¡No es completa desgracia, 10
Que por ser hoy mis días,
He de verme sitiado
De incómodas visitas!
Cierra la puerta, mozo,
Que sube la vecina, 15
Su cuñada y sus yernos
Por la escalera arriba.
Pero ¡qué!... No la cierres;
Si es menester abrirla;
Si ya vienen chillando 20
Doña Tecla y sus hijas.
El coche que ha parado,
Según lo que rechina,
Es el de don Venancio,
¡Famoso petardista! 25
¡Oh! ya está aquí don Lucas
Haciendo cortesías,
Y don Mauro el abate, {p. 229}
Opositor á mitras,
Don Genaro, don Zoilo,
Y doña Basilisa;
Con una lechigada 5
De niños y de niñas.
¡Qué necios cumplimientos!
¡Qué frases repetidas!
Al monte de Torozos
Me fuera por no oirlas. 10
Ya todos se preparan
(Y no bastan las sillas)
A engullirme bizcochos,
Y dulces y bebidas.
. . . . . . . . . .
¡Demonios! Yo que paso 15
La solitaria vida,
En virginal ayuno
Abstinente eremita;
Yo, que del matrimonio
Renuncié las delicias, 20
Por no verme comido
De tales sabandijas,
¿He de sufrir ahora
Esta algazara y trisca?
Vamos, que mi paciencia 25
No ha de ser infinita.
Váyanse enhoramala;
Salgan todos aprisa,
Recojan abanicos,
Sombreros y basquiñas. 30
Gracias por el obsequio
Y la cordial visita,
Gracias; pero no vuelvan {p. 230}
Jamás á repetirla.
Y pues ya merendaron,
Que es á lo que venían,
Si quieren baile, vayan 5
Al soto de la Villa.