Suave sueño, tú, que en tardo vuelo
Las alas perezosas blandamente 5
Bates, de adormideras coronado,
Por el puro, adormido y vago cielo,
Ven á la última parte de occidente,
Y de licor sagrado
Baña mis ojos tristes; que cansado 10
Y rendido al furor de mi tormento,
No admito algún sosiego,
Y el dolor desconhorta al sufrimiento.
Ven á mi ruego humilde, ¡oh amor de aquella
Que Juno te ofreció, tu ninfa bella! 15
Divino sueño, gloria de mortales,
Regalo dulce al mísero afligido;
Sueño amoroso, ven á quien espera
Cesar del ejercicio de sus males,
Y al descanso volver todo el sentido. 20
¿Cómo sufres que muera
Lejos de tu poder quien tuyo era?
¿No es dureza olvidar un solo pecho
En veladora pena,
Que sin gozar del bien que al mundo has hecho, 25
De tu vigor se ajena?
Ven, sueño alegre, sueño, ven, dichoso;
Vuelve á mi alma ya, vuelve el reposo.
Sienta yo en tal estrecho tu grandeza,
Baja y esparce líquido el rocío, 30
Huya el alba, que en torno resplandece;
Mira mi ardiente llanto y mi tristeza, {p. 88}
Y cuánta fuerza tiene el pesar mío,
Y mi frente humedece;
Que ya de fuegos juntos el sol crece.
Torna, sabroso sueño, y tus hermosas 5
Alas suenen ahora,
Y huya con sus alas presurosas
La desabrida aurora;
Y lo que en mí faltó la noche fría
Termine la cercana luz del día. 10
Una corona, ¡oh sueño!, de tus flores
Ofrezco; tú produce el blando efeto
En los desiertos cercos de mis ojos;
Que el aire, entrejido con olores,
Halaga y ledo mueve en dulce afeto; 15
Y de estos mis enojos
Destierra, manso sueño, los despojos.
Ven pues, amado sueño, ven, liviano;
Que del rico oriente
Despunta el tierno Febo el rayo cano. 20
Ven ya, sueño clemente,
Y acabará el dolor; así te vea
En brazos de tu cara Pasitea.