_El bachiller don Juan Pérez de Munguía_

[Ilustración]

Obras completas de Fígaro, Tomo 1 · 第 57 / 121 题