DEL COMENDADOR REQUESENS,
EN 22 DE JUNIO DE 1574, DESDE AMBÉRES.
Muy magnífico señor: Ayer tarde me dió el alférez de v. m. su carta de
18 de éste, y ántes habia recibido la de 13, y á entrambas responderé
en ésta, y comenzando por lo que v. m. dice de la necesidad que pasa su
regimiento y lo que desea que se le tome muestra y dé algunas pagas,
ó que se despida, y lo que v. m. discurre sobre el trabajo que ha
pasado y servicios que ha hecho, digo que de éstos y de las partes que
concurren en la persona de v. m., tengo yo tan particular relacion, que
me ha obligado á escribillo más de una vez á su Majestad despues que
estoy en este Gobierno, y á desear ocasiones en que mostrar á v. m.
la satisfaccion que de ello tengo. Pero las que se me han ofrecido en
las necesidades de por acá han sido de manera que no puedo remediar,
como deseo, las de todas partes, y á ningunas se ha acudido primero
que á las de Holanda, porque soy seguro que en siete meses que há que
yo estoy en este Gobierno, se han inviado sólo á ella más de 700.000
florines, y los 200.000, ó muy pocos ménos, han sido desde fin de Abril
hasta mediado Junio; y el repartimiento de ellos ha ido de acá conforme
á las relaciones que han dado los contadores, porque yo no puedo ver
tan particularmente las cuentas como querria, y de que de su yerro haya
alcanzado parte al regimiento de v. m., me pesa á mí mucho. Pero creo
que de las baxas que habrá habido en otras cosas, para que iban las
relaciones muy largas, se pudiera haber suplido algo de eso, como yo lo
he escrito al Conde de la Rocha y contador Alameda. Quien supiere que
se pagó á los amotinados mucho más de lo que se les debia, está claro
que le ha de parecer que es más justo, como en efecto lo sería, que se
haga lo mismo con los que no se amotinaron, y ninguna cosa deseo yo
tanto como podello hacer así. Pero el mismo motin, de que han nacido
mayores inconvenientes aún de los que allá se pueden representar, me
ha imposibilitado á todo lo demas, y me forzó, habiéndose apoderado
de Ambéres y del dinero, y por consiguiente, de todos los estados, á
redimir aquella vexacion como pude, y ésta es materia más larga de la
que se puede discurrir en carta; basta decir que del trabajo en que
agora estamos y de todos los que hubiere en estos Estados, son causa
los que se amotinaron, y que fué fuerza pagalles y perdonalles, y lo es
tambien cumplilles la palabra, pues se les dió, si bien la culpa es la
mayor, que no digo españoles, pero gente de ninguna nacion tuvo jamas á
su Príncipe.
Yo no vine á este Gobierno por mi voluntad, sino habiéndome hecho el
Rey, nuestro señor, fuerza despues de habello rehusado más de un año,
que muy bien supe cuán mayor carga tomaba de la que nadie podia llevar,
segun en el término que hallé las cosas de aquí. Pero sabiendo esto,
vine porque no pude excusar de obedecer como quiera á mi Príncipe
y señor natural, despues de habelle representado muchas veces los
inconvenientes que en esto habia.
Hallé tantos millones de deuda en estos Estados, y tantos de costa
ordinaria, y tan poca ayuda en ellos, que con haber hecho el Rey,
nuestro señor, muy largas provisiones, no han bastado, y este motin y
el exemplo que de él han tomado las otras naciones para hacer lo mismo,
y otras cosas que por nuestros pecados han sucedido, me han puesto en
tan extrema necesidad, que no puedo acudir á todas, como querria; si
bien hago todas las diligencias que humanamente puedo, y Dios sabe la
afliccion que tengo de que éstas no aprovechen.
Por tener á v. m. en la estimacion que al principio dije, he querido
decille todo esto, y aseguralle que deseo remediar las necesidades de
su persona y regimiento, y que cuando no se hiciere, entienda que es
por no poder más, y que los que nacieron con la obligacion que v. m.,
me han de ayudar á llevar esta carga y trabajo, que si bien estoy en el
mayor que nunca hombre estuvo por faltarme dinero para todo, se ha de
esperar en Dios que, como en causa suya, ha de abrir el camino para el
remedio por donde no pensamos; como le habia abierto con la rota del
conde Ludovico, si no lo atajáran nuestros españoles con su motin, que
no sólo me hicieron perder el tiempo, pero todos los medios que para
ello habia, de que Dios sea bendito.
Pesóme en extremo del subceso que hubo en el Waterlant, y que le
cupiese tanta parte del daño á la gente de v. m., y quisiera que el
Conde de la Rocha le hubiera dejado más ingleses para rescatallos,
porque cuando yo le dí órden que los inviase, no sabía lo que allá
subcedió y tenía fin por ciertos justos respetos de inviallos á
Inglaterra, y no se podrá hacer agora lo uno ni lo otro, porque no me
han avisado qué número de ellos ni en qué forma han llegado adonde se
habian de traer. Pero cuando v. m. haya sacado su gente, será muy bien
que de todos los que se tomaren de los enemigos, se haga lo mismo que
ellos hicieron de nuestros alemanes; y el no haber hecho yo cortar la
cabeza á Aldegonda y á otros prisioneros, ha sido por respeto del Conde
de Bossú, cuya libertad deseo todo lo posible, y holgaré que se trate
la de su primo y del capitan Corcuera y otros caballeros que están
con él, en trueque de los prisioneros de Harlem, aunque no entiendo
si v. m. dice de las cabezas de los ingleses que agora se tomaron,
ó de los burgomaestres y otros que están presos desde que se tomó
aquella villa, parte de los cuales habia yo ofrecido dias há por un
burgomaestre de Medialburgo, como lo verá v. m. por las copias de las
cartas que aquí van en frances, las cuales se inviaron á Medialburgo
y nunca ha habido respuesta, ántes dicen que tienen apretado al dicho
burgomaestre. Pero puédese tratar de los otros que quedan en Harlem y
avisarme v. m. cuando estuviere concertado para que se dé la órden que
convenga, de manera que no sea contraria á la que se dió por los de
Medialburgo; y volviendo á lo del Conde de Bossú, yo no sé que pueda
hacer por mi parte más que lo que ofrecí seis meses há á su hermano de
dar por él á Aldegonda y á cuantos otros presos tuviese, y habiéndolo
inviado á tratar el dicho su hermano con el Príncipe de Orange, me dixo
que le habia desengañado que no lo daria sino por el Conde de Biera,
ó por cuatrocientos mil escudos, que lo uno y lo otro es tan gran
disparate como se dexa considerar, y en que yo no puedo hacer nada, y
holgaré mucho de que venga acá el mayordomo del dicho Conde de Bossú,
y que entre tanto vaya allá en prendas por él uno de los presos de
Harlem, y al Conde de la Rocha he escripto que haga en esto lo que v.
m. le pidiere. Si se puede haber dinero nos sobra gente, y se podrá
inviar ahí la que fuere menester para ocupar de nuevo el Waterlant, y
aunque los vecinos de él merecen que se les haga todo el mal que v.
m. dice, conviene, si algunos se redujesen, regalallos para ejemplo
de los demas, porque es imposible con sola la fuerza sostener toda la
tierra, y habiéndose publicado el perdon, conviene que cada uno, por
su parte, procure de persuadir á esa probe gente que se aprovechen de
tan gran merced como el Papa y su Majestad les hacen, y que con el
buen tratamiento que á los unos se hiciere, se aseguran los demas.
Las urcas que se escaparon de España y han llegado ahí y á Zelanda,
habrán hecho gran daño á la venida de nuestra armada, y han sucedido
tantos inconvinientes para ésta, que me tienen con gran cuidado, como
lo son, entre otros muchos, haber quitado las torres y señales para las
honduras y navegacion, y no haber en toda esa provincia puerto seguro,
y lo que v. m. dice del de Hemdem, es de mucha consideracion, así por
la que siempre se ha tenido de no romper con ningun príncipe libre del
imperio por muchas ocasiones que ellos nos den, como porque no sé si
sería fácil el poder nuestra armada tomar el dicho puerto y villa de
Hemdem, luégo en llegando, con sola la gente que trae; todavía sin que
lo entienda nadie, me invie v. m. una muy particular relacion de la
calidad y fuerza de aquella villa y puerto y de cualquier otro de que
en esa provincia le parece que nuestra armada se podia aprovechar, y
en fin, de los efectos que le pareciere que con ella se pueden hacer,
así en Holanda como en Zelanda y en cualquier otra parte, presupuesto
los estorbos que en todas hay, que aunque yo tengo de esto diversas
relaciones, holgaré mucho de tenella de v. m., como de persona que
tiene tanta experiencia de estos Estados y tanto celo al servicio de
su Majestad, y que no habrá dexado despues que está en Holanda de
platicallo con marineros, aunque, como he dicho, ha de ser todo con
gran recatamiento, mayormente lo de Hemdem, que nadie ha de entender
que se ha pensado en ello.
Bien creo que de los pasaportes que da el Conde de la Rocha, deben de
nacer inconvinientes, aunque sin culpa suya, sino de sus oficiales. V.
m. tendrá, por su parte, la mano para que se excuse sin que se pueda
entender que no se obedece lo que el Conde ordena, que yo le escribo
para que de aquí en adelante no se den sin muy gran causa. Guarde, etc.