XXV

Si vale decir verdad, cuando salió del caserón solariego como alma que

lleva el diablo, por no oir la retahíla de palabrotas y berridos con que

don Pedro contestó á su arenga, no sabía el comandante ni hacia dónde

dirigirse ni á qué santo encomendarse para cumplir el programa de

encontrar á su sobrina. La hora era además tan cruel y el calor tan

intolerable, que sólo estando á mal con la vida podía nadie echarse á

andar por los senderos calcinados. Estarían cayendo las dos de la tarde,

el momento en que los habitantes así racionales como irracionales de

los Pazos se aprestaban á gozar las delicias de la siesta, tendiéndose

cuál panza arriba, cuál de costado para roncar; despatarrados los

gañanes sobre los haces de paja, y estirados en completa inmovilidad los

perros, sacudiendo solamente una oreja cuando se les posaba encima

importuna mosca.

Por vivo que fuese el celo de Gabriel, comprendió la locura de salir á

descubierta en momentos semejantes, é instintivamente buscó una sombra

donde guarecerse y consultar consigo mismo. Dió consigo en la linde del

soto, al pie de un castaño, sinó de los más altos, de los más acopados y

frondosos, sobre cuyas flores caídas, que mullían dobladamente el tapiz

de manzanilla y grama, encontró buen recostadero.

* * * * *

--No hay remedio...--comenzó á devanar Gabriel.--Yo corto por lo sano...

El animal de mi cuñado, tengo que reconocerlo, no ve _esto_ que veo

yo... Es que si lo viese y viéndolo lo consintiese... nada, cuatro

tiros.

* * * * *

--Y yo ¿qué veo, en resumen? ¿Tiene fundamento, tiene cuerpo, tiene base

esta idea? ¡No, y renó! Aquí no hay más que una cuestión de

conveniencias desatendidas... impremeditaciones é ignorancias de una

montañesilla inexperta... bárbara indiferencia, atroz descuido de un

hombre zafio y adocenado... fatalidades de educación, de medio

ambiente...

* * * * *

--No puede negarse que mi venida aquí ha sido providencial. El abandono

en que está la niña, hija de mi pobre Nucha, clama al cielo... Debí

enterarme antes, mucho antes. He dejado pasar años sin tomarme la

molestia... Bien, yo no podía tampoco suponer... ¡Qué calor! Comprendo á

los japoneses...

* * * * *

Suspiró y cortó una rama de castaño para abanicarse con ella. Lo que le

sofocaba era, más que la temperatura, la reacción del reciente acceso de

cólera. El café que acababa de paladear le había dejado en la lengua un

amargor agradable, y le producía ese ligero eretismo cerebral tan

propicio á la creación artística y á la fácil emisión de la palabra. La

naturaleza desfallecía, y el rumoroso silencio del bosque, el ronco

quejido de la presa, la fragancia de las flores del castaño, ayudaban á

exaltar la fantasía de Gabriel, muy inclinada, como sabemos, á echarse

por esos trigos.

* * * * *

--¿Por qué causa tal impresión la naturaleza? Yo lo había leído en

libros, pero me costaba mis trabajos creerlo... Esto de que, porque uno

vea cuatro montañas y media docena de nubes, se ponga á meditar sobre

orígenes, causas, el sér, la esencia, la fatalidad, y otras cien mil

cosazas que carecen de solución! ¡Empeñarnos en que la naturaleza tiene

voces, y voces que dicen algo misterioso y grande! ¡Ay... á esto sí que

se le puede llamar chifladura! ¡Voces... Voces! ¡Unas voces que están

hablando hace miles y miles de años, y á cada cual le dicen su cosa

diferente! Deduzco que ellas no dicen maldita la cosa... y que nosotros

las interpretamos á nuestra manera... Lo que pasa con las campanas:

enseguida cantan lo que á uno se le antoja... Las voces están dentro...

A mi cuñado le suena la naturaleza así:--¡Buen día de maja!--Y al

creyente le murmura que hay Dios...

* * * * *

--¿Que no existe el mundo exterior; que lo creamos nosotros? ¡Puf!

Idealismo trascendental... Váyase á paseo este afán de escudriñar el

fondo de todas las cosas...

* * * * *

Un saltón verde, muy zanquilargo, vino á posarse en la mano del

pensador. Gabriel le cogió por las zancas traseras y le sujetó algún

tiempo, divirtiéndose en ver la fuerza que hacía para soltarse. Al fin

aflojó, y el bicho se puso en cobro pegando un brinco fenomenal.

* * * * *

--Y á Manuela ¿qué le dirá la señora naturaleza, la única mamá que ha

conocido?

* * * * *

En la memoria de Gabriel, como en placa fonográfica, empezaron á revivir

fragmentos de la lectura de la noche anterior, sólo que encontrándoles

un sentido y dándoles un alcance nuevo de respuesta á la última

pregunta.

* * * * *

--«La sazón es fresca y el campo está hermoso: todas las cosas favorecen

á tu venida y ayudan á nuestro amor, y parece que la naturaleza nos

adereza y adorna el aposento... Voz de mi amado se oye: veislo viene

atravesando por los montes y saltando por los collados... La izquierda

suya debajo de mi cabeza, y su derecha me abrazará... Hablado ha mi

amado y díjome: levántate, amiga mía, galana mía, y vente... Ya ves,

pasó la lluvia y el invierno fuése. Los capullos de las flores se

demuestran en nuestra tierra, el tiempo de la poda es venido, oída es la

voz de la tórtola en nuestro campo: la higuera brota sus higos, y las

pequeñas uvas dan olor: por ende levántate, amiga mía, hermosa mía y

ven.»

* * * * *

--Según los garrapatos que he visto en la edición, Manuela y su... ¡lo

que sea! aprendieron á leer por ese libro... Tiene algo de simbólico...

La más negra no es el texto, sino los comentarios... Cuidado con aquello

que dice de que el jugar á esconderse burlando es regalo y juego

graciosísimo del amor... Sí, que no sabrían ellos solos retozar entre

los árboles... Pues y el enseñarles á que se fijen y reparen en los

arrullos de las palomas y en los amoríos de los avechuchos?

* * * * *

--Lo más tremendo es la manía de llamarla _hermana_... «Robaste mi

corazón, hermana mía esposa, robaste mi corazón con uno de los tus ojos

en un sartal de tu cuello... Panal que destila tus labios, esposa, miel

y leche está en tu lengua; y el olor de tus vestidos, como el olor del

incienso. Huerto cerrado, hermana mía esposa...»

* * * * *

--Este lenguaje oriental...

* * * * *

--«¿Quién te me dará como hermano que mamase los pechos de mi madre?

Hallaríate fuera, besaríate, y ya nadie me despreciaría.»

* * * * *

--Con permiso de Fray Luís de León: lo que es sus comentarios á este

pasaje, son una confusión lastimosa entre el amor y la fraternidad. No

me negará nadie que es bonita escuela para las señoritas lo que dice á

propósito de los amores desiguales... Cosa más disolvente que estos

místicos y contempladores... ¡y el pasaje está más claro que el agua..!

* * * * *

--«Porque se ha de entender que entre dos personas (aunque las demás

calidades ó que se adquieren por ejercicio ó que vienen por caso de

fortuna ó que se nace con ellas) puede haber y hay grandes y notables

diferencias; pero unidas en caso de amor y voluntad, porque esta es

señora y libre así como en todo es libre y señora; así todos en ella

son iguales, sin conocer ventaja del uno al otro, por diferentes estados

y condiciones que sean.»

* * * * *

--¡Caracoles con Fray Luís!

* * * * *

--Quieto, Gabriel, que estás discurriendo como un quídam, sin asomo de

cultura, como si toda tu vida no te hubieses esforzado en ser

racional... racional. Si tu sobrina ha leído eso, sería de niña, cuando

deletreaba; y á fuerza de ser clásico y castizo y repulido, ni lo

entendió entonces, ni lo entendería ahora. Esta lectura te hace efecto y

te da en qué pensar á ti, por lo mismo que estás muy civilizado y muy

saturado de libros y muy harto de meterte en honduras... Lo que es á

ellos... No has de ser majadero por empeñarte en ser sagaz.

* * * * *

--Se me figura que la naturaleza se encara conmigo y me dice: Necio, pon

á una pareja linda, salida apenas de la adolescencia, sola, sin

protección, sin enseñanza, vagando libremente, como Adán y Eva en los

días paradisíacos, por el seno de un valle amenísimo, en la estación

apasionada del año, entre flores que huelen bien, y alfombras de mullida

hierba capaces de tentar á un santo. ¿Qué barrera, qué valla los divide?

Una enteramente ilusoria, ideal, valla que mis leyes, únicas á que ellos

se sujetan, no reconocen, pues yo jamás he vedado á dos pájaros nacidos

en el mismo nido que aniden juntos á su vez en la primavera próxima... Y

yo, única madre y doctora de esa pareja, soy su cómplice también, porque

la palabra que les susurro y el himno que les canto, son la verdadera

palabra y el himno verdadero, y en esa palabra sola me cifro, y por esa

palabra me conservo, y esa palabra es la clave de la creación, y yo la

repito sin cesar, pues todo es en mí canto epitalámico, y para

entenderlo, simple! ¿qué falta hacen libros ni filosofías?

* * * * *

--Pero es cosa que eriza los pelos... La hija de mi hermana, la

esperanza de mi corazón, caída en ese abismo... ¡Qué monstruosidad

horrible! y no hay duda... Soy un idiota en no haberlo comprendido desde

luego... Presentimiento sí que lo tenía... Algo me dió el corazón ya en

casa de Máximo Juncal... Ay, Nucha, pobre mamita, y qué bien hiciste en

morirte... Todo el día solos, campando por su respeto á una ó dos leguas

de la casa... ¿Qué hacen á estas horas? ¿En qué clase de juego

entretienen la siesta? De seguro...

* * * * *

--Maldito yo por no venir antes. Aunque sabe Dios desde cuándo... ¿Y qué

hago ahora aquí, cavilando y lamentándome? Tocan á moverse... á

buscarla, voto á sanes! y á deshacer este enredo horrible, y á sacarla

de la abyección, y á cortar de raíz...

* * * * *

--¿Hacia dónde tomarían?

La madre naturaleza (2ª parte de Los pazos de Ulloa) · 第 48 / 64 题