Pues la santa Inquisición 15
Suele ser tan diligente
En castigar con razón
Cualquier secta y opinión
Levantada nuevamente,
Resucítese Lucero 20
A corregir en España
Una muy nueva y extraña,
Como aquella de Lutero
En las partes de Alemaña.
Bien se pueden castigar 25
A cuenta de Anabaptistas,
Pues por ley particular {p. 76}
Se tornan á bautizar
Y se llaman Petrarquistas.
Han renegado la fe
De las trovas castellanas, 5
Y tras las italianas
Se pierden, diciendo que
Son más ricas y galanas.
El juicio de lo cual
Yo lo dejo á quien más sabe; 10
Pero juzgar nadie mal
De su patria natural
En gentileza no cabe;
Y aquella cristiana musa
Del famoso Juan de Mena, 15
Sintiendo desto gran pena,
Por infieles los acusa
Y de aleves los condena.
«Recuerde el alma dormida,»
Dice don Jorge Manrique; 20
Y mostróse muy sentida
De cosa tan atrevida,
Porque más no se platique.
Garci-Sánchez respondió:
«¡Quién me otorgase, Señora, 25
Vida y seso en esta hora
Para entrar en campo yo
Con gente tan pecadora!»
«Si algún Dios de amor había,
Dijo luego Cartagena, 30
Muestre aquí su valentía
Contra tan gran osadía,
Venida de tierra ajena.»
Torres Naharro replica:
«Por hacer, Amor, tus hechos {p. 77}
Consientes tales despechos,
Y que nuestra España rica
Se prive de sus derechos.»
Dios dé su gloria á Boscán 5
Y á Garcilaso, poeta,
Que con no pequeño afán
Y con estilo galán
Sostuvieron esta seta,
Y la dejaron acá 10
Ya sembrada entre la gente;
Por lo cual debidamente
Les vino lo que dirá
Este soneto siguiente: