¡Ah lágrimas tristes, ah tristes cuydados!
¡Ah graves angustias, ah mortal dolor!
Tú te apareja, discreto lector,
Leyendo mis llantos tan amargurados. 15
Mortales singultos, sospiros dobrados,
Dad fin á my vyda, que es pena mayor,
Y quiebren mis ojos, pues vieron quebrados
Los vuestros, ah príncipe, nuestro señor.
¿Qué fué de la vuestra tan linda estatura, 20
Que tanto excedía las otras del mundo,
La frente serena del rrostro jocundo?
¿Qué fué de la vuestra ermosa fegura?
¿A dó hallaremos á la hermosura
De los vuestros ojos tan mucho estremados? 25
¡Vayamos, seguidme, oh desventurados,
Rrompamos, rrompamos la su sepultura!
A ver si hallaremos sus muy sublimadas {p. 14}
Virtudes ynmensas, autos muy umanos;
A ver si hallaremos sus muy lindas manos,
Por muchas merçedes de todos besadas.
¡Oh fiyestas malditas, desaventuradas, 5
Que luego tan presto vos avéys tornado
En lloro el prazer, en xerga el brocado,
Las danças en otras muy desatynadas!
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .