De los tormentos de amor,
Que hacen desesperar,
El que tengo por mayor
Es no poderse quejar
El hombre de su dolor. 5
Cualquier mal es duro y fuerte,
Y tiene su furor loco;
Mas el mío es de tal suerte,
Que consume poco á poco,
Hasta llegar á la muerte. 10
No hay mal que con publicallo
No se acabe, aunque sea fiero;
Mas yo, cuitado, que callo,
¿Cómo es posible pasallo,
Si de entrambas cosas muero? 15
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
¡Oh, tiempo para llorarse,
Donde se sufre y se espera,
Y áun para desesperarse,
Pues quieres que un triste muera
Sin el gusto de quejarse! 20
Y pues en todo recibo
Agravio con daño cierto,
Hagan bien á este cautivo,
Que está, de medroso, muerto;
De desesperado, vivo. 25