_Martes 25._--El muchacho que envió el sello al calabrés, es el que
me gusta más de todos. Se llama Garrón, y es el mayor de la clase;
tiene cerca de catorce años, la cabeza grande y los hombres anchos;
es bueno, se le conoce hasta cuando ríe, y parece que piensa siempre
como un hombre. Ahora conozco yo a muchos de mis compañeros. Otro me
gusta también, se apellida Coreta, y usa un chaleco de punto, color
de chocolate, y gorra de piel. Siempre está alegre. Es hijo de un
empleado de ferrocarriles que ha sido soldado en la guerra de 1866, de
la división del príncipe Humberto, y que dicen tiene tres cruces. El
pequeño Nelle es un pobre jorobadito, gracioso, de rostro descolorido.
Hay uno muy bien vestido, que se está siempre quitando las motas de
la ropa, y de nombre Votino. En el banco delante del mío hay otro
muchacho que llaman el albañilito, porque su padre es albañil; de cara
redonda como una manzana y de nariz roma. Tiene particular habilidad
para poner el hocico de liebre; todos le piden que lo haga y se ríen;
lleva un sombrerillo viejo que se lo encasqueta como pañuelo. Al lado
del albañilito está Garofi, un tipo alto y grueso, con la nariz de pico
de loro y los ojos muy pequeños, que anda siempre vendiendo plumas,
estampas y cajas de fósforos, y se escribe la lección en las uñas para
leerla a hurtadillas. Hay después un señorito, Carlos Nobis, que parece
algo orgulloso y se halla entre dos muchachos que me son simpáticos:
el hijo de un forjador de hierro, metido en una chaqueta que le llega
hasta las rodillas, pálido, con palidez de enfermo, que parece siempre
asustado y que no se ríe nunca; y otro con los cabellos rojos, que
tiene un brazo inmóvil y lo lleva pegado al cuerpo; su padre está en
América y su madre vende hortalizas. Es también un tipo curioso mi
vecino de la izquierda: Estardo, pequeño y tosco, sin cuello, gruñón;
no habla con nadie, y creo que entiende poco; pero no quita el ojo del
maestro, sin mover los párpados, con la frente arrugada y apretados
los dientes; y si le preguntan cuando el maestro habla, la primera y
la segunda vez no responde, y la tercera pega un cachete. Tiene a su
lado a uno de fisonomía obscura y sucia, que se llama Franti y que fué
expulsado ya de otra escuela. Hay también dos hermanos, con vestidos
iguales, que parecen gemelos y que llevan sombreros calabreses, con
plumas de faisán. Pero el mejor de todos, el que tiene más ingenio,
el que también será este año el primero, de seguro, es Deroso; y el
maestro, que ya lo ha comprendido así, le pregunta siempre. Yo, sin
embargo, quiero más a Precusa, el hijo del herrero, el de la chaqueta
larga, el que parece enfermo. Dicen que su padre le pega. Es muy
tímido; cada vez que pregunta o toca a alguien, dice: “Dispénsame”; y
mira constantemente con ojos tristes y bondadosos. Garrón, sin embargo,
es el mayor y el mejor de todos.