¡Cuán grande y admirable,
Oh Señor, en quien nuestro bien se encierra, 30
Es tu nombre adorable
En todo cuanto cierra
La redondez inmensa de la tierra!
Pues la magnificencia
Que en tus excelsas obras se ha mostrado, 35
En poderío y ciencia
Así ha sobrepujado,
Que más que el alto cielo se ha elevado.
Sacaste tú alabanza
De infantil boca, que aun enjuga el pecho; 40
La enemiga alianza
Confundida, y deshecho {p. 216}
El odio vengador y su despecho.
Que si los cielos miro,
Esmero de tu mano omnipotente,
Y el desvelado giro 5
De la luna luciente,
Y de estrellas el coro refulgente,
Luego digo, admirando:
¿Qué es el hombre, que tanto le encareces
Tu amor, ó el engendrado 10
Del hombre, que mil veces
Con tu visitación le favoreces?
Poco menos le hiciste
Que el ángel, y de honor le coronaste
Y gloria, y le pusiste, 15
Luego que le formaste,
Sobre todas las cosas que criaste.
Y todo sometido
Lo dejaste á sus pies y á su mandado;
El rebaño vestido 20
De lana, el buey pausado,
Y cuanto pace yerba en monte ó prado;
Y las ligeras aves,
Que alzan el vuelo á la región vacía.
Y los pescados graves, 25
Que cruzan á porfía
Las sendas de la mar salada y fría.
¡Cuán grande y admirable,
Oh Señor, en quien nuestro bien se encierra,
Es tu nombre adorable 30
En todo cuanto cierra
La redondez inmensa de la tierra!
Al Padre poderoso,
Al Hijo sin fin sabio, y al supremo
Espíritu amoroso {p. 217}
Se dé el honor eterno
Ahora y siempre y por siglo sempiterno.