«¡Cuán honda, oh cielos, será!,» 25
Dije, mi tumba mirando,
Que va tragando, tragando,
Cuanto nació y nacerá.
Y huyendo del vil rincón {p. 319}
Donde al fin seré arrojado,
Los ojos metí espantado
Dentro de mi corazón.
Mas cuando dentro miré, 5
Mis ojos en él no hallaron
Ni un sér de los que me amaron,
Ni un sér de los que yo amé.
Si no hallo aquí una ilusión,
Y allí sólo hallo el vacío, 10
¿Cuál es más hondo, Dios mío,
Mi tumba, ó mi corazón?...