Aquí, divino Febo, emplea tu lira,
Pues la que con razon agradó tanto
Al primer Maño por su excelso canto,
Temiera empresa tal que al mundo admira.
Oh, ya padre dulcísimo me inspira
El aliento y furor que baste á cuanto
Piden los hechos, que terror y llanto
Dieron al Frisio hereje que áun suspira.
Dirásme que la fama es quien pregona
(A pesar de la invidia detestable)
El nombre de Verdugo en todo el suelo.
Que por su gran valor al memorable
Defensor de la Iglesia, dió ya el cielo
¡Oh máximo varon! doble corona.