_Viernes 24._--“¿Por qué, Enrique, después que nuestro padre te censuró
el que te hubieses portado mal con Coreta, has hecho conmigo aquella
acción? No te puedes imaginar la pena que he tenido. ¿No sabes que
cuando tú eras niñito estaba al lado de tu cuna horas y horas, en vez
de ir a divertirme con mis amigas, y que cuando estabas malo, todas
las noches saltaba de la cama para ver si quemaba tu frente? ¿No sabes
tú que ofendes a tu hermana, que ella haría de madre si una tremenda
desgracia nos afligiese, y te querría tanto como a un hijo? ¿No sabes
que cuando nuestro padre y nuestra madre no existan, yo seré tu mejor
amiga, la sola con quien podrás hablar de nuestros muertos y de la
infancia, y que si fuera preciso trabajaría para ti, Enrique, para
poder tener pan y hacerte estudiar, y que te querré siempre cuando seas
grande, y te seguiré con mi pensamiento cuando estés lejos, sin cesar,
porque hemos crecido juntos y tenemos la misma sangre? ¡Oh, Enrique,
tenlo por seguro! Cuando seas hombre, si te ocurre una desgracia, si
estás solo, estoy segura que me buscarás y me vendrás a decir: ‘Silvia,
hermana, déjame estar contigo; hablemos de cuando éramos felices, ¿te
acuerdas? Hablemos de nuestra madre, de nuestra casa, de aquellos días
hermosos tan lejanos’. ¡Ah Enrique! Siempre encontrarás a tu hermana
con los brazos abiertos. Sí, querido Enrique, y perdóname también
el regaño que ahora te hago. Yo no me acordaré de ninguna sinrazón
tuya, ni aun cuando me dieses otros disgustos. ¿Qué me importa? Serás
siempre mi hermano; del mismo modo no me acordaré de otra cosa más que
de haberte tenido en mis brazos cuando niño, haber querido al padre y
a la madre contigo, haberte visto crecer y haber sido por tantos años
tu más fiel compañera. Pero escríbeme alguna palabra en este mismo
cuaderno, y yo pasaré de nuevo a leerla antes de la noche. Entretanto,
para demostrarte que no estaba incomodada contigo, al ver que estabas
cansado, he copiado por ti el cuento mensual _Sangre romañola_, que
tú debías copiar para el albañilito enfermo; búscalo en el cajoncito
de la izquierda de tu mesa; lo he escrito todo en esta noche mientras
dormías. Escríbeme alguna palabrilla cariñosa, te lo suplico.--_Tu
hermana Silvia_”.
“No soy digno de besar tus plantas.--_Enrique_”.