Las Islas Filipinas, por su grande estension, por su situacion
ventajosa en el centro del mundo comercial de Asia, por su poblacion
considerable, y por la feracidad de su suelo, susceptibles de cuantas
producciones se crian entre uno y otro Trópico, reclaman del Gobierno
de la Metrópoli un sistema ordenado de providencias y reformas,
que al mismo tiempo que arraiguen mas y mas su paz y seguridad
interior, tan indispensables como necesarias á su conservacion,
fomenten su agricultura, industria y comercio hasta aquel grado
eminente de prosperidad á que son llamadas por los muchos elementos
de riqueza que en sí encierran, y á que parece son destinadas por
la Providencia que pródigamente las ha favorecido con tan brillante
situacion y suelo tan feraz.
Animado yo, y deseoso porque fines tan interesantes se realicen, me
he determinado á formar esta pequeña memoria, con el doble objeto de
dar alguna noticia del estado que tenian las Filipinas á mi salida de
ellas, y presentando algunos de los muchos obstáculos que se oponen
al desarrollo de su prosperidad y riqueza, y los medios que pudieran
emplearse para destruirlos, escitar los mayores talentos de otros,
que con mas tiempo para ocuparse de esta importante materia, puedan
mas minuciosamente y con mas precision, estender sus observaciones
sobre el asunto, para influir en el ánimo del ilustrado Gobierno que
hoy rije los destinos de la patria, y proporcionar por este medio las
útiles reformas que el estado de las provincias de Filipinas reclama,
para avanzar en su prosperidad y engrandecimiento.
Por mi parte me ceñiré todo lo posible, para solo el efecto de indicar
cuanto una esperiencia de doce años de residencia en las Islas me
ha enseñado, puede contribuir á establecer el ramo de justicia mas
arreglado que el que se observa, y mejorar la administracion de la
hacienda pública: ramos que deben sufrir grandes reformas á como en
el dia se hallan, y que pueden producir efectos maravillosos y bienes
incalculables, asi á las Islas como á la Metrópoli.
Espero que cuantos se dignen honrarme leyendo mis pobres reflexiones,
me dispensen toda su induljencia por los defectos que notaren,
atendiendo únicamente á ver en mis líneas el deseo laudable de mejoras
en Filipinas en los ramos de que va hecha mencion; y si de estas mal
coordinadas frases resultare algun beneficio ó utilidad en favor de
aquellos paises, con solo esto quedarian premiados con usura los
deseos del que habla, por la satisfaccion de haber contribuido al
logro de tan interesantes objetos en alguna parte, por pequeña que
esta fuese; único premio que anhela por el celo que abriga en su
corazon en tan alto grado como el que mas, por el bien y felicidad
de todos los habitantes de aquellas Islas, á quienes profesa el mas
puro afecto, conserva y conservará siempre las mejores simpatías y
mas gratos recuerdos.