ADVERTENCIA PRELIMINAR.

Hasta tal punto era desconocida de casi todos nuestros bibliógrafos

la obra que publicamos hoy en nuestra coleccion, que uno de los

más distinguidos, el colector de los _Historiadores de Sucesos

particulares_[1], se lamentaba de que quizá se hubiesen perdido por

completo las Relaciones que manuscritas dejó el coronel Verdugo

sobre la guerra de Frisia, y sólo hubiese llegado hasta nosotros la

traduccion que en italiano publicó Fracheta[2], libro tambien muy

raro, y el solo conocido ademas de la obra manuscrita que se conservaba

en alguna que otra biblioteca; por fortuna no era así, y debemos al

autor de _La Lena_[3], amigo y servidor de Verdugo, el que la obra de

éste, tal como él mismo la escribió, se publicase en Nápoles, salvando

así del olvido un libro que ciertamente no lo merece. Pero sea por

haberse publicado fuera de España, ó por otras causas que ignoramos,

el hecho es que la obra se habia hecho rarísima, hasta el punto de que

todas nuestras investigaciones desde que tuvimos conocimiento de que

existia, sólo dieron por resultado el de encontrar entre los libros

que componen la rica biblioteca del Marqués de la Romana, hoy del

Ministerio de Fomento, dos ejemplares, uno de ellos, no sólo completo y

bien conservado, sino que ademas reune el mérito de estar encuadernado

perfectamente en Valencia por Vicente Beneito; el otro, aunque

completo, no está en buen estado, y como, segun se nos asegura, falta

alguna hoja al que posee el Sr. Fernandez San Roman, de aquí el que

perdidos ó inutilizados los dos primeros, que nos han servido para esta

reimpresion, hubiera sido imposible reproducir íntegro el libro que hoy

publicamos, á no haber tenido la fortuna de que hubiese aparecido otro

ejemplar, cuya existencia ignoramos.

Hubieramos deseado tener á la vista las Relaciones manuscritas que con

su generosidad acostumbrada nos fueron ofrecidas por su dueño, el Sr.

Don Pascual de Gayángos, pero que estando en poder de otra persona,

no hemos podido ver; sentimos este contratiempo, que, si bien en nada

afecta á la edicion, en la que necesariamente teniamos que seguir el

texto impreso publicado por Velazquez de Velasco, nos priva de dar una

noticia de ellas y de saber si son copia del _Comentario de Verdugo_

ú otra obra distinta; en cambio van como apéndice algunos documentos

que creemos verán con gusto nuestros lectores; son éstos: dos cartas

escritas por Verdugo á los soldados españoles amotinados, del tercio

del Maestre de Campo Francisco Valdés, otras várias dirigidas á él por

D. Luis de Requesens y Zúñiga, Comendador mayor de Castilla, Gobernador

y Capitan general de aquellos Estados, y una noticia de los pueblos de

Holanda en que estaban alojadas nuestras tropas en aquel tiempo: entre

estos documentos se encontraba uno que, áun cuando no tenga relacion

directa con Verdugo ni con lo sucedido en los Países Bajos, nos ha

parecido conveniente publicar; está escrito, al parecer, en Nápoles, y

trátase en él de la mejora de la disciplina de la infantería española,

y como de esto se quejase ya Verdugo en su _Comentario_, no creemos sea

inutil darlo á luz. Todos estos documentos, así como otros muchos de

gran valor é importancia histórica, pertenecen á un amigo nuestro, que

todos los ha puesto á nuestra disposicion, pero cuya excesiva modestia

nos impide revelar su nombre. Tambien acompañan á este volúmen la

reproduccion por medio de la foto-litografia de la portada del libro de

Verdugo, así como de su escudo y emblema, y copia de parte de la carta

inserta en la pág. 272.

Del coronel Francisco Verdugo hay extensas noticias en todos nuestros

escritores y tambien en la mayor parte de los extranjeros que se han

ocupado de las guerras de Flándes[4]; trabajo digno sería de alguno

de nuestros literatos la biografía de uno de nuestros más ilustres

capitanes, que luchando con dos de los mejores generales de su tiempo,

Guillermo el Taciturno y Mauricio de Nassau, contra una poblacion,

en su mayoría protestante, sin dinero, sin tropas suficientes y sin

recursos, mantuvo la dominacion española en las apartadas regiones

de la Frisia; nosotros, sin tiempo y sin competencia para ello, nos

limitarémos á copiar á continuacion lo que de él escribe uno de sus

compañeros de armas[5], que con esto y lo que se contiene en la obra

que publicamos, hay lo bastante para tener una breve noticia de su

vida;—dice así:

Fué el coronel Verdugo, natural de la villa de Talavera de la Reina,

hijo de padres nobles, aunque tan pobre, que en llegando á diez y nueve

años, con las primeras caxas que se tocaron en su patria, que fueron

las del capitan D. Bernardino de Ayala, natural de la dicha villa,

asento su plaza, y siguiendo su bandera, se halló en la presa de San

Quintin, donde empezó á mostrar sus aceros de suerte que mereció ocho

escudos de ventaja, en tiempo que se daban bien limitados. Con estos

buenos principios fué caminando adelante, hasta que madama de Parma,

cuando comenzaron las revueltas de los Estados, le mandó levantar

una compañía de valones en el regimiento del coronel Mondragon, con

lo cual fué descubriendo su valor tan aprisa, que muy presto obligó

á encomendarle todo lo más importante que se ofreció en aquellas

ocasiones. Llegado el Duque de Alba, le halló ya en tanta opinion,

que le nombró por Sargento mayor de todo el exército, cargo que hasta

allí no se habia visto en otro; y tras otros sucesos le mandó que se

encargarse del gobierno de la villa de Harlem, habiéndole nombrado

ántes por coronel de infantería valona; y cuando la pérdida del Conde

de Bosu, le encomendó la armada con título de Almirante. En las

ocasiones que se ofrecieron despues de llegado el Comendador mayor,

se señaló con tantas ventajas, que le obligó á que escribiese al Rey

la carta que hoy tienen sus herederos; en la cual dice que es de los

más aventajados capitanes que ha tenido la nacion española. Y despues

de la muerte del dicho Comendador mayor, se halló con su regimiento

cuando los amotinados de Alost ganaron á Ambéres, y tomó por prisionero

al Conde de Agamont y á un caballero frances que á él solo se quiso

rendir. Desde allí le mandaron ir al castillo de Breda, en los tiempos

más calamitosos que hubo en aquellas provincias hasta la llegada del

Sr. D. Juan, que al momento le envió á llamar, y le mandó ir á la villa

de Tiumbila para que con su regimiento asegurase aquellas fronteras,

hasta que poco ántes de la rota de Jubelurs le sacó, sirviéndose dél en

aquella jornada para que hiciese oficio de Maestro de Campo general,

y aunque tenía la mayor parte de su regimiento en Tiumbila, con la

otra le mandó que se encargase del castillo de Namur: y habiendo

nombrado el Rey por sucesor de su Alteza al Príncipe de Parma, le

escribió una carta en que se echa bien de ver el gran concepto que

hacia de su persona. Asentadas las paces con condicion que saliesen

los extranjeros, y que los que no fuesen naturales de los Estados no

pudiesen tener cargo ni gobierno en ellos, dió su regimiento al Conde

Octavio de Mansfelt, su cuñado, y queriéndole ceder tambien el gobierno

de Tiumbila, su Majestad ni el de Parma ni los mismos Estados no lo

consintieron, con que de allí á poco fué necesario mandarle levantar

nuevo regimiento y golpe de caballería para pasar á Frisa en socorro

de la ciudad de Gruninghen, adonde quedó por Gobernador por muerte del

Conde de Renemberg, y alcanzó las señaladas victorias que no han podido

ofuscar los émulos de nuestra nacion. Heme querido alargar más de lo

que acostumbro en escribir la vida de este capitan excelente, lastimado

del descuido que tantos autores modernos han tenido en publicar sus

cosas, ocupando mucho tiempo y papel en relatar las de otros, algunos

de ellos de todo punto inferiores en valor y fortuna. Tuvo este insigne

caballero elocuecia natural grandísima, y todas las partes que

para ser gran soldado y gran gobernador convenian: y solia decir de

ordinario que habia procurado siempre ser Francisco para los buenos, y

Verdugo para los malos.

Comentario del coronel Francisco Verdugo, de la guerra de Frisia, en xiv años que fue gobernador y capitan general de aquel estado y ejercito por el rey don Felipe II, nuestro señor · 第 10 / 44 题