Si vale decir verdad, cuando salió del caserón solariego como alma que
lleva el diablo, por no oir la retahíla de palabrotas y berridos con que
don Pedro contestó á su arenga, no sabía el comandante ni hacia dónde
dirigirse ni á qué santo encomendarse para cumplir el programa de
encontrar á su sobrina. La hora era además tan cruel y el calor tan
intolerable, que sólo estando á mal con la vida podía nadie echarse á
andar por los senderos calcinados. Estarían cayendo las dos de la tarde,
el momento en que los habitantes así racionales como irracionales de
los Pazos se aprestaban á gozar las delicias de la siesta, tendiéndose
cuál panza arriba, cuál de costado para roncar; despatarrados los
gañanes sobre los haces de paja, y estirados en completa inmovilidad los
perros, sacudiendo solamente una oreja cuando se les posaba encima
importuna mosca.
Por vivo que fuese el celo de Gabriel, comprendió la locura de salir á
descubierta en momentos semejantes, é instintivamente buscó una sombra
donde guarecerse y consultar consigo mismo. Dió consigo en la linde del
soto, al pie de un castaño, sinó de los más altos, de los más acopados y
frondosos, sobre cuyas flores caídas, que mullían dobladamente el tapiz
de manzanilla y grama, encontró buen recostadero.
* * * * *
--No hay remedio...--comenzó á devanar Gabriel.--Yo corto por lo sano...
El animal de mi cuñado, tengo que reconocerlo, no ve _esto_ que veo
yo... Es que si lo viese y viéndolo lo consintiese... nada, cuatro
tiros.
* * * * *
--Y yo ¿qué veo, en resumen? ¿Tiene fundamento, tiene cuerpo, tiene base
esta idea? ¡No, y renó! Aquí no hay más que una cuestión de
conveniencias desatendidas... impremeditaciones é ignorancias de una
montañesilla inexperta... bárbara indiferencia, atroz descuido de un
hombre zafio y adocenado... fatalidades de educación, de medio
ambiente...
* * * * *
--No puede negarse que mi venida aquí ha sido providencial. El abandono
en que está la niña, hija de mi pobre Nucha, clama al cielo... Debí
enterarme antes, mucho antes. He dejado pasar años sin tomarme la
molestia... Bien, yo no podía tampoco suponer... ¡Qué calor! Comprendo á
los japoneses...
* * * * *
Suspiró y cortó una rama de castaño para abanicarse con ella. Lo que le
sofocaba era, más que la temperatura, la reacción del reciente acceso de
cólera. El café que acababa de paladear le había dejado en la lengua un
amargor agradable, y le producía ese ligero eretismo cerebral tan
propicio á la creación artística y á la fácil emisión de la palabra. La
naturaleza desfallecía, y el rumoroso silencio del bosque, el ronco
quejido de la presa, la fragancia de las flores del castaño, ayudaban á
exaltar la fantasía de Gabriel, muy inclinada, como sabemos, á echarse
por esos trigos.
* * * * *
--¿Por qué causa tal impresión la naturaleza? Yo lo había leído en
libros, pero me costaba mis trabajos creerlo... Esto de que, porque uno
vea cuatro montañas y media docena de nubes, se ponga á meditar sobre
orígenes, causas, el sér, la esencia, la fatalidad, y otras cien mil
cosazas que carecen de solución! ¡Empeñarnos en que la naturaleza tiene
voces, y voces que dicen algo misterioso y grande! ¡Ay... á esto sí que
se le puede llamar chifladura! ¡Voces... Voces! ¡Unas voces que están
hablando hace miles y miles de años, y á cada cual le dicen su cosa
diferente! Deduzco que ellas no dicen maldita la cosa... y que nosotros
las interpretamos á nuestra manera... Lo que pasa con las campanas:
enseguida cantan lo que á uno se le antoja... Las voces están dentro...
A mi cuñado le suena la naturaleza así:--¡Buen día de maja!--Y al
creyente le murmura que hay Dios...
* * * * *
--¿Que no existe el mundo exterior; que lo creamos nosotros? ¡Puf!
Idealismo trascendental... Váyase á paseo este afán de escudriñar el
fondo de todas las cosas...
* * * * *
Un saltón verde, muy zanquilargo, vino á posarse en la mano del
pensador. Gabriel le cogió por las zancas traseras y le sujetó algún
tiempo, divirtiéndose en ver la fuerza que hacía para soltarse. Al fin
aflojó, y el bicho se puso en cobro pegando un brinco fenomenal.
* * * * *
--Y á Manuela ¿qué le dirá la señora naturaleza, la única mamá que ha
conocido?
* * * * *
En la memoria de Gabriel, como en placa fonográfica, empezaron á revivir
fragmentos de la lectura de la noche anterior, sólo que encontrándoles
un sentido y dándoles un alcance nuevo de respuesta á la última
pregunta.
* * * * *
--«La sazón es fresca y el campo está hermoso: todas las cosas favorecen
á tu venida y ayudan á nuestro amor, y parece que la naturaleza nos
adereza y adorna el aposento... Voz de mi amado se oye: veislo viene
atravesando por los montes y saltando por los collados... La izquierda
suya debajo de mi cabeza, y su derecha me abrazará... Hablado ha mi
amado y díjome: levántate, amiga mía, galana mía, y vente... Ya ves,
pasó la lluvia y el invierno fuése. Los capullos de las flores se
demuestran en nuestra tierra, el tiempo de la poda es venido, oída es la
voz de la tórtola en nuestro campo: la higuera brota sus higos, y las
pequeñas uvas dan olor: por ende levántate, amiga mía, hermosa mía y
ven.»
* * * * *
--Según los garrapatos que he visto en la edición, Manuela y su... ¡lo
que sea! aprendieron á leer por ese libro... Tiene algo de simbólico...
La más negra no es el texto, sino los comentarios... Cuidado con aquello
que dice de que el jugar á esconderse burlando es regalo y juego
graciosísimo del amor... Sí, que no sabrían ellos solos retozar entre
los árboles... Pues y el enseñarles á que se fijen y reparen en los
arrullos de las palomas y en los amoríos de los avechuchos?
* * * * *
--Lo más tremendo es la manía de llamarla _hermana_... «Robaste mi
corazón, hermana mía esposa, robaste mi corazón con uno de los tus ojos
en un sartal de tu cuello... Panal que destila tus labios, esposa, miel
y leche está en tu lengua; y el olor de tus vestidos, como el olor del
incienso. Huerto cerrado, hermana mía esposa...»
* * * * *
--Este lenguaje oriental...
* * * * *
--«¿Quién te me dará como hermano que mamase los pechos de mi madre?
Hallaríate fuera, besaríate, y ya nadie me despreciaría.»
* * * * *
--Con permiso de Fray Luís de León: lo que es sus comentarios á este
pasaje, son una confusión lastimosa entre el amor y la fraternidad. No
me negará nadie que es bonita escuela para las señoritas lo que dice á
propósito de los amores desiguales... Cosa más disolvente que estos
místicos y contempladores... ¡y el pasaje está más claro que el agua..!
* * * * *
--«Porque se ha de entender que entre dos personas (aunque las demás
calidades ó que se adquieren por ejercicio ó que vienen por caso de
fortuna ó que se nace con ellas) puede haber y hay grandes y notables
diferencias; pero unidas en caso de amor y voluntad, porque esta es
señora y libre así como en todo es libre y señora; así todos en ella
son iguales, sin conocer ventaja del uno al otro, por diferentes estados
y condiciones que sean.»
* * * * *
--¡Caracoles con Fray Luís!
* * * * *
--Quieto, Gabriel, que estás discurriendo como un quídam, sin asomo de
cultura, como si toda tu vida no te hubieses esforzado en ser
racional... racional. Si tu sobrina ha leído eso, sería de niña, cuando
deletreaba; y á fuerza de ser clásico y castizo y repulido, ni lo
entendió entonces, ni lo entendería ahora. Esta lectura te hace efecto y
te da en qué pensar á ti, por lo mismo que estás muy civilizado y muy
saturado de libros y muy harto de meterte en honduras... Lo que es á
ellos... No has de ser majadero por empeñarte en ser sagaz.
* * * * *
--Se me figura que la naturaleza se encara conmigo y me dice: Necio, pon
á una pareja linda, salida apenas de la adolescencia, sola, sin
protección, sin enseñanza, vagando libremente, como Adán y Eva en los
días paradisíacos, por el seno de un valle amenísimo, en la estación
apasionada del año, entre flores que huelen bien, y alfombras de mullida
hierba capaces de tentar á un santo. ¿Qué barrera, qué valla los divide?
Una enteramente ilusoria, ideal, valla que mis leyes, únicas á que ellos
se sujetan, no reconocen, pues yo jamás he vedado á dos pájaros nacidos
en el mismo nido que aniden juntos á su vez en la primavera próxima... Y
yo, única madre y doctora de esa pareja, soy su cómplice también, porque
la palabra que les susurro y el himno que les canto, son la verdadera
palabra y el himno verdadero, y en esa palabra sola me cifro, y por esa
palabra me conservo, y esa palabra es la clave de la creación, y yo la
repito sin cesar, pues todo es en mí canto epitalámico, y para
entenderlo, simple! ¿qué falta hacen libros ni filosofías?
* * * * *
--Pero es cosa que eriza los pelos... La hija de mi hermana, la
esperanza de mi corazón, caída en ese abismo... ¡Qué monstruosidad
horrible! y no hay duda... Soy un idiota en no haberlo comprendido desde
luego... Presentimiento sí que lo tenía... Algo me dió el corazón ya en
casa de Máximo Juncal... Ay, Nucha, pobre mamita, y qué bien hiciste en
morirte... Todo el día solos, campando por su respeto á una ó dos leguas
de la casa... ¿Qué hacen á estas horas? ¿En qué clase de juego
entretienen la siesta? De seguro...
* * * * *
--Maldito yo por no venir antes. Aunque sabe Dios desde cuándo... ¿Y qué
hago ahora aquí, cavilando y lamentándome? Tocan á moverse... á
buscarla, voto á sanes! y á deshacer este enredo horrible, y á sacarla
de la abyección, y á cortar de raíz...
* * * * *
--¿Hacia dónde tomarían?