Consideremos las fuentes de conocimiento. Para que nuestro estudio
sea lo más completo posible, conviene recordar: 1.º Los monumentos
históricos precolombinos que se han encontrado en aquellas antiguas
tribus. 2.º Las obras históricas que tratan del descubrimiento,
conquista, colonización, gobierno e independencia de las diferentes
colonias españolas en las Indias.
De los mayas (tribus que se hallaban en México y en la América Central)
se conservan los llamados libros del _Chilan Balam_ (ciencia de los
sacerdotes). Cada uno de estos libros se distingue por el nombre del
pueblo en que se encontró; así se intitulan libro de _Chilan Balam de
Nabula_, de _Chumayel_, de _Mani_, de _Oxkatzcab_ y otros. Brinton cita
hasta 16, y en ellos se registran curiosas e interesantes noticias.
Hállanse algunos adornados con diferentes signos y aun con retratos más
o menos perfectos.
De los quichés de Guatemala, se admira el _Popol Vuch_ (libro
nacional). Encontróse en el pueblo de Santo Tomás de Chichicastessango,
y fué traducido al castellano por el Padre Francisco Ximénez, a
principios del pasado siglo. En el año 1861 el abate Brasseur de
Bourbourg lo vertió al frances, haciendo notar que los dos primeros
libros eran una traducción del Tevamoxtli de los toltecas. «De las
cuatro partes que contiene, las dos primeras se refieren a las ciencias
poseídas por los sabios quichés, y las dos últimas a las tradiciones y
anales de aquellas gentes hasta la conquista por los españoles»[40].
[40] Sentenach, _Ensayo sobre la América Precolombina_, pág.
73. Se ignora el nombre del autor del _Popol Vuch_; pero
se cree que fué escrito quince o veinte años después de la
conquista, por algún individuo de la familia real de quiché.
Además del Popol-Vuch, se encuentra otro documento, traducido por el
citado Brasseur con el título de _Memorial de Tepan-Atilan_, que es un
manuscrito en lengua cakchiquel[41].
[41] Estaba (año 1845) en los Archivos del Gobierno
eclesiástico de Guatemala, y la versión se hizo en 1855.
Pasando por alto el drama titulado _Rabinal Achi_ de los quichés,
la comedia del _Güegüence_ o del _viejo ratón_ (Nicaragua) y el
drama _Ollanta_ de los incas, se pueden considerar los tres códices
quichés-mayas que llevan los nombres de _Dresde_ (porque se conserva
en la Biblioteca Real de dicha ciudad), _Troano_ y _Cortesiano_
(fragmentos de un tercero) que se hallan en el Museo Arqueológico
Nacional[42], y el _Pereziano_, existente en la Biblioteca Nacional de
París[43].
[42] Llámase _Troano_ porque perteneció a D. Juan de Tró,
quien lo vendió al Estado.
[43] Se denomina _Pereziano_ porque su primitivo poseedor fué
un español de apellido Pérez.
[Ilustración: Página del _Códice Cortesiano_.]
Semejantes Códices los encontró el madrileño Gonzalo Fernández de
Oviedo, en Nicaragua, y de ellos hizo la siguiente descripción en
su _Historia natural y general de las Indias, Islas y Tierra Firme
del mar Océano_[44]: «Tenían (los de Nicaragua) libros de pergamino
que hacían de cueros de venados, tan anchos como una mano o más, e
tan luengos como diez o doce passos, e más e menos, que se encogían
e doblaban e resumían en el tamaño e grandeza de una mano por sus
dobleces uno contra otro (a manera de reclamo), y en éstos tenían
pintados sus caracteres o figuras de tinta roja o negra, de tal
manera que _aunque no eran lectura ni escriptura_, significaban e se
entendían por ellos todo lo que querían muy claramente, y en los tales
libros tenían pintados sus términos y heredamientos, e lo que más les
parecía que debía estar figurado, así como los caminos, los ríos, los
montes e boscages e lo demás, para los tiempos de contienda o pleyto
determinarlos por allí, con parecer de los viejos o _güegües_ (que
tanto quiere decir _güegüe_ como viejo).»
[44] Libro XLII, cap. I.--Sevilla, 1535.
En la región del Anahuac debieron existir muchos Códices como los
citados, siendo en mayor número y más notables los de los acolhuas,
cuya corte era Tezcuco. Entre los llamados mejicanos, los hay más
bien de procedencia acolhua que azteca, pudiendo servir como ejemplo
los denominados _Borjiano_, _Vaticano_, de _Viena_, de _Bolonia_,
_Fejervary_, de _Berlín_, _Mixteco_ y _Cuicateca_ o de Porfirio Díaz
(existentes los dos últimos en el Museo Nacional de México).
Los Códices aztecas, ya anteriores, ya posteriores a la conquista,
merecen especial estudio. Citaremos los _Bodleianos_ (son tres), los
llamados _Libros de Tributos_, el _Mendozino_, el _Vaticano_ y el
_Teleriano Renensis_.
Consideremos los cronistas de Indias. El insigne Alfonso X dispuso,
mediante una ley de las Partidas, que mientras él estuviera comiendo
se leyesen los grandes hechos de algunos hombres notables, debiendo
también de oir la lectura sus buenos caballeros.
Abolida tal costumbre, poco tiempo después Alfonso XI estableció el
empleo de historiógrafo real, al cual dicho Monarca le impuso la
obligación de escribir los hechos de su antecesor en el trono.
Adquirió importancia el cargo cuando su misión se extendió a narrar los
sucesos acaecidos en el Nuevo Mundo, instituyendo entonces Carlos I un
_primer cronista de las Indias_.
Nombrado Gonzalo Fernández de Oviedo veedor en Tierra Firme y miembro
en el Consejo del Gobernador del Darién, cuando sus ocupaciones se
lo permitían, consignaba los hechos de que él era actor o testigo,
y arreglaba los datos que recibía de varios puntos del continente.
Habiendo atravesado seis veces el Atlántico, y luego, habiendo
desempeñado la gobernación de Cartagena de Indias y la alcaldía de
la fortaleza de Santo Domingo, pudo en sus viajes y en sus destinos
recoger preciosas noticias acerca de los indígenas y de los
conquistadores, como también de los animales, de las plantas y de todo
lo interesante. En uno de los viajes de Oviedo a España (1525), y
hallándose la corte en Toledo, Carlos V dispuso la publicación de los
trabajos de aquel laborioso escritor. La obra se intituló _Sumario de
la natural y general historia de las Indias_, etc. y fué publicada en
Toledo, a expensas del Tesoro Real, por el año de 1526. Dicho libro
valió a Oviedo el nombramiento de _Cronista Mayor de las Indias_,
con que le honró el Emperador por Real Cédula de 25 de Octubre de
1533. Aunque Oviedo carecía de conocimientos científicos de Historia
natural, su espíritu observador, su constancia y su imparcialidad se
manifestaron en la _Historia general y natural de Indias_, dada a la
estampa en Sevilla el 1535. Prosiguió sus trabajos el cronista por
instancias de Carlos V «hasta completar la historia del descubrimiento
y conquista del Nuevo Mundo que ha servido de fundamento en la parte
antigua para la _Historia Sud-Americana_, con algunas rectificaciones,
obra del estudio, del tiempo, de la habilidad de más modernos
cronistas, como Herrera.»[45]. Murió Oviedo en Valladolid el año 1557,
quedando muchos de sus manuscritos relegados al olvido en algunas
bibliotecas, hasta que la Academia de la Historia de Madrid, con
excelente acuerdo, los dió a la estampa en el año 1851.
[45] Libro XLII, cap. I, pág. 141.--Sevilla, 1535.
Sucedió a Oviedo en el cargo de cronista Juan Cristóbal Calvete de la
Estrada, que escribió de cosas de América cuatro tomos de _Historia
latina de Indias_, no publicados y de poco valor, según opinan los
inteligentes que vieron los manuscritos.
Tercer cronista de América fué nombrado el 1571 Juan López de Velasco
por Felipe II. El Consejo de Indias, mediante Real Cédula dada en San
Lorenzo el 16 de Agosto de 1572, ordenó a la Audiencia de Santa Fe
que se recopilasen y mandasen a España, para entregarlas a Velasco
«las historias, comentarios o relaciones de los descubrimientos,
conquistas, entradas, guerras o facciones de paz o de guerra que en
aquellas provincias hubiera habido desde su descubrimiento hasta la
época.» Viniesen o no los datos pedidos, lo cierto es que el cronista
nada hizo, y de ello nos felicitamos porque él «pensaba que ésta era
una ciencia acomodaticia que podía ajustarse a las miras políticas del
Soberano, disfrazando los hechos para hacerlos servir a la conveniencia
del que manda.»
Acertado estuvo Felipe II al nombrar en 1596 _cronista de Castilla_ a
Antonio de Herrera, ventajosamente conocido por varios y excelentes
trabajos históricos. Reunió muchos datos y también pudo aprovechar
la _Historia general de las Indias_, guardada en el Colegio de San
Gregorio de Valladolid y compuesta e inédita por Juan Ginés de
Sepúlveda. Del mismo modo tuvo a su disposición otros importantes
escritos de algunos autores que trataron de asuntos de América.
En el año 1599 terminó los cuatro primeros tomos de la _Historia
general de los hechos de los castellanos en las Indias y Tierra Firme
del mar Océano_, publicados en Madrid el 1601. En el mismo año dió a
luz los dos primeros tomos de la _Historia general del mundo en el
tiempo del Rey Felipe II_. Corriendo el 1615 terminó otros cuatro tomos
de la historia de las Indias, los cuales comprenden los hechos desde
1531 hasta 1554, dedicando el último tomo a la descripción geográfica
de América.
En el cargo de cronista, por muerte de Herrera, sucedió Luis Tribaldos
de Toledo, cuya labor se redujo a una sucinta historia de Chile
referente al comienzo de su conquista: murió en 1634.
Mereció ser nombrado cronista el Dr. Tomás Tamayo de Vargas, quien
dedicó toda su actividad a reunir datos para escribir una historia
general de la iglesia en Indias: sorprendióle la muerte el 2 de
septiembre de 1641.
Gil González Dávila sucedió a Tamayo de Vargas. Escribió el _Teatro
eclesiástico de las Iglesias en América_, en dos tomos y en los años de
1649 y 1656. Si la obra es deficiente a veces y aun errónea, no carece
de alguna buena cualidad: murió Gil González Dávila el año 1658.
El nuevo cronista, Antonio de León Pinelo, natural de Lima, según unos,
y de Córdova de Tucumán, según otros, fué nombrado cuando ya era viejo
y se hallaba además enfermo. Dejó inédita--y a esto se reduce toda su
labor--parte de una _Historia Americana_.
Antonio de Solís escribió la _Historia de la conquista de México_, obra
notable por lo castizo y elegante del estilo, por la sensatez de los
juicios y por la profundidad de las sentencias políticas y religiosas:
murió en Madrid el 19 de Abril de 1686, habiéndose publicado su obra
dos años antes.
Nombrado cronista por Carlos II el Dr. en Teología Pedro Fernández
de Pulgar, se creyó que la historia de América, dada la erudición
del mencionado Pulgar, adelantaría mucho; pero no fué así. Pulgar,
siguiendo al pie de la letra a Herrera, dejó a su muerte cuatro
obras de valor escaso, a juicio de sus contemporáneos, intituladas:
una, _Historia de las Indias_; otra, de _México_; la tercera, de la
_Florida_, y la cuarta, de _América Eclesiástica_.
Sucedió a Pulgar en el cargo de cronista Miguel Herrera de Ezpeleta.
Nombróle en 1735 Felipe V, y nada publicó en los quince años de su
empleo.
Aunque por Real Cédula de 25 de Septiembre de 1744 se dispuso que la
_Academia de la Historia_ se encargase de la crónica de Indias, cuando
por la muerte de Ezpeleta debía aquélla entrar en funciones, el Rey
nombró cronista a Fray Martín Sarmiento, cargo que desempeñó unos cinco
años.
Nombróse en el 1755 una comisión encargada de revisar los documentos
históricos de América reunidos hasta entonces, para llevar los que
fuesen útiles a una _Biblioteca Americana_; mas todo quedó en proyecto.
En los últimos años del siglo XVIII sentíase deseo y aun necesidad de
conocer la Historia de América. Carlos III, desde El Pardo (27 de Marzo
de 1781) hubo de decir que habiendo dado el encargo a su cosmógrafo
de Indias, D. Juan Bautista Muñoz para que escribiera una Historia
general y completa de América, mandaba que se le franqueasen a dicho
Muñoz los Archivos y Secretarías de la corte, como también los que se
hallaren fuera de Madrid[46]. Aunque Muñoz era hombre de tanta cultura
como laboriosidad, encontró tenaz y ruda oposición en la Academia de
la Historia. Logró, sin embargo, formar una colección considerable de
copias correspondientes a los siglos XV, XVI y XVII, y dió a la estampa
en el año 1793 el primer tomo de su _Historia del Nuevo Mundo_[47].
[46] Arch. Hist. Nac.--_Cedulario índico_, tomo XLI, núm. 221,
págs. 275 vº y 276.
[47] Biblioteca Nacional, signatura 3/14.753
A la muerte del mencionado historiador, ocurrida en el mes de julio del
año 1799, se encontró, entre otros varios manuscritos, el del primer
libro del segundo tomo de su citada _Historia del Nuevo Mundo_, que
publicó Navarrete casi íntegramente en la introducción a su tomo III de
la _Colección de viajes de los españoles_.
Además de los cronistas citados, a la cabeza de todos los escritores
de Indias, colocaremos a dos que redactaron sus obras durante la vida
del Almirante. Llamábanse Andrés Bernáldez, cura de los Palacios, y
Pedro Mártir de Anglería. El primero escribió una _Crónica_, que es
fuente de muchas noticias, y el segundo, además de curiosas _Cartas_,
la importante obra que lleva por título _De orbe novo Decadas octo_.
Conocieron personalmente a Cristóbal Colón, pero escribieron después
de su muerte, el citado Fernández de Oviedo, Fernando Colón y Fray
Bartolomé de Las Casas. Del Padre Las Casas ya dijimos en este mismo
Prólogo que fué en extremo impresionable y algo injusto, aunque
hombre de buena voluntad y de no poca cultura. Añadiremos ahora que
tiene no escaso mérito su _Historia general de las Indias desde el
año 1497 hasta el 1520_. La terminó el 1561. También en los comienzos
del párrafo III dimos nuestra opinión acerca de Fernández de Oviedo
(Apéndice E).
Respecto a Fernando Colón, hijo del Almirante D. Cristóbal y de Doña
Beatriz Enríquez, merece lugar señalado entre los escritores de Indias.
Cultivó brillantemente las ciencias y las letras, especialmente las
que se relacionaban con la náutica, y adquirió sólida y extensa
cultura visitando las principales ciudades, lo mismo de España que de
otras naciones. Fernando logró inmortalizarse, no solamente con su
_Historia del Almirante_, sino con otros trabajos científicos. No puede
negarse, sin embargo, por lo que respecta a la obra citada, que alguna
vez desfiguró u omitió hechos importantes, lanzando tan violentas
como injustas censuras contra todos los que eran o él creía que eran
enemigos de su padre. Así lo ha probado el Sr. Altolaguirre. «Hemos
tratado de probar--escribe el distinguido académico historiador--que
el hijo del Almirante (Cristóbal Colón) no reparó en los medios para
llevar al ánimo de sus lectores el convencimiento de que los hechos
habían ocurrido tal y como a sus pasiones o a sus intereses convenía
presentarlos, y de consiguiente, que sus relatos y juicios deben ser
acogidos con gran reserva, sobre todo si redundan en provecho del
Almirante o en desprestigio de españoles o portugueses»[48]. Del Sr.
Fernández Duro son las siguientes palabras: «Quiso escribir la vida
y hechos de su progenitor, empapado en la lectura de los clásicos
antiguos, y puso los cimientos al edificio romancesco y legendario que
tan grandes proporciones tiene ahora, levantando a la par la neblina
que le envuelve. No tuvo la resolución, que su tiempo haría penosa,
de confesar que fueron los Colombos tejedores de lana, si pobres y
mecánicos, honrados. Inventó el cuento de las joyas de la Reina Isabel,
que aún anda en boga; usó de las arengas y adornos semejantes de
Salustio y Cornelio Nepote; omitió mucho de lo que quisiéramos saber,
creyendo cumplir deberes filiales, no extendidos a la que le dió la
vida; no la nombró siquiera. ¡Le avergonzaba la bastardía, debilidad
común, pero sensible en varón tan señalado!»[49].
[48] _Cristóbal Colón_ y _Pablo del Pozzo Toscanelli_, pág.
362. Madrid, 1903.
[49] Conferencia leída en el Ateneo de Madrid el 14 de Enero
de 1892, págs. 20 y 21.
Respecto a los otros trabajos de que hicimos especial mención,
consignaremos aquí que por Real cédula, dada en 20 de Mayo de 1518,
se le mandó hacer una carta de marear para Indias[50]; y en la de
6 de Octubre del mismo año se expidió otra Real cédula acerca del
mismo asunto[51]. Es de notar--y esto indica sus vastos conocimientos
cosmográficos--que Carlos V le escogió para presidir una Comisión de
geógrafos y pilotos encargada de corregir los errores de los mapas
marinos dibujados bajo la dirección de Américo Vespucci[52].
[50] Academia de la Historia.--_Indice del Consejo de Indias_,
fol. 60.
[51] Ibidem.
[52] Roselly de Lorgues, _Cristóbal Colón_, tomo II, pág. 140.
Se autorizó a D. Fernando Colón--ignoramos la fecha--para levantar
planos cosmográficos de la Península. La autorización es cierta, por
cuanto el 13 de Junio, por Real disposición dada en Valladolid, se
ordenó que no se hiciere dicha descripción y cosmografía[53].
[53] Este documento se halla en el Archivo Municipal de la
ciudad de Córdoba.
Por si hubiese alguna duda sobre el particular, en la Biblioteca
Colombina hay un manuscrito, intitulado _Itinerario de Don Fernando
Colón_, escritas con letra del hijo del Almirante las 62 hojas primeras
y las restantes por dos amanuenses. El título o epígrafe, puesto por
D. Fernando, es como sigue: «Lunes 3 de agosto de 1517 comencé el
_Itinerario_. La primera descripción corresponde a Zaragoza, y la
última a la Membrilla, villa de la Mancha»[54].
[54] Véase _Documento inédito del siglo XVI, referente
a D. Fernando Colón_, por el Dr. Rodolfo del Castillo
Quartiellerz.--Madrid, 1898.
Por el año 1524, el César, en la cuestión suscitada entre Castilla y
Portugal con motivo de la posesión de las Molucas, encargó a Fernando
Colón que examinase los puntos de litigio. Fernando, no ateniéndose
a sus propios conocimientos, consultó con otros sabios cosmógrafos,
quienes aprobaron sus conclusiones. Al fin fueron cedidas al rey de
Portugal, escribiendo D. Fernando con tal objeto el _Apuntamiento sobre
la demarcación del Maluco y sus Indias_, firmado en el año 1529 por los
seis jueces que intervinieron en el asunto.
Estando en Sevilla, por ausencia del célebre Sebastián Caboto, fué
nombrado presidente (1527) del Tribunal de exámenes de pilotos. «Se
ordenó que... el examen y desputas se hiciesen en presencia de don
Hernando Colón y en su casa, y que no pudiesen dar el grado sin su
aprobación, hallándose en la ciudad de Sevilla»[55].
[55] Herrera, _Historia general de las Indias Occidentales_,
década IV. lib. II, cap. V.
En la citada ciudad andaluza fundó un _Colegio Imperial_ para el
estudio de la ciencia de navegación, dotándolo de rica Biblioteca, la
cual llegó a contener más de 20.000 volúmenes[56].
[56] «Y en ella con licencia del Emperador deseó establecer
una Academia y Colegio de las ciencias mathemáticas,
importantissimas a la navegación.» Herrera. Ibidem, libro XIV,
fol 496.
Al retirarse D. Fernando del bullicio de la corte de Carlos V se
estableció definitivamente en Sevilla, donde, a orillas del río,
hizo fabricar cómoda morada con su jardín, en que aclimataba plantas
exóticas, y allí, rodeado de unos cuantos amigos, con la lectura de sus
libros y con el cultivo de las flores, vivió sus últimos años.
Consideremos como implacable censor del P. Las Casas al dominico
Fray Toribio de Benavente o Metolinía, quien, en 24 de Febrero de
1541, dedicó al conde de Benavente su _Historia de los indios de
Nueva España_, libro que tienen en estima los doctos por las curiosas
noticias que en él se hallan. Del mismo autor se ha conocido, en estos
últimos tiempos, un _Tratado sobre el planeta Venus_, en el cual se
encuentra la clave para poder comprender el Calendario azteca.
Censor del P. Las Casas, como Fray Toribio de Metolinía, fué el R. P.
Fr. Vicente Palatino de Corzula, de la nación Dalmata, Theologo de la
orden de los Predicadores, que escribió (1559) _Tratado del derecho
y justicia de la guerra que tienen los Reyes de España contra las
Naciones de la India Occidental_, en el cual se intenta probar que los
Reyes de España, en virtud de la donación del Papa, pueden ocupar las
Indias con las armas, a fin de propagar la religión[57].
[57] Véase _Archivo de la Dirección general de navegación y
pesca marítima_.--Papeles varios, tom. IV, C. 3.ª, págs. 58-73.
Digno es de alabanza Martín Fernández de Enciso, alguacil mayor de
Castilla del Oro, que publicó el año 1519 la _Suma de Geografía_, libro
que contiene noticias interesantes de América. También merece señalada
distinción Hernán Cortés, que en sus _Cartas de Relación_ historió los
hechos que él mismo llevó a cabo. Francisco López de Gomara, secretario
de Hernán Cortés y a quien acompañó a la expedición de Argel, escribió
_Historia general de Indias_ y la _Crónica de la conquista de Nueva
España_, obra que se distingue por la sencillez y facilidad en las
narraciones y pinturas: apareció por el año de 1552. «Habiendo
compuesto uno (libro) titulado _Historia de las Indias y conquista de
México_, que se hallaba impreso, el clérigo Francisco López de Gomara,
y conviniendo no se vendiese, leyese, ni imprimiese más, y que los que
lo estuviesen, se recogiesen y enviasen al Consejo de ellas. Mandó S.
M. a todos los Jueces y Justicias lo cumpliesen, e impuso a los que le
imprimiesen o vendiesen la pena de 200.000 mrs. para la Cámara y Fisco,
y 10.000 al que le tuviese en su casa o leyese. Céd. de 7 de Agosto de
1566. Vid. tomo 36 de ellas, fol. 36, núm. 28[58].»
[58] Archivo histórico nacional.--_Cedulario índico_ de Ayala,
letra L, núm. 18.
No debemos pasar en silencio el nombre del franciscano P. Bernardino
de Sahagún, quien llegó a Nueva España el 1529 y escribió la _Historia
Universal de las cosas de España_[59].
[59] Se imprimió en castellano y en la ciudad de México el año
1829.
No es inferior la _Relación y Genealogía de los señores de Nueva
España_, escrita por Fr. Bernardino de México, el 1532, según Chavero,
a ruego de D. Juan Cano.
De las obras del P. Landa se sacó en 1566 la _Relación de las cosas del
Yucatán_, existente en la Academia de la Historia y publicada por el
Sr. Rada y Delgado.
Nos proporcionan datos muy curiosos de la región Colombiana Fr. Pedro
Simón, autor de las _Noticias historiales de las conquistas de Tierra
Firme_, obra impresa en Cuenca el 1626, y el poeta Juan de Castellanos,
que escribió _Elegías de varones ilustres de Indias_ e _Historia del
Nuevo Reino de Granada_.
Entre los mejores escritores de América se halla Bernal Díaz del
Castillo, compañero de Cortés y autor de la _Historia verdadera de la
conquista de la Nueva España_, impresa el 1632.
El reino de Quito (hoy Ecuador) tuvo su cronista en el P. Juan de
Velasco, que escribió la _Historia del reino de Quito_.
Pedro Cieza de León dió a luz la _Crónica del Perú_, terminada el 1550,
«la más concienzuda y más completa que se ha escrito de las regiones
sur americanas», según el Sr. Jiménez de la Espada. D. Pedro de la
Gasca, pacificador del Perú, nombró a Cieza cronista de las Indias.
Imprimióse la _Primera parte de la Chronica del Perú_ en Sevilla el año
1553.
Citaremos también al P. Gregorio García, Alvar Núñez Cabeza de Vaca,
Francisco de Xeres, Agustín de Zárate, el inca Garcilaso de la Vega y
algunos otros.
No sería justo pasar en silencio el nombre del capitán y poeta Alonso
de Ercilla (1533-1594), autor de _La Araucana_, poema impreso por
completo el 1578. Ercilla se ajustó en un todo a la verdad histórica,
aunque a veces--como se dijo al principio del Prólogo--trató con
demasiada benevolencia a los indios. No tiene tanto mérito la _Primera
parte del Arauco Domado_, de Pedro de Oña, edición de 1596.
A tal punto llegaba la desconfianza de nuestros Reyes, cuando de
asuntos de América se trataba, que Felipe II desde el bosque de Segovia
encargó (24 Julio 1566) a los herederos del inquisidor Andrés Gaseo
que buscasen, entre los papeles del citado inquisidor, una Crónica que
hizo y ordenó Pedro de Aica de las cosas de las Indias, y hallada, la
remitiesen al Consejo de las Indias[60].
[60] _Cedulario índico_, tomo XXXVI, núm. 26, págs. 34 v.ª y
35.
Si desde el mismo bosque de Segovia mandó recoger--según hemos
dicho--los ejemplares de la _Historia de las Indias y conquista de
México_, de López de Gomara[61], por el contrario, algunos años
después, hallándose en El Pardo (2 Febrero 1579) se dirigió al capitán
Adriano de Padilla para decirle que, «teniendo noticia que el citado
Capitán había escrito un libro de historia intitulado _La Perla
Occidental_, obra de mucha curiosidad, le daba autorización para que
pudiese imprimirla y venderla...»[62].
[61] Véase _Cedulario índico_, tomo XXXVI, núm 28, págs. 30 y
36 v.ª
[62] _Cedulario índico_, tomo XXXVI, núm. 60, págs. 83 y 84.
Felipe III, desde San Lorenzo (4 de Noviembre de 1617) autorizó al
licenciado Antonio de Robees Cornejo para que pudiese imprimir su libro
«necesario para la salud universal», que lleva el título de _Simples
Medicinas Indianas_[63].
[63] _Cedulario índico_, tomo XXXVII, núm. 40, págs. 75 y 76.
Las _Noticias secretas de América_ de D. Jorge Juan y D. Antonio de
Ulloa, escritas según las instrucciones del Marqués de la Ensenada y
presentadas en informe secreto a Fernando VI, deben estudiarse con
mucho detenimiento. Dicha obra se publicó en Londres por D. David Barry
corriendo el año 1826.
Cerramos la larga lista de los escritores españoles de Indias con los
nombres del laborioso D. Martín Fernández de Navarrete y D. Cesereo
Fernández Duro. La obra de Navarrete se intitula _Colección de viajes
y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del
siglo XV_. Los cinco volúmenes de que consta fueron apareciendo desde
1825 a 1837, y en ellos se encuentran muchos documentos hasta entonces
inéditos, los cuales fueron rica fuente en la que bebieron ilustres
escritores, como el norteamericano Washington Irving (1783-1859), y
el alemán Federico Alejandro, barón de Humboldt (1769-1859). Humboldt
llegó a Madrid en compañía de Bonpland el 1799, siendo recibido con
toda clase de consideraciones. Dióle permiso Carlos IV para viajar
por todas las comarcas españolas de América, pasando a la vuelta por
las Marianas y Filipinas. Partieron ambos sabios de Madrid el mes de
mayo de dicho año. El 5 de junio se embarcaron en La Coruña a bordo
del _Pizarro_, llegando al puerto de Cumaná, capital de la Nueva
Andalucía. Pasaron cinco años recorriendo la América Meridional; luego
fueron a México, a la Habana y a los Estados Unidos. Abandonaron a
América el 9 de julio de 1804 y llegaron a Burdeos. Humboldt fijó
su residencia en París, marchando a su patria el año 1827. Publicó
preciosos estudios geográficos, etnográficos y políticos del Nuevo
Continente. La primera obra que dió a la estampa se intitula _Essai
Politique sur le Royaume de la Nouvelle Espagne_, dedicada a Carlos IV.
París, 1808. La segunda _Voyages aux regiones equinoxiales du nouveau
continent_. París, 1809-1828; tres volúmenes. La tercera _Vue des
Cordilleres et monuments des peuples indigenes de l'Amerique_. París,
1816: dos volúmenes. El autor del _Cosmos_ también dió a luz un _Ensayo
político sobre la isla de Cuba_ (publicado el 1826).--El filósofo Paz y
Caballero consideró al sabio alemán como _un segundo descubridor de la
Isla_. Sin embargo, la obra más importante de Humboldt lleva por título
_Examen critique de l'histoire de la geographie du Nouveau Continent et
des progrés de la astronomie nautique du XV et XVI siècle_ (publicada
en París de 1836 a 1839). Todas las obras del barón de Humboldt deben
consultarse con detenimiento por los que se dedican a la historia de
América.
Respecto al Sr. Fernández Duro, curioso investigador de la vida y
hechos del primer Almirante, nadie podrá negar, por exigente que sea,
los méritos de _Colón y Pinzón_ (1883), _Colón y la Historia póstuma_
(1885) y _Nebulosa de Colón_ (1890), además del prólogo a la edición de
los _Pleytos de Colón_, sin contar con multitud de artículos acerca de
asuntos relacionados con el descubrimiento de América.
Entre los escritores extranjeros figura en primer término el escocés
Guillermo Robertson (1721-1793), que publicó en Edimburgo una _Historia
de América_, cuyos primeros ejemplares llegaron a España en Agosto
de 1777. Si nada tiene de extraño--como anteriormente hemos podido
notar--que el suspicaz Felipe II llegara a prohibir que se vendiese el
excelente libro intitulado _Historia de las Indias_, de D. Francisco
López de Gomara, llama la atención que Carlos III, el Rey que arrojó de
España a los hijos de Loyola, hiciera objeto de su odio la _Historia
de América_ del citado Robertson. «Por justos motivos prohibió S. M.
se introdujese en España, Indias y Filipinas el (libro) de la Historia
del descubrimiento de la América, escrito y publicado en idioma inglés,
o en otro qualquiera, por el Dr. Guillermo Robertson, Rector de la
Universidad de Edimburgo y chronista de Escocia, y mandó que en caso de
aver algunos exemplares de esta obra en los puertos de ambos dominios,
o introducidos ya tierra adentro, se embargasen a disposición del
Ministro de su cargo. Ord. de 23 de Diciembre de 1778. Vid. tom. 31 del
Ced., fol. 191, núm. 180»[64].
[64] Archivo histórico nacional.--_Cedulario índico_ de Ayala,
letra L, núm. 18.
Al lado del inglés William Robertson colocamos a Guillermo Prescott
(1796-1859), historiador americano y meritísimo autor de los libros
que llevan por título _Historia de México_ e _Historia del Perú_,
publicados a mediados del siglo XIX. Durante esta última centuria y en
lo que va de la veinte, lo mismo en el Antiguo que en el Nuevo Mundo,
se han escrito y publicado muchas obras, ya de la Historia general de
América, ya de los diferentes pueblos en que se divide aquella parte
del continente.
No dejaremos de citar entre los modernos panegiristas de Colón el
nombre del conde Roselly de Lorgues, quien, en el año 1856, publicó
una obra, en tres tomos, con el título de _Cristophe Colomb_. Intentó
Roselly de Lorgues elevar a los altares al descubridor del Nuevo Mundo;
pero, como dice Menéndez Pelayo, el libro estaba escrito «al gusto de
las beatas mundanas y los caballeros andantes del legitimismo francés.»
Si en un principio despertó en la opinión pública gran entusiasmo,
decayó pronto entre la gente docta, hallándose al presente casi
relegada al olvido.
Más justa notoriedad adquirió la obra del abogado norteamericano
Harrisse, cuyo título es _Ferdinand Colomb, sa vie, ses oeuvres_,
dada a la luz en 1872. Continuó su labor Harrisse publicando
artículos y folletos; luego otras dos obras así llamadas: _L'Histoire
de Christophe Colomb atribuée a son fils_, etc., París, 1883, y
_Christophe Colomb devant l'histoire_, París, 1892.
Hemos registrado también con algún detenimiento, aunque tal vez con
escaso fruto, otras crónicas antiguas y obras modernas, papeles
interesantes del _Archivo de Indias_ (Sevilla), del de _Simancas_
(cerca de Valladolid), del _Histórico Nacional_, del de la _Academia
de la Historia_, del de _Navegación y pesca marítima_ y de otros menos
conocidos. Hemos estudiado curiosos manuscritos que se encuentran en
la _Biblioteca del Real Palacio_, en la de _San Isidro_ y en la de la
_Universidad_.
En la obra que vamos a publicar se halla algo que merece toda clase
de alabanzas. Después de impresos los dos primeros volúmenes de la
_Historia de América_ del Sr. Pi y Margall, el sabio autor puso varias
notas a determinados pasajes de ella, notas manuscritas e inéditas que
nosotros hemos copiado y publicaremos en su lugar respectivo. Creemos,
no con toda certeza, pero sí con más o menos fundamento, que pensando
Pi y Margall en la publicación de otra edición, comenzó a corregir su
citada obra, cuyas correcciones, trasladadas a nuestra HISTORIA DE
AMÉRICA con toda exactitud y cuidado, serán leídas con gusto por todos
los admiradores del insigne autor de _Las Nacionalidades_.
Hemos seguido algunas veces casi al pie de la letra obras impresas en
castellano y documentos manuscritos. También habremos de declarar que
se han traducido largos párrafos de libros ingleses. Si no aparecen en
nuestra obra las citas correspondientes a tales copias o versiones,
será por olvido, nunca con intención. Confesamos esto, no porque
temamos las censuras del público--que siempre ha sido con nosotros
bondadoso é indulgente--sino para tranquilidad de nuestra conciencia.
Pasando a otro asunto, diremos que entre los que generosamente nos
han prestado libros, papeles impresos y manuscritos, se hallan D.
Antonio Graiño, D. Antonio Balbín de Unquera y D. Antonio Ballesteros;
otros han guardado, como el avaro guarda rico tesoro, sus documentos
históricos. Si nos consideramos obligados a declarar el agradecimiento
que debemos a los primeros, guardaremos silencio acerca de los
segundos; pero haciendo constar que la conducta de los últimos no debe
ser imitada. Hemos solicitado el auxilio de nuestros compañeros de
profesorado y de otros muchos hombres de letras; hemos rogado que nos
ayuden en la empresa los que a las ciencias históricas se dedican. No
hemos podido hacer más.
Haremos, por último, especial mención de D. Carlos Navarro Lamarca,
quien generosamente nos ha autorizado para reproducir en nuestra obra
algunos grabados que adornan su _Compendio de La Historia general de
América_.