Por lo que respecta al plan de la obra, nos proponemos reseñar la
vida de los pueblos americanos de una manera clara y ordenada. En
cinco partes dividiremos la HISTORIA DE AMÉRICA: trataremos en la
primera de la América antes de Colón, o sea, de las primitivas razas
que poblaron el Nuevo Mundo; en la segunda del descubrimiento de las
Indias Occidentales y de los descubrimientos anteriores y posteriores
al del insigne genovés; en la tercera de las conquistas realizadas
por los españoles y otros pueblos de Europa; en la cuarta de los
diferentes Gobiernos establecidos en aquellos países o de los Gobiernos
coloniales, y en la quinta de la guerra de la independencia y de los
sucesos acaecidos en aquellos pueblos hasta nuestros días.
Estas cinco partes o épocas se estudiarán en tres tomos; las dos
primeras, o sea América precolombina y los descubrimientos serán
materia del tomo primero; la conquista del país y los Gobiernos
coloniales se expondrán en el tomo segundo, y la independencia de todos
los Estados hasta nuestros días formarán la historia del tomo tercero.
Veamos más detalladamente los asuntos que se incluirán en cada una
de las cinco partes. Después del Prólogo damos algunas noticias
geográficas del Nuevo Mundo, pasando luego a tratar de la Prehistoria
y de la aparición del hombre en el continente americano, procurando
resolver la cuestión de si es o no es autóctono; y en caso contrario,
cuál es su procedencia y el camino que siguió para llegar a América.
En seguida tratamos de las razas y tribus que habitaron el suelo
americano antes del descubrimiento. Si vaga y corta es la historia de
los pueblos que llamamos civilizados, casi nula es la de los pueblos
bárbaros. Algunas noticias daremos acerca del estado social de los
indios, de su lengua, de sus conocimientos científicos y artísticos.
Después se estudiará el estado de España durante el reinado de los
Reyes Católicos, y luego los importantes descubrimientos geográficos
anteriores al del Nuevo Mundo.
Así como poetas y santos presentían la invasión de los germanos y la
muerte de Roma, y así como sabios y Papas anunciaban la llegada de
los turcos y la destrucción de Constantinopla, de la misma manera los
isleños de la Española tenían como cosa cierta que de lejanas tierras
vendrían unos guerreros a derrocar los altares de sus dioses, a
derramar la sangre de sus hijos y a reducir a eterna esclavitud a todos
los habitantes del país; los sacerdotes del Yucatán profetizaron que
había llegado el fin de los vanos dioses, que ciertas señales indicaban
próximos y terribles castigos, que estaban cerca los hombres encargados
de traer la buena nueva, que aborreciesen a los dioses indígenas y
adoraran al Dios de la verdad, y, por último, que se vislumbraba
ya la señal de nueva vida, la cruz que había iluminado al mundo; y
Huayna Capac, el último Emperador del Perú, cuando comprendió que se
aproximaba el último momento de su vida, llamó a sus dignatarios y les
anunció la ruina del imperio por extranjeros blancos y barbudos, según
habían pronosticado los oráculos, ordenándoles no hiciesen resistencia,
antes por el contrario, se sometiesen de buen grado. Al mismo tiempo
cometas cruzaban los cielos llenando de terror a los peruanos, la
luna apareció teniendo a su alrededor círculos de fuego de diferentes
colores, un rayo cayó en uno de los reales palacios destruyéndolo
completamente, los terremotos se sucedían unos tras otros y una águila
perseguida por varios alcones vino a caer herida en la plaza del Cuzco;
hecho que presenciaron aterrados muchos nobles incas, quienes creyeron
que era aquello triste agüero de su propia muerte. Del mismo modo que
aquel Dios Pan, tan alegre y risueño, que se precipitó, allá en los
tiempos antiguos, como dice Castelar, en las ondas del Mediterráneo
buscando la muerte[33], y cuyos tristes quejidos oían de noche los
navegantes que surcaban los mares helénicos, otros dioses, en el siglo
XVI, exhalaban su último suspiro cerca de las playas americanas--según
cuentan los sacerdotes indios--y eran reemplazados por el Dios de la
verdad, de la justicia y de la misericordia.
[33] _La civilización de los cinco primeros siglos del
Cristianismo_, tomo I, pág. 352.
Con todo detenimiento será objeto de nuestro estudio la vida de
Cristóbal Colón y los cuatro viajes que hizo al Nuevo Continente.
Ultimamente nos fijaremos en los descubrimientos y expediciones de
Alonso de Ojeda, Vicente Yáñez Pinzón y Juan Díaz de Solís, Vasco Núñez
de Balboa, Juan Ponce de León, Juan de Ampués, Rodrigo de Bastidas y
Francisco Orellana.
El tomo segundo está dedicado a la conquista del territorio y a los
Gobiernos de los diferentes Estados. Lo primero que se presenta a
nuestro estudio es la América septentrional, esto es, la Groenlandia,
el Canadá y las colonias inglesas. Seguirá a la conquista de México, la
de la América Central (Guatemala, Honduras, San Salvador, Nicaragua y
Costa Rica); también las Antillas, y, por último, la América Meridional
(Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Patagonia, Colombia, Venezuela,
Ecuador, Las Guayanas, Paraguay, Uruguay y Brasil).
Libre España de la guerra con los hijos del Profeta, dos rumbos
diferentes tomaron nuestros guerreros: unos marcharon a Italia sin
otra mira que conquistar laureles en los campos de batalla, dirigidos
por aquel ilustre político y valeroso soldado, a quien la Historia
designa con el nombre de _El Gran Capitán_; otros, tomaron camino de
Occidente buscando aventuras, o más bien guiados por la idea del lucro
o por la codicia de oro y piedras preciosas, oro y piedras preciosas
que abundantes se hallaban en la nueva tierra de promisión. «En las
guerras del Nuevo Mundo, escribe lord Macaulay, en las cuales el arte
estratégico vulgar no podía ser bastante, como tampoco la ordinaria
disciplina en el soldado; allí, donde se hacía necesario desbaratar y
vencer cada día por medio de alguna nueva estratagema la instable y
caprichosa táctica de un bárbaro enemigo, demostraron los aventureros
españoles, salidos del seno del pueblo, una fecundidad de recursos y
un talento para negociar y hacerse obedecer de que apenas daría otros
ejemplos la Historia»[34].
[34] _Estudios históricos_, pág. 5.
Inmediatamente será objeto de examen el Gobierno de los franceses e
ingleses en el Canadá, deteniéndonos en las guerras intercoloniales.
No deja de ser interesante la política seguida por ingleses, franceses
y españoles en los Estados Unidos. Después de exponer los hechos de
la Capitanía general de Guatemala (San Salvador, Nicaragua, Honduras y
Costa Rica), daremos ligera idea de las luchas religiosas en la América
española, pasando inmediatamente a hacer ligera reseña de los sucesos
acaecidos en el Gobierno de las islas Mayores y Menores, Virreinato
del Perú, Capitanía general de Chile, Gobierno y luego Virreinato de
Buenos Aires, Gobierno de Colombia y luego Virreinato de Nueva Granada,
Gobiernos de Quito, Panamá, Venezuela, Paraguay, Uruguay y Brasil.
Seguirá el estudio de la organización interior de los Estados, ya de
raza anglo-sajona, ya de raza ibera. Allí veremos que franceses e
ingleses defendieron y engrandecieron el territorio. Igual conducta
siguieron las autoridades españolas en nuestras colonias. Del mismo
modo en el tomo citado daremos exacta noticia de las Audiencias,
Consulados, Cabildos y otros tribunales menos importantes, como también
de la Inquisición y de la esclavitud. Además de las Encomiendas,
procuraremos fijarnos muy especialmente en la Casa de la Contratación
de Sevilla, en el Real y Supremo Consejo, y en las Leyes de Indias. Con
algunas consideraciones acerca de la instrucción pública, de la cultura
literaria, artística e industrial, terminaremos la materia del tomo
segundo.
Asunto del tomo tercero y último será la independencia de las colonias,
ya de raza inglesa, ya de raza española. Antes diremos algo de la cuasi
independencia del Canadá en los últimos años. Tres nombres gloriosos
aparecen iluminando los primeros tiempos de la independencia de los
Estados Unidos: los americanos Franklin y Washington y el francés
Lafayette. Respecto a las colonias de la América española, creemos
indispensable y aun de importancia suma dar a conocer el estado en que
se hallaban al comenzar la guerra; esto es, reseñaremos los movimientos
precursores de la mencionada guerra, el carácter diferente que tuvo
en cada uno de los países, las noticias que nuestros gobernantes de
allá comunicaban de los sucesos y el efecto que dichas noticias hacían
en la metrópoli, las medidas o resoluciones que tomaba el gobierno
de Madrid, las instrucciones que se dieron a los comisionados para
la pacificación y los resultados que produjeron, no olvidando las
relaciones interesadas de algunas potencias con los insurgentes. Nótase
a primera vista una diferencia entre los Estados Unidos y las colonias
españolas; los Estados Unidos son--y permítasenos la palabra--un pueblo
trasplantado desde el Antiguo al Nuevo Mundo, y nuestras colonias se
hallan formadas por razas americanas injertas en españoles; sólo el
Brasil es hijo de Portugal.
Cuando se vió que los destinos públicos principales se proveían
casi siempre en hijos de España y no en americanos[35], cuando las
Reducciones[36], Repartimientos[37] y Encomiendas[38] levantaron una
muralla entre conquistadores y conquistados, y cuando se agotó la
paciencia de los indios, entonces se notaron los primeros síntomas de
la revolución por la independencia.
[35] De 170 virreyes que hubo en América, sólo cuatro fueron
de dicho país y los cuatro hijos de empleados: de 602
capitanes generales de provincia, 14 fueron originarios del
Nuevo Mundo, y de 706 obispos, 105 únicamente nacieron en
aquellas lejanas tierras.
[36] Pueblos de indios convertidos a la religión católica.
[37] Familias indígenas repartidas a los colonos.
[38] Distritos con sus respectivos habitantes distribuídos a
conquistadores y colonos.
Ya los franceses habían realizado los hechos más brillantes de su
gloriosa historia, y los americanos de los Estados Unidos habían
mostrado al mundo el heroísmo que alentaba sus espíritus; ya la tabla
de los derechos del hombre, como nuevo Evangelio, se había grabado con
letras de fuego en el corazón de aquellas gentes.
Escondidos en las asperezas de los montes y al abrigo de los espesos
bosques, en los hondos valles y estrechos desfiladeros, buscaron su
salvación aquellos pobres indios, ya de pura raza, ya mestizos (hijos
de españoles e indias), y ya mulatos (hijos de españoles y negras).
Otros formaban parte de las sociedades secretas, ramas de la masonería,
extendidas por todos los Virreinatos y Gobiernos de América. Aquéllos
y éstos se disponían a librar a la patria del dominio español. Algunos
se agitaban en el mismo sentido; pero más al descubierto, sin temor a
nada ni a nadie. Publicábanse muchos folletos subversivos y canciones
revolucionarias; se urdían diabólicos proyectos y conjuraciones. A
veces, fingiéndose decididos partidarios de Fernando VII, nombraban
Juntas, las cuales, después de muchas protestas de fidelidad, acababan
por proclamar la República. El fuego de la insurrección se extendió
pronto por Venezuela, El Ecuador, Bolivia, Perú y Colombia.
Después estudiaremos las citadas Repúblicas, desde la muerte de
Bolívar, procurando no olvidar los acontecimientos de más bulto
acaecidos en dichos pueblos. Seguirá inmediatamente la narración de
los hechos, ya del Paraguay y Uruguay antes de la independencia, ya
de la independencia de Chile y Buenos Aires. Se darán también algunas
noticias acerca del Chaco y de la Patagonia, desde los últimos años del
siglo XVIII, para entrar de lleno en el estudio de la independencia de
México, Paraguay, Uruguay, de toda la América Central (Guatemala, San
Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa-Rica). En todas partes apenas
era obedecida la autoridad de nuestros Virreyes. Donde se conservaba
la dominación española, era a fuerza de gastar hombres y dinero, sin
comprender que un poco antes o un poco después, el resultado debía ser
el mismo, porque la hora de la independencia había sonado en el reloj
de las colonias españolas.
Registraremos inmediatamente el hecho de la independencia del Brasil,
Santo Domingo, Haití, Cuba, Puerto Rico y Panamá. Los últimos capítulos
se refieren a Jamaica, las Guayanas y las pequeñas Antillas, de todo
lo cual nos ocuparemos con poca extensión. «Un mundo entero--como dice
Lafuente--que se levanta resuelto a sacudir la esclavitud y la opresión
en que se le ha tenido, no puede ser subyugado por la fuerza»[39].
[39] _Historia de España_, tomo XXVII, págs. 66 y 67.
Entre los valerosos revolucionarios, cuyos nombres guardará eternamente
la historia, se hallan Hidalgo y Morelos, en México; O'Higgins, en
Chile; San Martín y Belgrano, en la Argentina; Sucre, en el Perú, y
Bolívar en el Ecuador, Bolivia, Perú, Venezuela y Colombia. Simón
Bolívar es superior, muy superior a todos. Paladín tan esforzado
ocupa--como expondremos en diferentes capítulos de esta obra--el primer
lugar en la historia de las Indias. Tentados estamos a decir que le
consideramos superior a Washington y Napoleón. Los dos últimos tuvieron
a su lado hombres, que con sus luces les alentaron en sus empresas, y
pueblos unidos que les siguieron entusiasmados a todas partes; pero
Bolívar, ni halló hombres que tuvieran conocimientos prácticos de
gobierno, ni encontró pueblos que comprendiesen sus altas cualidades.
Sólo él pudo decir en una de sus proclamas: «El mundo de Colón ha
dejado de ser español.»
Creeríamos dejar incompleta nuestra obra si no estudiásemos las
Ciencias, Letras, Bellas Artes, Industria y Comercio, en el Canadá,
Estados Unidos y Estados Hispano-americanos. Con singular cariño
recordaremos los nombres de los prosistas y poetas, porque unos y otros
han inculcado en el pueblo americano el profundo sentimiento de la
patria. Objeto será de especial estudio, la fauna, flora y gea de aquel
hermoso continente.
Para terminar, sólo nos resta decir, que al fin de cada tomo
colocaremos los Apéndices correspondientes.