Un señor León andaba, como un perro,
Del valle al monte, de la selva al cerro,
A caza, sin hallar pelo ni lana,
Perdiendo la paciencia y la mañana. 20
Por un risco escarpado
Ve trepar una Cabra á lo encumbrado,
De modo que parece que se empeña
En hacer creer al León que se despeña.
El pretender seguirla fuera en vano; 25
El cazador entonces cortesano
La dice: «Baja, baja, mi querida;
No busques precipicios á tu vida:
En el valle frondoso {p. 226}
Pacerás á mi lado con reposo.—
¿Desde cuándo, señor, la real persona
Cuida con tanto amor de la barbona?
Esos halagos tiernos 5
No son por bien, apostaré los cuernos.»
Así le respondió la astuta Cabra;
Y el Léon se fué sin replicar palabra.
_Lo paga la infeliz con el pellejo,
Si toma sin examen el consejo._ 10