D. A. AL LECTOR.

Siempre acompaña á la virtud la invidia: y así, prudente lector, dixo

bien aquel sabio, que la miseria sola podia estar en el mundo segura

y sin temor de invidia, considerando los innumerables inconvenientes

que por ella suceden, y los daños en que han incurrido tantos ilustres

varones. Que siempre los que son dotados de singulares virtudes

están más sujetos á la emulacion y calumnias, por las cuales, el

que ha vivido haciendo su deber, viene muchas veces á padecer en su

reputacion, ántes á ser mal visto que bien galardonado; y al contrario,

recibir las mercedes y gracias los que no las han merecido sino por ser

finos cortesanos, ántes ecos y camaleones, que toman los colores y

humores de los príncipes á quien siguen para hacer mejor lo que desean.

Por esto dixo Séneca que lo que falta á aquellos, á quien parece que lo

tienen todo, es la verdad. Y así me atrevo á decir que esta perniciosa

especie de hombres es la que los engaña con la vana adulacion, por no

tener cerca de sus personas otras que fiel y libremente los digan las

verdades; ántes quien los hace caer en notables faltas con sus malicias

é invenciones, dilatándolas con la agua maldita de córte, hasta esta

bestia popular que fácilmente se mueve y cree á ciegas lo que refiere

una pestilencial boca contra cualquiera persona por aprobada que sea,

habiéndolo impíamente reforzado con estas ó semejantes palabras: puede

ser lo contrario, pero al fin no hay fuego sin humo. ¡Oh infernal,

oh fuerte persuasion! ¿Es posible que baste una venenosa lengua á

lacerar la reputacion de un personaje puro y justo? ¿Puede ser

mayor liviandad que creer sin bastante causa lo que falsamente se le

imputa? debiendo, por razon divina y humana, cuando en ausencia se oyó

calumniar á alguno, creer ántes lo contrario, mayormente si es persona

que ha probado bien su valor. Siendo cosa cierta que como la sciencia

no tiene mayor enemigo que el ignorante, el rico que el pobre, la

virtud que el vicioso, así el hombre valeroso tiene siempre contra sí

el roedor gusano de la invidia, que no atiende ni entiende, sino en

macular á los que por sus virtudes son dignos de la célebre fama que

han alcanzado. Mas á mi parecer, no debemos culpar á estos abominables

Proteos, tanto como á los que (con su notable daño) los entretienen

sin duda por persuadirles haber en sus personas más cualidades de las

que con verdad alcanzan, con que los desvanecen y hacen que se estimen

por dignos de la gloria que los pulpos que se les pegan les atribuyen;

deseo saber de los tales señores si hubiesen de decir lo que de sí

piensan, responderian lo que Theodoro á Stilpon cuando le preguntó si

creia ser el que algunos le daban á entender, y habiendo respondido

por señas que sí, tú eres luégo un Dios, dixo Stilpon; y consintiendo

como ántes, Stilpon se puso á reir, diciendo: ¡oh! cómo eres gran

loco, pues por la mesma razon confesarias ser una corneja. Mas cuán al

contrario proceden los doblados aduladores, que para representar mejor

su tragicomedia encantan á quien dan lo negro por blanco, poniendo

mil lazos, para no dexar cosa que no abarquen. ¡Oh, si los príncipes

los alexasen de sus córtes, imitando al emperador Alexandro Severo,

el cual, habiendo entendido que Turino, su gran privado, le engañaba,

le hizo quemar vivo en una pública plaza! Sin duda que no se hubiera

acudido tan lentamente por falsos reportes á las necesidades de Frisa,

dexando á punto quemar la propia casa por apagar el fuego de la ajena:

interrumpiendo con débil correspondencia las buenas ocasiones que se

ofrecian. Y con ser esto así, la malicia de algunos llegó á tanto

extremo que pretendieron cargar la pérdida de aquel Estado á quien con

tanto trabajo le entretuvo catorce años, opuesto siempre á las grandes

fuerzas del enemigo, como parece en este puntual discurso, que para su

justificacion escribió el coronel Francisco Verdugo. Dexando los no

ménos notorios y señalados servicios que ántes habia hecho, comenzando

del tiempo que Madama de Parma la primera vez gobernaba los Estados de

Flándres, cuando á 4 de Julio del año de 1566, en Anvers, los herejes

dieron principio al rompimiento de las imágenes, sembrando con prédicas

sus enormes errores, que hallándose entretenido en la córte de S. A.,

la suplicó le diese licencia para emplear su persona en tal ocasion,

levantándose gente para extirpar la sediciosa, y concediéndosela por

no haber entónces milicia española, salió capitan en un regimiento

de valones del coronel Cristóbal de Mondragon, ántes de la llegada á

los Estados, del memorable Duque de Alba, el cual entró en Brusélas á

22 de Agosto de 1567, continuando con eminentes cargos con todos los

demas que en aquel gobierno sucedieron, hasta que el Conde de Fuentes,

que gobernaba los Estados por muerte del Archiduque Ernesto, le invió

á llamar á Luxemburg, donde tenía su casa, para decirle que S. M.

mandaba que le fuese á servir en el exército que tenía en Francia,

por haber de acudir el Condestable de Castilla, general de él, á su

gobierno de Milan. Y no hubo llegado á la Córte, cuando se entendió

que el Duque de Bullon habia entrado impensadamente en el Estado de

Luxemburg con gran número de caballería é infantería, y tomado tres

villas importantes de aquel país. Y habiéndose de acudir á atajar su

desiño, el Conde ordenó al Coronel que con la poca gente que pudo darle

fuese á remediar la invasion y el daño que se temia, y él lo hizo con

tanto valor y presteza, que recobrando en breve tiempo las plazas, hizo

retirar al frances con gran pérdida de su gente, y en venganza del daño

que habia hecho, se le entró por la frontera de Francia, arruinando

cuantos casales y castillos habia hasta las puertas de Sedan. Y con

esta victoria, habiendo encaminado la gente á Xatelet, que el Conde en

persona tenía sitiado, se retiró á su casa á prevenirse para el viaje

que habia de hacer. Donde le sobrevino la enfermedad con que dió fin á

los trabajos de la vida, año de 1597, y de su edad 61, sin haber hecho

en toda ella más diligencia, para alcanzar premio de sus servicios,

que obligar á S. M., perseverando 31 años continuos sin haber hecho

ausencia, á hacerle las mercedes que nunca llegaron por causa de quien

corta todas las humanas pretensiones y grandezas. Pero no podrá impedir

la memoria de las preclaras obras que verás, prudente lector, en tan

varios accidentes guiados por él con singular prudencia, consejo,

resolucion, trabajo, sufrimiento y paciencia admirable. Dios te guarde.

Comentario del coronel Francisco Verdugo, de la guerra de Frisia, en xiv años que fue gobernador y capitan general de aquel estado y ejercito por el rey don Felipe II, nuestro señor · 第 14 / 44 题