1884—«Brillant»—1889

Oh! vieux, dernier ami que mon pas réjouisse,

Leche mas yeux mouillés, mets ton cur près du mien,

Et seul pour nous aimer, aimons-nous, pauvre chien!

Y esta otra:

A ma bonne «Kiss» chérie.—26 Sbre. 1900.

Malgré tout!

Bonne Kissoute blanche.

Gaîté, sûre, mêlant ta voix claire à ma vie

N’enfermais-tu fidèle, et me léchant la main,

Sous ta forme de chien, tout le cur d’une amie?

Una, muy modesta, rodeada de conchas y hierbas:

A «Ivan», notre bon chien, aimant et fidèle.

12 Juin 1901.

Hay un recuerdo de pintor. Junto á la tumba humilde,

una tablita con la imagen del perro pachón, á quien se da

cita en la inmortalidad:

Au revoir dans l’infini, mon Philos.

Un inglés:

«Ruby Smith».—His litte Pet.—December 22nd 1901.

«Beloved Alec».—My faithful companion for

11 years.—June 9th 1901.

Encuentro la fotografía de un perrito de aguas sobre un

caballo:

1888.—A «Nenette».—1900.—Ma petite Nenette

chérie. De notre séparation la doleur est inmense. Et

je veux des fleurs chaque fois qu’à toi je pense.

Y una familia de japoneses: «Osaka—Tokio y Daimio», en un mismo

sepulcro, de lujo, cerca de Athos, enterrado bajo una fina placa de

porcelana.

Hay varias tumbas con citas de prosa y versos célebres sobre las

virtudes de los animales, y una estrofa original en la tumba de dos

perros de Mme. Tola Dorian, suegra de Jorge Hugo, el nieto del gran

poeta:

«Sapho» et «Djérid»

Amis de Tola Dorian

Si ton âme, Sapho, n’accompagne la mienne

Oh cher et noble ami, aux ignorés séjours.

Je ne veux pas du ciel! Je veux, quoi qu’il advienne,

M’endormir comme toi, sans reveil pour.

El departamento de los gatos es más pequeño que el de los perros;

pero en varios sepulcros de micifuces hay quejas plañideras y citas

de Baudelaire, que, como se sabe, era un gran amigo de los gatos. Y

la sección de los pajaritos es más chica todavía, aunque cuenta con

curiosas minúsculas tumbas, como las del jilguero Gazouillis, de

quien cuenta la leyenda que Paul y Jeanne lo encontraron al salir de

la escuela, y que era ciego, porque para que cantase mejor le habían

sacado los ojos sus primeros dueños.

* * * * *

Veamos bien las cosas. La parte anarquista que hay en mí se ablanda

si ahondo los motivos de tan inútiles derroches de sentimentalismo y

de francos. No soy un fanático en la lealtad perruna, porque he visto

prácticamente que ella no es tan fundamental como se cree. El perro es

interesado y sinvergüenza; el gato es vanidoso y maligno. Pero Voltaire

y Byron tenían razón: el estimable rey de la creación no es mejor que

los otros animales. Antes que Byron, alguien había escrito: «Mientras

más conozco á las gentes amo más á los perros.» Y Hugo, que descubrió

en ellos el sudor en la lengua y la sonrisa en la cola: «El perro es la

virtud, que, no pudiendo hacerse hombre, se hace bestia.» Me explico el

hombre triste, solitario, hosco á golpes de la vida, desconfiado de sus

semejantes, en esta inmensa selva de lobos bípedos en que vivimos y que

llamamos mundo. Desengañado, herido, burlado por la amistad, desgarrado

por el amor, desdeñado por la consecuencia, encuentra en un perro el

silencio afecto, la caricia de los ojos, la cuasi palabra del ladrido

inteligente, el salto que equivale á un apretón de manos. Y en sus

horas amargas mira al compañero cuadrúpedo como que quiere participar

de su dolor, como que le quiere consolar, como que busca la manera de

hacerse entender y como que comprende las palabras y las miradas.

Es un amigo, es una cosa en que poner el cariño que no halla colocación

por la maldad, por la falsía, por la ferocidad humana. Y ese hombre

quiere á su perro con el querer que pondría en un sér inteligente,

y con el egoísmo de quien se siente querido, así sea por esa ínfima

alma instintiva que apenas puede formular su volición en la prisión

misteriosa de su naturaleza. Él es su compañero de paseo y su ayuda

de caza. En el reposo de su soledad se echa á sus pies. En él hay una

vaga comprensión de justicia, como en el perro de Benvenuto ó el de

Montargio. Su bondad ó su maldad serán como las de su amo. El perro del

bandido será bandido, como el perro del ciego es limosnero, como el

perro del artista es soñador. La heroicidad no es ajena á su instinto.

Moustachu tiene aquí su estatua, como Cuatrorremos, el bombero, es

recordado en Santiago de Chile.

Perros y gatos domésticos, pájaros como el loro del _Corazón simple_,

de Flaubert, pasan, benéficos, en un ambiente de sentimiento, en la

estéril soledad de las viejas solteronas sin familia. ¡Pobres viejas

solas! El animal querido es para ellas todo su amor; en él ponen las

ternuras que no encontraron correspondencia ó que la suerte no pudo

premiar con la realización de un ardiente deseo. No hay marido, no

hay hijos, no hay más compañía que la de venales sirvientes, y si

la pobreza es mucha, la soledad reina. Entonces el gato sigue por

las habitaciones á la anciana; el perro se hace presente; come al

mismo tiempo el escaso puchero y duerme á veces en el mismo lecho. Es

una ayuda, es un espíritu, es un corazón que palpita al lado, y en

ocasiones ha sido el salvador de la vida. Mueren esos animales; el

desconsuelo es tan grande como si muriese una persona amada. Hay quien

los entierra en el jardín de su casa, y los llora y los recuerda por

toda la vida. Se creó el cementerio de animales, y allí van, con más

ó menos pompa, Bob, Turc, Sultán, León, Stop, Mistigris, Miau, Bijou,

Fifí, Lilí, Tití, y demás apelativos onomatopéyicos.

Desde la extraña necrópolis se ven las aguas del Sena, á un paso.

Arboles frondosos dan sombra, y el perfume de las flores abundantes

hace grato el aire. Al salir me llamó la atención un monumento sobre el

cual se alza una corona heráldica. Es el de una perra de la princesa

Cerchiara Pignatelli. La dedicatoria explica una vida de sufrimiento,

mitigada por la compañía del fiel animal, y ve uno cómo se juntan en

los mismos simples afectos, las sensibles porteras y las aristocráticas

damas. Las penas son las mismas. El dolor de la vida tiene las mismas

llaves que la muerte, y abre todas las puertas. No lejos, un gran pavo

real de bronce se levanta sobre artísticas rocas revestidas de variadas

flores.

La misma niña y la misma perra me despiden en la puerta. Sé que

la perra es conocida de todo el pueblo, y que es inteligente y ha

realizado varias proezas. No hace mucho tiempo, Spera—ese es su

nombre—intentó una buena acción, con un su semejante, pero no tuvo

éxito. Alguien ató á un perrillo una piedra en el cuello y lo echó al

Sena. El animalito logró sostenerse por un momento en unas ramas de la

orilla. Spera lo vió y se puso á ladrar desesperadamente. Llegaron los

guardianes del cementerio, y con ayuda de una caña, quisieron sacar al

pobre animal que se ahogaba. Fué imposible, pues el peso de la piedra

lo arrastró al fondo.

A falta de un _biefteack_ de despedida que ofrecerle, pasé á Spera la

mano por el lomo. Y volví á París.

[Ilustración]

[Ilustración]

Parisiana Obras Completas, Vol. V · 第 32 / 33 题