EPÍLOGO

Lector que, risueño ó adusto has recorrido con interés ó desgano,

estas páginas aparentemente superficiales ¿sabes á qué espectáculo

hemos asistido juntos sin saberlo? ¡Pues nada menos que á las primeras

palpitaciones de una democracia en gestación y á los primeros

desperezamientos de una gran ciudad en la cuna!... ¡Así, como lo oyes!

Ríete si quieres, y harás bien, porque siempre es bueno reirse de la

verdad. Pues, sí, señor: democracia, gran ciudad, etc...

Nosotros mismos no lo sospechábamos siquiera, y no es la perspicacia

sino el tiempo quien nos abre los ojos. Muchos años, en efecto,

van corridos desde los sucesos narrados en la crónica que cerramos

provisionalmente con estas líneas. En ese lapso las cosas han cambiado,

Pago Chico es Pago Grande, el villorrio es un fuerte núcleo de

población, con afirmados, tranvías, luz eléctrica, obras sanitarias;

su comercio gira millones, su industria crece y prospera, su fuerza

vegetativa y progresiva es colosal; en política también se ha dado un

largo paso hacia adelante, y aunque esté muy lejos aún el ideal, algo

se ha ganado en cuanto al juego de las instituciones, y hasta parece

haberse ganado mucho, pues ya no se estilan los burdos medios de

gobernar que burla burlando hemos puesto de relieve. Y ya se sabe que

la hipocresía es tácito homenaje del vicio á la virtud.

Esto nació de aquello. Parece imposible, pero es así. El impulso que

lleva nuestro país es admirable de fuerza y de velocidad, pese á los

sucesivos descarrilamientos que amenazaban dar con todo al traste.

Quien se detenga hoy en Pago Chico, jurará que lo hemos calumniado, ó

que lo pintamos en remotísimos tiempos,--allá en la edad de la piedra

labrada ó del hueso roído--aunque su historia es casi una actualidad,

algo fiambre si se quiere, pero en modo alguno vetusta.

Más todavía: alejémonos unas cuantas leguas, y la actualidad palpitante

renacerá de sus cenizas. Pago Chico se ha retirado un poco más, como

se retiraba antiguamente la línea de fronteras,--he ahí todo. Y como,

más por azar que por cálculo, hemos olvidado hasta ahora determinar

la exacta ubicación del pueblo, puede el lector situarlo más al oeste

del meridiano quinto ó más al sur del Río Negro, con cuya sencillísima

operación tendrá á la minuta un verdadero «plato del día». Y ni aun es

menester que vaya mentalmente tan lejos, pues rincones hay todavía, muy

próximos á la misma capital, donde continúa á más y mejor cociéndose

habas, en forma parecida por lo menos.

En fin, risueño ó adusto lector, sólo queremos agregar pocas palabras,

para repetirte que este volumen no se te presenta como la crónica

completa de la era inicial pagochiquense, sino como una simple

colección de documentos que forman parte de ella--parte pequeña por

lo demás,--y hecha voluntariamente al acaso, sin plan previo, para

que de su misma aparente inconexión resulte, si lo puede por sí

misma, una especie de unidad, aquel «lírico desorden» que aconsejan

los preceptistas en cierta clase de obras, para suspender el ánimo y

conmoverlo con inesperadas imágenes, acciones ó ideas...

Quiere esto decir que aún quedan disponibles cajas y legajos de

documentos y notas atinentes á la vida política, intelectual, social,

moral etc., de Pago Chico,--y en primísimo lugar cuanto á las damas y

al amor, con sus enredadas marañas se refiere,--destinados á la polilla

y el polvo del olvido, si la muestra presente no despierta el interés y

la atención que nos atrevemos á esperar.

Haz, lector, una seña, y verás cómo nos apresuramos á convertir en

Prólogo de otro volumen, este Epílogo que--en tal expectación--no

relata sucintamente como era uso en tiempos de ingenuidad y bonhomía

literarias, qué «se ficieron» todos los personajes de la obra y los

hijos de sus hijos. Tal metamorfosis nos alegraría, y no por el éxito

que pudiera significar--créasenos aunque no parezca cierto,--sino

porque al separarnos de estas páginas, en las que hay más verdadera

melancolía que despreocupado buen humor, sentimos algo como si huyera

un minuto que desearíamos repetir, como si se nos marchara otro poquito

de juventud,--toda ésa que se revive al relatar la que fué, ésa que á

tantos ancianos ha hecho escribir sus recuerdos, ésa que obligará á

Silvestre á redactar in extenso sus memorias, en cuanto no tenga otra

ficción de trabajo con qué entretener los nervios bailarines.

Y, con esto, hasta luego, no sea que habiendo logrado, como cabe, hacer

un libro entretenido, lo echemos á perder ahora con una intolerable

lata.

Pago Chico · 第 60 / 60 题