Cuando un madrileño, en cualquier esfera social, ha llegado á ocupar
un puesto, alto ó bajo, ya puede asegurarse que se lo ha ganado por
su propio esfuerzo. Al madrileño no le gusta deber nada á nadie. Por
eso, aun de la clase más humilde, prefiere los oficios independientes,
en los que menos haya que obedecer y ser mandado. Así es muy raro
hallar un madrileño dedicado al servicio doméstico, y si, por razón
de sus ocupaciones, depende de algún patrón, maestro ó jefe, todo se
conseguirá del madrileño por la razón persuasiva ó por el ruego amable;
nada por el mandato indiscutible, ni por el rigor áspero.
El madrileño no tiene cacique á quien pedir recomendaciones; no trata,
ni siquiera conoce, á sus diputados; no tiene colonia que le proteja ó
le obsequie.
Por todas estas consideraciones, yo, que he perdido en absoluto mi
afición á los toros, siento muy viva simpatía por el torero madrileño
Vicente Pastor y celebro su triunfo en la última corrida. Lo celebro
con doble satisfacción, porque, aunque me esté mal el decirlo, entiendo
de toros una barbaridad y no soy de los admiradores del día siguiente.
Cuando Vicente Pastor, en sus años de desgracia, que fueron más de
los debidos, y apuntados van á su condición de madrileño, andaba
aperreado por esas Plazas, y en la madrileña sobre todo; favorecido por
los empresarios con todo el ganado de peor lidia, toros cornalones,
resabiados, mansos perdidos, nunca dejé de ver y de apreciar en él lo
que más tarde apreciaron muchos como un descubrimiento: que Vicente
Pastor es de los pocos toreros que saben para lo que sirve la muleta;
de los pocos que paran y castigan.
Y ¡vaya si ha bregado Vicente Pastor hasta colocarse en el lugar que le
corresponde! Nadie dirá que lo ha robado.
Los toreros madrileños luchan siempre con grandes desventajas. Por
la mayor baratura y facilidad de conducción, en las novilladas les
sueltan, por lo regular, ganado de la tierra que, si escogido para
corridas de toros, es siempre más duro y más dificultoso que el ganado
andaluz, que será en novilladas, donde todo boyancón es de recibo.
Hechos á torear mansos, al tomar la alternativa y encontrarse con toros
ligeros y bravos, los toreros madrileños andan de primeras torpes y
desmañados. Al contrario de lo que suele sucederles á los fenómenos
novilleriles de Andalucía, que, acostumbrados á torear allí toritos
fáciles y ligeros, al primer toro de la tierra que ven asomar por los
toriles andan de cabeza y se acabó el fenómeno.
Con Vicente Pastor hicieron horrores las empresas. Recuerdo una corrida
de novillos, con lucha entre un león y un toro como amenidad de mayor
atractivo, y en ella Vicente Pastor hubo de torear con el estorbo de
una gran jaula en medio del redondel; y por si esto no bastara, como
después de la lucha no hubo medio de sacar al toro de la jaula, el
presidente ordenó la salida del toro de lidia, el cual, naturalmente,
tomó la querencia de su compañero y semejante, y así hubiera tenido
que torearle y que matarle Vicente Pastor si la protesta unánime del
público no hubiera obligado al presidente á disponer la retirada del
toro enjaulado.
Luego se espantan los empresarios si los toreros, cuando llega la suya,
tienen exigencias.
Vicente Pastor no ha llegado por intrigas; no, ciertamente. Bien puede
estar orgulloso de ello; ha llegado, como buen madrileño, sin deber
nada á nadie. Y hoy habrá toreros más vistosos, más bonitos, más
alegres; pero lo único verdad, lo único serio, el único toreo de buena
ley que se ve en las Plazas es el de Vicente Pastor, el madrileño.
* * * * *
El Hotel Palace se levanta soberbio como un gran transatlántico. Aquel
trozo de Madrid, de tan señorial aspecto cuando los tres linajudos
palacios, de Medinaceli, del Infantado y de Vistahermosa, eran todo un
caserío; tan desolado, cuando el inmenso solar del primero de dichos
palacios llenaba de obscuridad y de tristeza aquella parte de Madrid;
hoy, con el gran hotel á la moderna, ha cobrado un aire cosmopolita, de
playa ó de balneario á la moda, con su Casino resplandeciente de luces,
bullicioso de multitud pasajera, con su música bailable y su ejército
de servidores.
Con el hotel Ritz y el Palace ya cuenta Madrid con dos hoteles
europeos. Quizás los precios sean más asiáticos que europeos y, por
este lado, el problema de los alojamientos en Madrid no se haya
resuelto con arreglo á la capacidad española. Es de esperar que los
europeos y los americanos nos sostendrán estos lujos, que para nosotros
solos serían excesivos.
Ya no hay pretexto para no venir á Madrid. Y, en verdad, ahora que
tanto se habla del turismo y tendremos en Madrid un Congreso para
discutir cuanto al turismo se refiere, todo el problema es este: ¿No
acuden los turistas á España por falta de buenos hoteles, ó no hay
buenos hoteles en España por falta de turistas? Problema biológico: ¿Es
la función la que crea el órgano ó el órgano la función?
De cualquier modo, hay mucho que agradecer á los que así arriesgan su
dinero en el órgano, anticipándose á la función.
El viajero de raza no retrocede ante las incomodidades; pero el viajero
de raza es poco productivo; suele viajar á pie y sin dinero. Al
viajero _snob_, que es el más provechoso, hay que atraerle con mucho
mimo y cultivarle con todo regalo. Una catedral gótica, las ruinas
de un castillo son admirables después de una buena comida en un buen
hotel. Tan admirables, que algún viajero que sólo venía por admirar
la catedral ó las ruinas, deja de visitarlas por el gusto de volver á
un hotel donde tan bien se come. Porque si es verdad que un cuadro de
Velázquez compensa de una mala fonda, también es verdad que una buena
fonda compensa de no ver el cuadro.