Á TERESA

¿Por qué volvéis á la memoria mía,

Tristes recuerdos del placer perdido,

A aumentar la ansiedad y la agonía

De este desierto corazón herido? 30

¡Ay! de aquellas horas de alegría, {p. 271}

Le quedó al corazón solo un gemido,

Y el llanto que al dolor los ojos niegan,

Lágrimas son de hiel que el alma anegan.

¿Dónde volaron ¡ay! aquellas horas 5

De juventud, de amor y de ventura,

Regaladas de músicas sonoras,

Adornadas de luz y de hermosura?

Imágenes de oro bullidoras,

Sus alas de carmín y nieve pura, 10

Al sol de mi esperanza desplegando,

Pasaban ¡ay! á mi alredor cantando.

Gorjeaban los dulces ruiseñores,

El sol iluminaba mi alegría,

El aura susurraba entre las flores, 15

El bosque mansamente respondía,

Las fuentes murmuraban sus amores...

¡Ilusiones que llora el alma mía!

¡Oh! ¡cuán süave resonó en mi oído

El bullicio del mundo y su ruido! 20

Mi vida entonces cual guerrera nave

Que el puerto deja por la vez primera,

Y al soplo de los céfiros süave,

Orgullosa desplega su bandera,

Y al mar dejando que á sus pies alabe 25

Su triunfo en roncos cantos, va velera,

Una ola tras otra bramadora

Hollando y dividiendo vencedora;

¡Ay! en el mar del mundo, en ansia ardiente

De amor volaba, el sol de la mañana 30

Llevaba yo sobre mi tersa frente,

Y el alma pura de su dicha ufana:

Dentro de ella el amor cual rica fuente,

Que entre frescura y arboledas mana,

Brotaba entonces abundante río {p. 272}

De ilusiones y dulce desvarío.

Yo amaba todo: un noble sentimiento

Exaltaba mi ánimo, y sentía

En mi pecho un secreto movimiento, 5

De grandes hechos generosa guía:

La libertad con su inmortal aliento,

Santa diosa mi espíritu encendía,

Contino imaginando en mi fe pura

Sueños de gloria al mundo y de ventura. 10

El puñal de Catón, la adusta frente

Del noble Bruto, la constancia fiera

Y el arrojo de Scévola valiente,

La doctrina de Sócrates severa,

La voz atronadora y elocuente 15

Del orador de Atenas, la bandera

Contra el tirano macedonio alzando,

Y al espantado pueblo arrebatando.

El valor y la fe del caballero,

Del trovador el arpa y los cantares, 20

Del gótico castillo el altanero

Antiguo torreón, do sus pesares

Cantó tal vez con eco lastimero,

¡Ay! arrancada de sus patrios lares,

Joven cautiva, al rayo de la luna, 25

Lamentando su ausencia y su fortuna:

El dulce anhelo del amor que aguarda

Tal vez inquieto y con mortal recelo,

La forma bella que cruzó gallarda,

Allá en la noche, entre el medroso velo; 30

La ansiada cita que en llegar se tarda

Al impaciente y amoroso anhelo,

La mujer y la voz de su dulzura,

Que inspira al alma celestial ternura;

A un tiempo mismo en rápida tormenta, {p. 273}

Mi alma alborotaban de contino,

Cual las olas que azota con violenta

Cólera, impetuoso torbellino:

Soñaba al héroe ya, la plebe atenta 5

En mi voz escuchaba su destino;

Ya al caballero, al trovador soñaba,

Y de gloria y de amores suspiraba.

Hay una voz secreta, un dulce canto,

Que el alma sólo recogida entiende, 10

Un sentimiento misterioso y santo,

Que del barro al espíritu desprende:

Agreste, vago y solitario encanto,

Que en inefable amor el alma enciende,

Volando tras la imagen peregrina 15

El corazón de su ilusión divina.

Yo desterrado en extranjera playa,

Con los ojos extático seguía

La nave audaz que en argentada raya

Volaba al puerto de la patria mía 20

Yo cuando en Occidente el sol desmaya,

Solo y perdido en la arboleda umbría,

Oir pensaba el armonioso acento

De una mujer, al suspirar del viento.

¡Una mujer! En el templado rayo 25

De la mágica luna se colora,

Del sol poniente al lánguido desmayo,

Lejos entre las nubes se evapora:

Sobre las cumbres que florece Mayo

Brilla fugaz al despuntar la aurora, 30

Cruza tal vez por entre el bosque umbrío,

Juega en las aguas del sereno río.

¡Una mujer! Deslízase en el cielo

Allá en la noche desprendida estrella:

Si aroma el aire recogió en el suelo, {p. 274}

Es el aroma que le presta ella.

Blanca es la nube que en callado vuelo

Cruza la esfera, y que su planta huella,

Y en la tarde la mar olas le ofrece 5

De plata y de zafir, donde se mece.

Mujer que amor en su ilusión figura,

Mujer que nada dice á los sentidos,

Ensueño de suavísima ternura,

Eco que regaló nuestros oídos; 10

De amor la llama generosa y pura,

Los goces dulces del placer cumplidos,

Que engalana la rica fantasía,

Goces que avaro el corazón ansía:

¡Ay! aquella mujer, tan sólo aquella 15

Tanto delirio á realizar alcanza,

Y esa mujer tan cándida y tan bella,

Es mentida ilusión de la esperanza:

Es el alma que vívida destella

Su luz al mundo cuando en él se lanza, 20

Y el mundo con su magia y galanura

Es espejo no más de su hermosura:

Es el amor que al mismo amor adora,

El que creó las Sílfides y Ondinas,

La sacra ninfa que bordando mora 25

Debajo de las aguas cristalinas:

Es el amor que recordando llora

Las arboledas del Edén divinas,

Amor de allí arrancado, allí nacido,

Que busca en vano aquí su bien perdido. 30

¡Oh llama santa! ¡celestial anhelo!

¡Sentimiento purísimo! ¡memoria

Acaso triste de un perdido cielo,

Quizá esperanza de futura gloria!

¡Huyes y dejas llanto y desconsuelo! {p. 275}

¡Oh mujer que en imagen ilusoria

Tan pura, tan feliz, tan placentera,

Brindó el amor á mi ilusión primera...

¡Oh Teresa! ¡Oh dolor! Lágrimas mías 5

¡Ah! ¿dónde estáis que no corréis á mares?

¿Por qué, por qué como en mejores días

No consoláis vosotras mis pesares?

¡Oh! los que no sabéis las agonías

De un corazón, que penas á millares 10

¡Ay! desgarraron, y que ya no llora,

¡Piedad tened de mi tormento ahora!

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A Spanish Anthology  A Collection of Lyrics from the Thirteenth Century Down to the Present Time · 第 296 / 355 题