NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
* En el texto las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las
versalitas como MAYÚSCULAS.
* Los errores de imprenta han sido corregidos.
* Se ha respetado la ortografía original, normalizándola a la
grafía de mayor frecuencia.
* Las páginas en blanco han sido eliminadas.
LOS LUSÍADAS
[Ilustración: Burger, del.
Bickel, Neumann, sc.
LUIS DE CAMOENS]
LUIS DE CAMOENS
LOS LUSÍADAS
POEMA ÉPICO EN DIEZ CANTOS
TRADUCIDO EN VERSO CASTELLANO DEL PORTUGUÉS
POR
LUIS GÓMEZ DE TAPIA
NUEVA EDICIÓN ILUSTRADA
BARCELONA
——
MONTANER Y SIMÓN, EDITORES
CALLE DE ARAGÓN, NÚM. 255
1913
ES PROPIEDAD
_LOS LUSÍADAS_
_PREFACIO_
_Para esta edición se ha elegido la notable traducción que del inmortal
poema de Camoens hizo en verso, en el año de 1580, el maestro Luis
Gómez de Tapia, esmeradamente corregida ahora._
_Luis de Camoens nació en 1524, del oficial de marina Simón Vas de
Camoens y doña Ana de Sa y Macedo, dama de ilustre prosapia. Recibió
una esmerada educación, y, terminados sus estudios en la Universidad de
Coimbra, volvió a Lisboa cuando contaba unos veinte años, y contrajo
valiosas amistades._
_Desterrado a Ribatejo por los años de 1545 a 1550, a causa de su
ardiente pasión por Catalina de Ataide, hermana de don Antonio,
favorito de Juan III, pasó luego al África con las tropas portuguesas,
corrió serios peligros y perdió el ojo derecho en un encuentro con los
moros._
_Vuelto a Lisboa en 1552, y combatida su alma por graves sinsabores,
partió el año siguiente para las Indias orientales, con el humilde
título de escudeiro de la flota de Fernando Álvarez Cabral._
_Dió pruebas de gran bravura en varias expediciones y combates. El
gobernador Barreto, sintiéndose herido por una sátira de Camoens, que
desde su juventud cultivaba la poesía, lo desterró a las factorías de
Macao, recientemente fundadas en las costas de China._
_Los tres años que duró su destierro en este país parecen haber sido
los más fecundos de su vida. Allí dió las últimas pinceladas a su obra
capital, empezada, como se supone, en 1547._
_De regreso en Lisboa en 1570, después de dieciséis años de ausencia,
preparó la publicación de su gran poema que vió la luz en 1572, siendo
tal su popularidad, que hubo que reimprimirlo dos veces más en el mismo
año._
_Sin embargo, la tradición supone al poeta sumido en tal miseria, que
sólo a la caridad de uno que había sido su esclavo debió el necesario
alimento en los últimos años de su vida, y uno de sus contemporáneos
afirma que no tenía en el lecho de muerte una mala manta que le
defendiera del frío._
_Su entierro se verificó en la iglesia de Santa Ana (1579), y sólo al
cabo de dieciséis años se puso un epitafio en su tumba._
_En_ LOS LUSÍADAS, _Camoens cantó la historia entera de Portugal,
uniéndola por medio de narraciones intercaladas en la acción del
poema a los viajes y descubrimientos hechos por los portugueses, los_
lusitanos, _bajo la dirección del gran Vasco de Gama en el año de 1497
doblando el cabo de Buena Esperanza_.
_Se componen de diez cantos._
_Júpiter reúne en asamblea a los dioses del Olimpo y les recuerda las
expediciones de los antiguos lusitanos, la reciente gloria de los
portugueses en sus empeños contra los moros, les señala los bajeles de
Vasco de Gama bordeando las costas de África, y muéstrase favorable a
tan valeroso navegante._
_Los dioses se dividen, y mientras Baco, temeroso de ver eclipsado su
gran poderío en la India, se declara contra ellos, Venus y Marte los
protegen y envían como mensajero a Mercurio para dirigir su navegación._
_Seguimos luego a Vasco y sus compañeros en sus descubrimientos por las
costas africanas._
_Tras diversos incidentes llegan a Melinde, cuyo rey les ofrece
generosa hospitalidad, y el poeta aprovecha esta ocasión para hacer
contar a Gama los detalles de su expedición y al mismo tiempo toda la
historia de su patria._
_Vuelven los navegantes a sus expediciones, escapando de mil tremendos
peligros, gracias a la protección de Júpiter y Venus._
_Llegan a Calicut, cuyo rey recibe a Gama con gran pompa. Los
malabares, temerosos de que los que llegan como comerciantes se rijan
como dominadores, logran que en el consejo del Emperador predomine la
idea de acabar con los portugueses._
_El valor y la previsión de Gama dominan todos los obstáculos, saliendo
por fin victoriosa la escuadra hacia Portugal, llevando pruebas
palpables del feliz resultado de la expedición._
_Termina el poema con un episodio de belleza incomparable, y que es
una de las más deliciosas ficciones que ha producido jamás el ingenio
humano. Venus, enajenada de júbilo por el triunfo de los navegantes,
les hace disfrutar, aun antes de llegar a su patria, las bienandanzas
de la gloria, en una isla flotante y divina, hermoseada con todos
los encantos de la primavera y poblada de ninfas que les sirven
en maravillosos banquetes el néctar y la ambrosía hasta entonces
reservados a los dioses._
_Numerosos grabados, copia fidelísima de interesantes estampas de
Guivard, Kostka, Begues y otros grandes artistas, existentes en la
Biblioteca Nacional de París, avaloran y embellecen la presente
edición de una de las creaciones más admirables del humano ingenio._
LOS LUSÍADAS _de Camoens son el más fuerte, el más patriótico, el
más veraz y de menos artificio de todos los poemas épicos de la Edad
Moderna_.
LOS EDITORES
[Ilustración]
[Ilustración]
CANTO PRIMERO
LAS armas y varones señalados
que de la playa occidua lusitana
pasaron por caminos nunca usados
el no surcado mar de Taprobana,
en peligros y guerras levantados
sobre el valor de toda fuerza humana,
que entre gente remota edificaron
reino, con que su nombre eternizaron:
Las memorias de príncipes, gloriosas,
que la Fe santa y su poder mostrando,
fueron con sus empresas milagrosas
las tierras de Asia y Libia conquistando:
aquellos que con obras hazañosas
de la muerte se fueron libertando,
mi verso cantará por cualquier parte,
si a tanto me ayudare ingenio y arte.
Cesen del sabio griego y del troyano
las prolijas derrotas que siguieron;
cállese de Alejandro y de Trajano
la fama de victorias que tuvieron:
pues canto el pecho ilustre lusitano
a quien Neptuno y Marte obedecieron;
cese lo que la Musa antigua canta,
que otro valor más alto se levanta.
Vosotras, mis Tagides, que criado
habéis en mí un ingenio nuevo ardiente:
si siempre en verso humilde celebrado
fué de mí vuestro río alegremente,
dadme un son apolíneo sublimado,
un estilo grandílocuo y corriente:
así las nuestras aguas Febo ordene
no envidien las que corren de Hipocrene.
Dadme una fuerza grande sonorosa,
no de silvestre avena, o flauta ruda,
mas de terrible trompa belicosa
que el pecho inflama y la color demuda:
dadme alabanza igual a la famosa
gente, que el Marte tiene por su ayuda;
que resuene por todo el universo,
si tan sublime precio cabe en verso.
Y vos, oh bien nacida confianza
de la libertad santa lusitana,
y no menos certísima esperanza
del aumento de ley y fe cristiana,
nuevo temor de la turquesca lanza,
maravilla fatal de edad temprana,
a quien el mundo todo Dios reparte,
porque del mundo a Dios le dé gran parte:
Vos, tierno y nuevo ramo floreciente
de la árbol que de Cristo es más amada
de cuantas han nacido al Occidente,
Cesárea o Cristianísima llamada,
miradlo en vuestro escudo, que presente
os muestra la victoria ya pasada
en que por armas, como a regalado,
os dió las que en la Cruz él ha tomado.
Vos, poderoso Rey cuyo alto imperio,
luego que nace el sol, lo ve primero,
y del medio lo ve de su hemisferio,
y al trasmontar lo deja por postrero:
vos que seréis el yugo y vituperio
del ismaelita torpe caballero,
del enemigo turco y bruta gente
que aun bebe del río sacro la corriente:
Inclinad por un poco la realeza
que en vuestro tierno rostro yo contemplo,
indicio claro de la suma alteza
que tendréis cuando vais al sacro templo:
Los ojos abajad de la grandeza
de vuestro ser: veréis un claro ejemplo
de amor, de patrios hechos valerosos,
en versos celebrado numerosos.
Veréis amor de patria, no movido
por premio vil, mas alto y casi eterno,
pues que no es premio vil ser conocido
por pregón de su nido, aunque paterno.
Oid; veréis el nombre engrandecido
de aquellos de quien es vuestro el gobierno,
y juzgaréis cuál es más excelente,
el ser señor del mundo, o de esta gente.
Atended y veréis, no con hazañas
fantásticas, fingidas, mentirosas,
los vuestros alabar, ni con extrañas
musas, de engrandecerse deseosas.
Las verdaderas vuestras son tamañas
que vencen las soñadas fabulosas
de Orlando, de Rugero y Bradamante,
aunque cante verdad quien de ellos cante.
Por éstos a don Nuño os daré, el fiero,
que hizo al Rey y Reino tal servicio;
un Fuas y un Egas, para quien de Homero
la sonorosa cítara codicio:
pues por los doce Pares daros quiero
los doce de Inglaterra con Magricio,
el valeroso, sabio, ilustre Gama,
que para sí tomó de Eneas la fama.
Y si a trueco de Carlo, o la pujanza
del gran César, queréis igual memoria,
ved al primer Alfonso, cuya lanza
obscurece cualquiera extraña gloria:
y aquel que dió a su reino gran bonanza
con la famosa y próspera victoria,
o al otro Juan, invicto caballero,
el quinto, el cuarto Alfonsos, o el tercero.
No dejarán mis versos olvidados
aquellos que en los reinos de la Aurora
se hicieron por armas señalados
con la bandera vuestra vencedora;
un Pacheco feroz, y los amados
Almeidas, por quien siempre el Tajo llora;
Alburquerque terrible; Castro fuerte
y otros a quien rendir no osó la muerte.
[Ilustración:
Veréis amor de patria, no movido
por premio vil, más alto y casi eterno,
pues que no es premio vil ser conocido
por pregón de su nido, aunque paterno.
_Canto I, Estr. 10._
]
Y en cuanto de éstos canto (pues no puedo
cantar de vos, pues no me atrevo a tanto),
los vuestros gobernad con tal denuedo
que deis al reino paz, materia al canto:
sientan vuestro valor y tengan miedo
(que por el mundo todo cause espanto)
de ejércitos y hechos singulares
tierras en Libia y en Oriente mares.
En vos los ojos tiene el Moro frío
por ver ya su remate figurado;
con veros pierde el Bárbaro su brío;
y rinde al yugo el cuello no domado:
Tetis todo el cerúleo señorío
para vos tiene en dote reservado,
que, presa de ese rostro bello y tierno,
desea ya compraros para yerno.
En vos de la seráfica morada
de vuestros dos abuelos las famosas
almas se ven; la una a la paz dada,
la otra a las batallas sanguinosas:
esperan que por vos sea renovada
su memoria con obras valerosas
y os guardan para el fin de vuestros días
asiento en las eternas jerarquías.
Mas en cuanto va el tiempo vagaroso
gobernad vuestros pueblos que os desean,
dad favor a mi pecho temeroso
para que estos mis versos vuestros sean,
y ved cuál van cortando el mar furioso
los vuestros Argonautas; porque vean
que vos los veis, y ya en el mar airado
acostumbraos, señor, ser invocado.
Ya el Océano largo navegaban,
las inquïetas ondas apartando;
los vientos blandamente respiraban
las altas velas de las naos hinchando;
de blanca espuma llenos se mostraban
los mares, do las proas van cortando
las marítimas aguas consagradas
que del próteo ganado son holladas.
Cuando los dioses en el cielo hermoso
de quien pende el gobierno de la gente,
se ayuntan en concilio glorïoso
sobre el caso futuro del Oriente,
pisando el firmamento luminoso
vienen por la vía láctea juntamente,
convocados de parte del Tonante
por el nieto gentil del viejo Atlante.
Y de los cielos siete el regimiento
dejaban del poder más alto dado
(alto poder que con el pensamiento
gobierna cielo, tierra y mar airado):
allí se ayuntan todos al momento
los que el Arturo habitan congelado,
y los que el Austro tiene, y partes donde
nace la Aurora, el claro Sol se esconde.
Con claro resplandor cual de oro fino
el que los rayos vibra de Vulcano
en su asiento se pone cristalino
con un severo rostro soberano:
del cual respira un aire tan divino
que en divino volviera un cuerpo humano
con su corona y cetro rutilante
de piedra muy más clara que diamante.
En lucidos asientos claveteados
de perlas y oro más abajo estaban
los otros dioses todos asentados
cual orden y razón los concertaban:
preceden los antiguos más honrados,
abajo los menores se asentaban,
cuando el Júpiter alto así diciendo
con un tono comienza grave, horrendo:
«Eternos moradores del luciente
estelífero Polo y claro asiento:
si del valor supremo de esta gente
del Luso no perdéis el pensamiento,
ya sabéis, y sabréis más juntamente,
que ha sido de los hados cierto intento
que por ella se olviden los humanos
de asirios, persas, griegos y romanos.
»Ya le fué, bien lo visteis, concedido,
con pequeño poder, al Sarraceno
que en sus tierras estaba guarnecido
ganarle cuanto riega el Tajo ameno,
pues contra el Castellano tan temido
el cielo se les dió blando y sereno,
así que siempre tuvo en fama y gloria
pendientes los trofeos de victoria.
»Dejo la fama antigua y nombre claro
que con gente de Rómulo alcanzaron
cuando con Viriato invicto y raro
en la romana guerra se afamaron,
a que os obliga el hecho tan preclaro,
pues que por su caudillo levantaron
al de la cierva blanca peregrino,
que Oráculo la hizo ser divino.
»Ahora lo veis bien, que, cometiendo
el peligroso mar en un madero,
por caminos no vistos van sufriendo
del Áfrico y del Noto el soplo fiero,
que no los sufre el pecho conociendo
haber tierras debajo otro hemisfero
sin inclinar su ánimo y porfía
a ver las partes donde nace el día.
»Prometido le está del hado eterno,
cuya alta ley no puede ser quebrada,
que tengan largos tiempos el gobierno
del mar que ve del Sol la roja entrada:
sobre aguas han pasado el duro invierno,
la gente está perdida y trabajada,
ya parece bien hecho que le sea
descubierta la tierra que desea.
»Y porque en largo mar tienen pasados
mil trances, de que sois todos testigos;
tienen climas y cielos mil probados,
mil vientos adversarios enemigos,
determino que sean hospedados
en la costa africana como amigos,
que, rehecha su tan desecha flota,
proseguirá con vientos su derrota.»
Tales palabras Júpiter decía,
y los dioses por orden respondiendo,
un parecer del otro difería,
varias razones dando y recibiendo.
El Tioneo en nada consentía
de lo que era propuesto, conociendo
que olvidará sus hechos el Oriente
si allá deja pasar la Lusa gente.
Que por tiempo vendría, oyó a los hados,
una gente fortísima de España,
que con virtud y brazos señalados
venciese cuanto Doris riega y baña:
con fama de sus hechos sublimados
la suya eclipsará, aunque más extraña,
y duélele perder la antigua gloria
de que Nisa celebra su memoria.
Ve que ya tuvo el Indo sojuzgado
y nunca le quitó fortuna o caso
por vencedor del Indo ser contado
de cuantos beben agua del Parnaso.
Teme ahora que sea sepultado
su tan célebre nombre en negro vaso
del agua del olvido, si allá llegan
los fuertes portugueses que navegan.
Levántase contra él la Venus bella,
inclinada a la gente Lusitana,
porque mil cualidades halla en ella
conformes a su antigua la Romana:
corazones feroces, grande estrella
que en la tierra mostraron Tingitana,
y la lengua, en la cual cuando imagina,
con poca corrupción cree es latina.
Esto era lo que a Ciprio le movía,
y más que de las Parcas claro entiende
que su fama y loor se extendería
do la gente belígera se extiende,
pues Baco, por la infamia que temía,
y Venus, por las honras que pretende,
debaten, y en debate permanecen,
y a cada cual sus partes favorecen.
Cual Bóreas o Austro fiero en la espesura
de silvestre arboleda condensada
los ramos rompen de la selva obscura
con ímpetu y braveza nunca usada:
retumba la montaña, el son murmura
de las hojas con lucha tan trabada,
de esta suerte los dioses han tenido
un murmullo confuso no entendido.
Marte, que de la diosa sustentaba,
entre todos, las partes con porfía,
o porque el amor viejo le obligaba,
o porque la razón le compelía,
sañudo entre los más se levantaba,
lleno el semblante de melancolía,
y el escudo, que al cuello trae colgado,
lo arroja atrás con ceño y rostro airado.
La visera del yelmo de diamante
levantándola un poco, muy seguro,
para decir su dicho fué delante
de Júpiter, armado, fuerte y duro:
un golpe con el cuento penetrante
del herrado bastón dió al solio puro,
con que el cielo tembló, y el sol, turbado,
por un poco de luz quedó eclipsado.
Y dice: «Oh Padre eterno, a cuyo imperio
todo aquello obedece que criaste,
si esta gente que busca otro hemisferio,
cuyo valor y pecho tanto amaste,
no quieres que padezca vituperio
como ya tiempo ha que lo ordenaste,
no oigas más, pues eres juez derecho,
razones de quien tiene airado el pecho.
[Ilustración:
Levántase contra él la Venus bella,
inclinada a la gente Lusitana
porque mil cualidades halla en ella,
conformes a su antigua la Romana.
_Canto I, Estr. 33._
]
»Que si aquí la razón no se mostrase
vencida de temor demasïado,
justo fuera que Baco sustentase
la gente que es de Luso su criado;
mas esta su intención ahora pase,
que al fin nace de estómago dañado,
y nunca estorbará la envidia ajena
el merecido bien que el cielo ordena.
»Y tú, Padre de grande fortaleza,
de la resolución que está tomada
no te vuelvas atrás; porque es flaqueza
desistir de la cosa comenzada,
y pues Cileno vence en ligereza
al viento y la saeta de arco echada,
enséñale la tierra do se informe
de la India, y la gente se reforme.»
Como esto dijo, el padre poderoso
inclinó su cabeza, y consintió
con el dicho de Marte valeroso,
y néctar sobre todos esparció.
Por el camino lácteo glorioso
cada cual de los dioses se partió,
haciendo su debido acatamiento,
al conocido puesto y aposento.
En cuanto esto pasaba en la hermosa
sala del sacro Olimpo omnipotente
cortaba el mar la gente belicosa
ya la banda del Austro, ya de Oriente:
entre etiopisa costa, y la famosa
isla de San Lorenzo, do el ferviente
Febo quema los dioses que Tifeo
con miedo hizo peces de Nereo.
Los vientos blandamente los llevaban
como a quien por amigo tiene el cielo;
sereno el aire y tiempos se mostraban
sin de nuevo peligro haber recelo,
en la Costa Guinea atrás dejaban
el Promontorio Praso con gran vuelo,
cuando el mar descubriendo les mostraba
nuevas islas que en torno cerca y lava.
Mas el capitán Gama, valeroso,
que su pecho a tan alta empresa ofrece
de corazón altivo y generoso,
a quien fortuna siempre favorece,
no quiere aquí tomar algún reposo,
que inhabitada tierra le parece:
adelante pasar determinaba,
mas no le sucedió como pensaba.
Porque le cercan luego en compañía
mil esquifes de una isla señalada,
que más llegada a tierra parecía,
cortando el largo mar con vela hinchada:
los nuestros se alborotan de alegría
con ver aquesta gente no pensada:
«¿qué nación será aquesta?, en sí decían,
¿qué costumbres, qué ley, qué rey tendrían?»
Las barcas eran hechas de manera
que muestran ser ligeras aunque estrechas;
las velas que traían son de estera,
de las hojas de verde palma hechas;
la color de la gente es la que diera
el loco de Faetón con las cosechas
de su atrevido intento, y mal paciente,
que Lampetusa llora y el Po siente.
Con paños de algodón vienen vestidos
de diversos colores listeados:
unos alrededor los traen ceñidos,
otros con modo airoso rebozados;
todos del medio arriba sin vestidos;
por armas traen adargas y terciados;
tocas en la cabeza: y navegando,
añafiles y flautas van tocando.
Con paños y con manos señalaban
a nuestros Lusitanos que esperasen;
ya las proas ligeras se inclinaban
para que junto de ellas amainasen;
la gente y marineros trabajaban,
como si aquí sus males se acabasen,
en recoger del mástil la vela alta;
y al soltar de la amarra, el mar la asalta.
Aun no habían ancorado, y ya la gente
extraña por las cuerdas se subía:
vienen con rostro alegre, y blandamente
el sabio capitán los recibía:
las tablas poner manda en continente,
y del licor que el dulce Baco cría
hinchen vasos de vidrio, y no desechan
los quemados del sol cuanto les echan.
Comiendo alegremente preguntaban
por la arábiga lengua, dó venían,
quién eran, de qué tierra, qué buscaban,
o qué partes del mar corrido habían:
a todo los del Luso les tornaban
las respuestas que entonces convenían:
«Los portugueses somos de Occidente,
que las tierras buscamos del Oriente.
»Del mar hemos corrido y navegado
la parte del Antártico y Calisto
toda la costa libia rodeado,
cielos y tierras varias hemos visto:
de un rey súbditos somos tan amado,
tan querido de todos y bien quisto,
que por él de la mar nada tememos
y hasta el Aqueronte abajaremos.
»Por mandado del cual a buscar vamos
la región oriental que el Indo riega;
por ella el mar remoto navegamos
que sólo de las focas se navega;
mas ya razón parece que sepamos,
si la cierta verdad no se me niega,
quién sois, qué tierra es ésta, y si hay señales
de las partes do vamos orientales.»
«Somos, luego un isleño respondiera,
en la tierra extranjeros y en la ley,
porque a los naturales los pusiera
Naturaleza aquí sin ley ni rey;
mas nosotros seguimos la que diera
el Profeta sagrado y gran Muley,
que no hay parte del mundo do no cuadre
hijo de madre hebrea y gentil padre.
»Aquesta isla pequeña que habitamos
es de toda la costa cierta escala
para los que los mares navegamos
de Quiloa, Mombaza y de Zofala;
que por ser necesaria procuramos
vivirla aunque entre gente bruta y mala,
y porque todo al fin se os notifique,
el nombre de la isla es Mozambique.
Y ya que de tan lejos navegando
buscáis el indo Idaspe y tierra ardiente,
no faltarán pilotos que guiando
vayan allá la flota sabiamente:
justo será que, un poco reposando,
toméis algún refresco; y que el regente
que gobierna la isla luego os vea
y de mantenimientos os provea.»
En acabando aquesto se tornara
a sus barcas el Moro y compañía:
del capitán y gentes se apartara
con muestras de debida cortesía.
Luego Febo en las aguas encerrara
con cristalino carro el claro día,
dando cargo a su hermana que alumbrase
el largo mundo mientras reposase.
La noche se pasó dentro en la flota
con extraña alegría no pensada
por hallar en la tierra tan remota
nueva de tanto tiempo deseada.
Entre sí cada cual discurre y nota
la manera, y la gente acá apartada,
y cómo los que en tal secta creyeron
tanto por todo el mundo se extendieron.
Los rayos de la Cintia se mostraban
en las aguas del mar manso seguras;
las estrellas sus orbes adornaban
cual campo revestido de frescuras;
los furïosos vientos reposaban
por las concavidades más obscuras,
mas la gente del mar toda velaba,
como de tiempo atrás lo acostumbraba.
Y luego que la Aurora sonrosada
los rayos esparció de sus cabellos
en el sereno cielo, dando entrada
al Sol, que despertó por sólo vellos,
comienza a embanderarse nuestra armada
con gallardetes mil de seda bellos,
por recibir con fiestas y alegría
al regidor que a verla se partía.
Venía con su gente navegando
a ver las naos ligeras lusitanas,
trayéndoles refresco: en sí pensando
si son aquellas gentes inhumanas
que, las montañas Caspias habitando,
a conquistar las gentes asïanas
vinieron, y por orden del destino
ganaron el Imperio a Constantino.
Recibió el capitán alegremente
al Moro con su grande compañía;
dale de ricas piezas un presente
que para aqueste efecto lo traía;
dale conservas dulces, y el ardiente
y no usado licor que da alegría:
el Moro lo recibe con contento
y el comer y beber tomó de asiento.
La marítima gente del gran Luso,
subida por la jarcia, está admirada
notando el extranjero modo y uso,
la habla tan confusa y enredada;
también el Moro astuto está confuso
mirando la color, traje y armada;
y preguntando al Gama, le decía
si venían acaso de Turquía.
Decíale también que ver desea
los libros de su ley, precepto y fe,
por ver si cual la suya aquélla sea,
o si cristianos son, como él lo crée;
y porque más lo note todo y vea,
al capitán le pide que le dé
la muestra de las armas de que usaban
cuando con enemigos peleaban.
El capitán responde valeroso,
por lengua que el arábigo entendía:
«Yo te descubriré no perezoso
quién soy, cuál es mi ley, qué armas traía.
Nunca en el Caspio tuve mi reposo,
ni de la gente vengo de Turquía:
soy de tierra de Europa belicosa,
busco la oriental parte tan famosa.
»La ley tengo de Aquel a cuyo imperio
obedece visible e invisible;
Aquel que crió todo el hemisferio,
todo lo que es sensible o insensible;
que padeció deshonra y vituperio
haciéndose de Dios hombre pasible,
y por nos abajó del cielo al suelo
por podernos subir del suelo al cielo.
»De aqueste Dios y hombre, alto, infinito,
los libros que me pides no los trayo,
que lo que está en el alma firme escrito
escribirlo en papel viene a soslayo:
si quieres ver las armas, tu apetito
se cumplirá, haciendo aquí un ensayo:
veráslas como amigo, y más me obligo
que no las quieras ver como enemigo.»
A los ministros manda diligentes
del almacén sacar las armaduras,
los arneses y petos relucientes,
mallas finas y láminas seguras,
escudos de pinturas diferentes,
espingardas de acero fino puras,
los arcos, las pelotas, las aljabas,
partesanas agudas, chuzas bravas.
Y del fuego las bombas, juntamente
de pólvora las ollas tan dañosas;
mas a los artilleros no consiente
dar fuego a las bombardas espantosas:
que el generoso ánimo excelente,
entre gentes tan pocas y medrosas,
no muestra cuanto puede, y con razón;
que es flaqueza entre ovejas ser león.
Todo lo nota y mira el sarraceno,
y aunque de fuera muestra algún contento,
un odio se le fragua allá en el seno,
un dañado rencor y pensamiento:
encúbrelo con rostro, al ver, sereno;
disimula con risa el fingimiento;
tratarlos blandamente determina
hasta poder mostrar lo que imagina.
Pilotos le demanda el fuerte Gama
por quien pueda a la India ser llevado,
aprometiendo premio y grande fama
al que por él tomare este cuidado:
el Moro los promete, y se derrama
en su pecho un veneno tan dañado,
que muerte, si pudiese, en este día,
en lugar de pilotos le daría.
Fué la voluntad tal y el odio insano
que concibió contra estos pasajeros
porque siguen la ley del Soberano,
que cual lobo se arroja a los corderos:
secretos de la eterna y sacra mano
do los juícios quedan tan rateros,
que no falte Majencio que persiga
al que la ley de Dios abrace y siga.
Con esto se partió, y su compañía,
el Moro, de las naves despedido,
con engañosa y grande cortesía,
con alegre semblante aunque fingido.
Los esquifes navegan por la vía
más breve de Neptuno, y recibido
en tierra de un ilustre ayuntamiento,
el regidor camina a su aposento.
Mas viendo desde el cielo el gran Tebano,
de la paterna corva renacido,
aqueste bando nuestro Lusitano
ser del moro envidioso aborrecido,
un engaño revuelve falso, insano,
con que de todo quede destruído,
y en cuanto allá en el pecho el hecho urdía,
esto consigo a sí, sin sí, decía:
«¿Está del hado ya determinado
que victorias tan grandes y famosas
hayan los Portugueses alcanzado
de las gentes del Indo belicosas,
y yo, hijo del padre sublimado,
con tantas cualidades generosas,
he de sufrir que el hado favorezca
otro por quien mi nombre se obscurezca?
»Ya quisieran los dioses que tuviera
el hijo de Felipe en esta parte
tanto poder que al yugo la rindiera
con sangrienta batalla y fiero Marte.
¿Mas hase de sufrir que el hado quiera
a tan poquitos dar tal fuerza y arte
que con el Macedonio y el Romano
tenga lugar el nombre Lusitano?
»No será así, porque antes que llegado
el capitán se vea, astutamente
le tendré tanto engaño fabricado
que no pase a las partes del Oriente:
a tierra bajaré, y el indignado
pecho revolveré de aquesta gente:
que aquel sigue la vía más derecha
que del tiempo oportuno se aprovecha.»
En diciendo esto, con la rabia y saña
a la africana tierra se apresura,
y vestido de traje y forma extraña,
hacia el Praso se encierra en la espesura;
para mejor trabar esta maraña,
se transforma y emboza en la figura
de un moro en Mozambique conocido,
viejo, sabio, del jeque muy querido.
Y entrándole a hablar a tiempo y horas
para su falsedad acomodadas,
le dijo que eran gentes robadoras
las que de nuevo al puerto son llegadas,
y cómo las naciones moradoras
de toda aquella costa son robadas
por ellos desde el punto que pasaron
y con fingida paz allí ancoraron.
[Ilustración: Kostka, pintó
Goldberg, sc.
Huyendo el moro, el arco va flechando
sin fuerza, de cobarde, y presuroso
la piedra y cuando toca atrás echando;
que el furor arma a veces al medroso:
_Canto I, Estr. 91._
]
«Y sabe más, le dijo: que entendido
de aquéstos tengo ser sanguinolentos,
que con robos el mar han destruído,
con incendios y asaltos truculentos;
y algún engaño traen de atrás urdido
contra nosotros, porque sus intentos
no son sino robarnos y matarnos,
las mujeres e hijos cautivarnos.
»También sé cómo está determinado
de mañana saltar por agua en tierra
el capitán, de gente acompañado,
que do hay mala intención el miedo afierra:
tú debes de llevar tu campo armado
y en celada ponerle oculta guerra,
que saliendo su gente descuidada
caerá sobre seguro en la celada.
»Y cuando no quedaren de este hecho
o perdidos o muertos totalmente,
yo tengo ya tramado acá en mi pecho
un engaño y ardid que te contente:
piloto le darás que a algún estrecho
o peligro los lleve tan patente,
que, sin poder valerse, sean metidos
do queden rotos, muertos o perdidos.»
Luego como acabó el razonamiento,
el Moro, en tales casos sabio y viejo,
los brazos le echa al cuello con contento,
agradeciendo mucho aquel consejo,
y manda que se apreste en un momento
para la guerra el bélico aparejo,
porque así al Portugués se le tornase
en sangre roja el agua que buscase.
Y más para el engaño maquinado,
un moro por piloto le buscaba,
sagaz, astuto, diestro, sabio, osado,
de quien pueda fiar lo que pensaba:
avísale que esté muy recatado
de que la flota lleve a mar tan brava
de que, si aquí escapare, allá adelante
vaya a caer do nunca se levante.
Ya el apolíneo rayo visitaba
los Nabateos montes encendido,
cuando el Gama saltar determinaba
en la tierra, por agua apercibido:
la gente en los bateles se aprestaba,
cual si el engaño fuera ya sabido,
mas puede sospecharse fácilmente,
que el corazón fïel a pocos miente.
Y más porque enviado había a la tierra
antes por el piloto necesario
y le fué respondido en son de guerra,
de lo que imaginaba muy contrario:
por esto, y porque sabe cuánto yerra
el capitán que popa a su adversario,
apercibido va como podía
en solos tres bateles que tenía.
De los moros que andaban por la playa,
por defender el agua deseada,
cuál con escudo viene y azagaya,
cuál con arco y saeta enarbolada:
esperan que la gente a tierra vaya
otros muchos ya puestos en celada,
y por poder mejor coger la caza,
unos muy pocos sirven de añagaza.
Por la ribera andaban arenosa
aquellos pocos moros blandeando
el adarga y la lanza sanguinosa,
los fuertes Portugueses provocando;
mas no sufre la gente belicosa
que los perros les anden más ladrando:
cada cual salta a tierra tan ligero
que no se conoció cuál fué el primero.
Cual en el coso estando el firme amante,
a vista de su dama deseada,
el toro busca, y puesto ya delante,
lo burla, corre y salta y da palmada;
mas el fiero animal en ese instante,
con la frente cornígera inclinada,
corre, y aunque al correr los ojos cierra,
mata al que topa, hiere y bate en tierra:
Ya en los bateles fuego se levanta
de fogosa y ardiente artillería,
la pelota derriba, el ruido espanta,
el aire con el humo se cubría,
el corazón del moro se quebranta,
la sangre un temor grande le resfría,
escapa el escondido por ligero
y muere el descubierto aventurero.
Con esto nuestra gente no pagada,
siguiendo la victoria, hiere y mata:
la población sin muro no guardada
con el fuego la tala y desbarata;
el jeque llora ya la cabalgada,
que bien pensó comprarla más barata:
blasfema de la guerra, y maldecía
al viejo flaco y la que el hijo cría.
Huyendo el moro, el arco va flechando
sin fuerza, de cobarde, y presuroso
la piedra y cuanto topa atrás echando,
que el furor arma a veces al medroso:
la isla toda van desamparando
con paso en el huir no vagaroso,
cortando otros del mar un paso estrecho,
que el serlo les fué harto de provecho.
Unos van en las barcas bien cargadas,
otro lo pasa a nado diligente,
cuál se ahoga en las ondas levantadas,
cuál bebe el mar y lo echa juntamente;
aniegan las menudas bombardadas
las llenas barcas de esta bruta gente:
de esta arte el Portugués al fin castiga
la gente de virtud y fe enemiga.
Victorïosos vuelven a la armada
con despojo de guerra y muy temidos;
salen a su placer a hacer aguada
sin hallar resistencia en los huídos;
queda la perra gente lastimada
y en odio antiguo todos encendidos:
para tomar venganza de este daño
quieren luego intentar esotro engaño.
Paces envía a pedir arrepentido
el regidor de aquella falsa tierra,
y sin poder de nadie ser sentido,
en son de paz el moro le envía guerra,
porque el falso piloto ha prometido,
cuyo pecho el forjado engaño encierra,
para darnos la muerte lo enviaba
como en señal que paces procuraba.
El capitán, que ve cuánto conviene
proseguir el camino comenzado,
que tiempo bueno y viento blando tiene
para buscar el Indo deseado,
el piloto recibe que le viene
mostrándose del odio ya olvidado:
despide al mensajero con contento
y manda luego dar velas al viento.
Partida de la costa nuestra armada,
las ondas de Anfitrite dividía,
de las hijas de Néreo acompañada,
fïel, alegre y dulce compañía:
el diestro capitán, que la tramada
tela del falso moro no entendía,
del mañoso piloto se informaba
de los mares y puertos que pasaba.
Mas el moro, instruído en los engaños
que el malévolo Baco le enseñara,
de muerte o cautiverio graves daños,
antes de ir a la India, le prepara:
del indiano puerto ha muchos años
que tenía noticia, le declara;
creyendo ser verdad lo que decía,
de nada el fuerte Gama se temía.
Dícele más, con falso pensamiento
con que Sinón engaña a los troyanos,
que había cerca una isla cuyo asiento
fuera siempre habitado de cristianos:
el capitán, que con su sano intento
no ve ser dichos locos y livianos,
con dádivas muy grandes le rogaba
lo guíe (donde el moro lo guiaba).
Lo mismo el falso moro determina
que el seguro cristiano le demanda,
que en la isla que dice estar vecina
vive gente de secta cruel, nefanda:
aquí el engaño y muerte le imagina
porque en fuerza a su isla esta isla manda,
que es mayor en poder: la cual se llama
Quiloa, conocida por la fama.
Inclinábase allá la alegre flota;
mas la diosa de Pafos celebrada,
viendo cómo dejaba su derrota
por buscar a la muerte no pensada,
no consiente que en tierra tan remota
perezca gente de ella tanto amada
y con contrarios vientos la desvía
de do el piloto falso la metía.
Mas el malvado moro, no pudiendo
llevar este propósito adelante,
otra maldad y engaño revolviendo
en su resolución mala constante,
dícele que en las aguas discurriendo
lo llevará por fuerza allá delante
donde hay una isla cerca cuya gente
son cristianos y moros juntamente.
También en esto el moro le mentía
cual por aviso y orden lo llevaba,
que aquí gente de Cristo no vivía,
mas la que el Mahometa celebraba;
el capitán, que en todo le creía,
las velas vuelve, la isla demandaba:
mas no queriendo Venus, no tomaron
la isla: en el mar alto se ancoraron.
A tierra está la isla tan llegada
que sólo la divide un breve estrecho:
una ciudad en ella situada,
que a la orilla del mar hace repecho,
de nobles edificios fabricada,
un muro al derredor muy fuerte hecho:
isla y ciudad se llaman de una suerte:
Mombaza; el rey que tiene es viejo y fuerte.
Pues siendo el capitán aquí llegado,
extrañamente alegre porque espera
poder gozar del pueblo bautizado,
como el falso piloto le dijera;
de tierra esquifes vienen, y un recado
del rey, que ya sabía qué gente era,
que Baco muy más antes le avisara
en forma de otro moro que tomara.
El recado que traen era de amigos,
mas debajo el veneno está encubierto,
que eran los pensamientos de enemigos
cual lo mostró el engaño descubierto.
¡Oh cuán ciertos son, Muerte, tus postigos!
¡Oh camino de vida nunca cierto,
que do la gente pone su esperanza
la vida tiene menos confianza!
Tanta tormenta en mar y tanto daño,
tantas veces la muerte apercibida,
tantas guerras en tierra y tanto engaño,
tanta necesidad aborrecida:
¿dónde se acogerá de mal tamaño,
dónde estará segura nuestra vida,
si contra un gusanillo vil del suelo
se indigna, se levanta, se arma el cielo?
[Ilustración]
CANTO SEGUNDO
YA en este tiempo el délfico planeta,
que en horas el día claro va partiendo,
llegaba a la Tartesia, cierta meta,
su luz del universo recogiendo:
de la casa marítima y secreta
la puerta el dios nocturno le está abriendo,
cuando las gentes pérfidas llegaron
a los que poco había que ancoraron.
Uno, que entre ellos trae encomendado
el mortífero engaño, así decía:
«Capitán valeroso, que cortado
has de Neptuno el reino y larga vía,
el rey de aquesta tierra alborotado
por tu venida está con alegría,
y no desea más que regalarte,
verte, y de necesario reformarte.
»Y porque está en extremo deseoso
de verte como a cosa señalada,
te ruega que, de nada receloso,
entres la barra tú y toda tu armada:
y porque del camino trabajoso
traerás la gente débil y cansada,
convídate a que quieras regalarla,
pues tienes en la tierra do hospedarla.
»Y si buscando vas mercaduría
que produce el aurífero Levante,
canela, clavo, ardiente especería,
o droga salutífera, al instante
con toda la luciente pedrería
de rubí, de carbunco, de diamante,
aquí lo hallarás, y tan sobrado,
que puedas poner fin a tu cuidado.»
Al mensajero el capitán responde,
las palabras del rey agradeciendo,
que porque ya en el mar el Sol se esconde,
no entra para adentro obedeciendo:
mas luego que la luz muestre por dónde
la flota pueda ir salva el mar rompiendo,
cumplirá su mandado sin recelo,
que a más que esto le obliga amor y celo.
Pregúntale después si hay en la tierra
cristianos, como el moro le decía;
el mensajero astuto, que no yerra,
dice que la más gente en Dios creía:
de esta suerte del pecho le destierra
la sospecha y la cauta fantasía:
por donde el capitán seguramente
se fía, siendo fiel, de la infiel gente.
Y de algunos que vienen condenados
por culpas y por hechos vergonzosos,
porque pudiesen ser aventurados
en casos de esta suerte peligrosos,
dos envía sagaces y ensayados
que noten de los moros engañosos
su ciudad y poder, y porque vean
los cristianos que tanto ver desean.
Que le lleven al rey presentes manda
porque la voluntad que le mostraba
la conserve segura, limpia y blanda
(aunque bien al contrario en todo estaba):
ya la gente del moro va a la banda
y la nuestra con ella el mar cortaba:
fueron con rostros ledos y fingidos
en tierra los dos nuestros recibidos.
Y luego que al rey moro presentaron
el recado y presentes que traían,
a la ciudad se fueron y notaron
mucho menos de aquello que querían,
porque los falsos moros se guardaron
de mostrarles lo que ellos pretendían,
que do está de malicia lleno el seno,
recela que la tiene el pecho ajeno.
Mas aquel que la fresca primavera
en su rostro conserva, y fué nacido
de madres dos; que aqueste engaño urdiera
por ver al navegante destruído,
en una casa estaba allá defuera
con bulto humano y hábito fingido
mostrándose cristiano, y fabricaba
un altar suntuoso que adoraba.
Tenía en un retrato figurada
del Espíritu Santo la pintura:
la palomica blanca dibujada
sobre la santa Fénix Virgen pura:
la demás compañía está pintada
de los doce, y tan varia su figura,
cual los que, de las lenguas que cayeron
de fuego, varias lenguas refirieron.
Aquí los Lusitanos conducidos,
donde con este engaño Baco estaba,
las rodillas en tierra y los sentidos
en Dios ponen que el mundo gobernaba.
Olores excelentes producidos
en la fértil Pancaya a Dios quemaba
el embustero Baco, y aunque artero,
el falso dios adora al verdadero.
En esta casa quedan hospedados
con honesto y mediocre tratamiento
los cristianos, sin ver cómo engañados
los tiene el falso y santo fingimiento;
mas en siendo los rayos derramados
por el mundo de Febo, en un momento
se muestra al horizonte refulgente
la esposa de Titón con roja frente.
Van de tierra los moros, y recado
llevan del rey porque entren, y consigo
los dos que el capitán había enviado
a quien se mostró el rey sincero amigo;
y siendo el fuerte Gama asegurado
que recelo no tenga de enemigo,
y que gente de Cristo en tierra había,
dentro el salado río entrar quería.
Dicen los que envió que en tierra vieron
un santo sacerdote y templo santo,
que en él se aposentaron y durmieron
en cuanto cubrió al mundo el negro manto;
cómo en el rey y pueblo no sintieron
sino grande contento y gusto tanto,
que no puede allí cierto haber sospecha
en la muestra de amor tan clara hecha.
Por esto con contento señalado
recibe el capitán cuantos venían,
que el generoso pecho es confiado,
y más aquestas muestras le hacían:
las naos hinche el pueblo renegado,
al bordo los bateles se venían:
alegres vienen todos porque entienden
que tienen ya la presa que pretenden.
De secreto en la tierra aparejaban
armas y municiones para cuando
viesen que los navíos ancoraban,
que con ellas en ellos fuesen dando,
porque con tal traición determinaban
atajar el camino al Luso bando
y que preso pagase de esta suerte
a los que en Mozambique les dió muerte.
Las áncoras andaban levantando
con grita de la mar acostumbrada
y las velas de proa al viento dando
gobiernan a la barra señalada;
mas la bella Ericina que guardando
aquesta gente andaba sublimada,
la celada notando tan secreta,
del cielo al mar bajó como saeta.
De Nereo llamó las hijas bellas
con toda la cerúlea compañía,
que porque nació en aguas manda en ellas
y a su mandado el mar obedecía.
El caso les contó para movellas
y, movidas, con todas se partía
a estorbar que la armada no llegase
adonde para siempre se acabase.
Ya con la grande priesa levantando
van en las blancas ondas blanca espuma:
Doto la mar a nado va cortando
más veloz que en el aire va una pluma;
salta Nise, Nerine va volando,
descubriendo al nadar su fuerza suma:
camino abren las aguas, temerosas
de ver ir las nereidas presurosas.
En hombros de un tritón hermoseada
va la linda Dione furïosa:
no siente el que la lleva si es pesada,
de soberbio, con carga tan hermosa:
ya llegan donde está a pique la armada
de entrarse por la barra peligrosa:
repártense y rodean en un instante
las más ligeras naos de delante.
Pónese con las otras en derecho
la diosa de la proa capitana,
y cerrándole el paso, que es estrecho,
aunque con viento en popa ésta se llana,
al duro palo arrima el blando pecho
y atrás la echó con fuerza soberana:
otras alrededor la levantaron
y fuera de la barra la arrojaron.
Cual suelen las hormigas al estío,
llevando el peso grave acomodado,
ejercitar las fuerzas, porque al frío
el alimento gocen que han juntado;
trabajan sin cesar con maña y brío,
descubren un vigor nunca pensado:
tales andan las ninfas libertando
al Luso del peligro miserando.
Vuelve la nao atrás y al mar se hace
a pesar del piloto que, gritando
«Amaina velas», rabia y se deshace
acá y allá el timón atravesando;
el astuto maestre, a quien desplace
la vuelta, de un peligro está temblando,
que un horrible peñasco está delante
y teme en él la nao no se quebrante.
Confusa vocería se levanta
entre la chusma que al voltar trabaja:
el grito y alarido al moro espanta,
y cual si fuera en guerra, así se ataja:
no sabe la razón de furia tanta,
teme si le aparejan la mortaja,
piensa ver sus engaños descubiertos
y que serán por ellos todos muertos.
Con temor y sospecha se arrojaban
a las ligeras barcas que traían;
otros el mar en alto levantaban
saltando en él y a nado se acogían;
de un bordo y otro aquí y allí se echaban
con miedo del horrible son que oían,
que antes quieren al mar aventurarse
que a manos de los nuestros entregarse.
Cual en arroyo, charco o en laguna
las ranas (que ya fueron licia gente),
cuando sienten venir persona alguna
si a la ribera están incautamente,
saltan de dos en dos y de una en una,
de aquí y de allí, huyendo el mal presente,
y en el agua se cubren por gran pieza
mostrando solamente la cabeza:
Tales huyen los moros; y el piloto
que la flota a peligro tal guiara,
temiendo por su engaño el alboroto,
al agua se arrojó como una jara;
mas porque en el peñasco no sea roto
el navío, y la vida pierdan cara,
las amarras soltó la capitana,
y las demás las sueltan muy de gana.
Viendo el ilustre Gama la extrañeza
de moros no pensada, y juntamente
el piloto huirle con presteza,
el engaño entendió de aquella gente,
pues sin ningún contraste ni braveza
de vientos, sin haber del mar corriente,
la flota ir adelante no podía.
Creyendo ser milagro, así decía:
«¡Oh caso grande, extraño, no pensado!
¡Milagro de la mano de Dios hecho!
¡Oh descubierto engaño inopinado!
¡Oh de gente maligna perro pecho!
¿Quién pudiera del mal de atrás forjado
librarse, puesto ya en tan grande estrecho,
si de arriba la guarda soberana
no ayudara a la flaca fuerza humana?
[Ilustración: Begas, pintó
Linder, sc.
Y de estas blandas muestras conmovido,
que movieran de un tigre el pecho duro,
con un alegre rostro esclarecido,
con que serena el aire más oscuro...
_Canto II, Estr. 42._
]
»Bien muestra la divina Providencia
de estos puertos la poca confianza:
bien claro lo hemos visto en la apariencia
cuán engañada fué nuestra esperanza;
mas, pues saber humano ni prudencia
tan fingidos engaños nunca alcanza,
¡oh tú, divina Guarda!, ten cuidado
de quien sin ti no puede ser guardado.
»Y si la piedad te mueve a tanto
de esta mísera gente peregrina
que por tu favor grande y celo santo
fué libre de esta costa tan malina,
a algún puerto, después de tal quebranto,
llevarnos, Rey eterno, determina,
o muéstranos la tierra que buscamos,
pues que por tu servicio navegamos.»
Oyóle estas palabras tan piadosas
la hermosa Dione, y, conmovida,
de las nereidas parte, que llorosas
quedaron de tan súbita partida;
penetra las estrellas luminosas,
y en la tercera esfera recibida,
pasa hasta llegar al sexto cielo,
y cesa, do está Júpiter, su vuelo.
Y como va cansada del camino,
tan hermosa en el gesto se mostraba,
que estrellas, aire y cielo más vecino
con su dulce mirar enamoraba;
del asiento de Amor, ciego y menino,
espíritus tan vivos inspiraba,
que los helados polos encendía
y el esférico fuego frío volvía.
Pues para más prendar al soberano
Padre, de quien fué siempre amada y cara,
en la forma le habla que al Troyano
en el monte de Ida le hablara:
si la viera el montero que el humano
ser pierde, viendo a la otra en la agua clara,
no esperara que perros le mataran,
que deseos primero lo acabaran.
Los rubios hilos de oro se esparcían
por el cuello más blanco que la nieve,
y los rifeos montes se movían
al andar, donde amor todo se embebe;
de su cintura llamas le salían
donde su muerto fuego el amor cebe;
por las lisas columnas le trepaban
deseos, que cual hiedra se enredaban.
Con delgado cendal las partes cubre
de quien es la vergüenza su reparo;
mas ni todo lo esconde, ni descubre,
el velo de tal bien no nada avaro:
despierta los deseos lo que encubre
y más lo que descubre el velo raro;
ya se sienten del cielo en toda parte
los celos en Vulcano, amor en Marte.
Y mostrando en su angélico semblante
una risa y tristeza mal mezclada,
como dama que ha sido de su amante
en amorosas burlas maltratada,
que se queja y se ríe en un instante
y se muestra entre alegre lastimada,
así la diosa, a quien ninguna iguala,
con el supremo padre se regala.
«Siempre, dice, entendí, padre piadoso,
que a las cosas que yo de pecho amase
afable te hallara y amoroso,
puesto que a algún contrario le pesase;
mas, pues que contra mí te veo rabioso
sin te lo merecer, ni sin que errase,
hágase lo que Baco determina,
que yo me quedaré para mohina.
»Este pueblo, señor, por quien derramo
las lágrimas que en vano caídas veo,
que asaz de mal lo quiero, pues que lo amo,
siendo tú tan contrario a mi deseo:
por él te ruego, imploro, lloro y clamo
y contra mi ventura en fin peleo;
pues por quererle bien es maltratado,
quiero quererle mal: será guardado.
»Mas ¡ay! que está entre manos de unas gentes
y pues fuí yo...» Y en esto, de mimosa,
el rostro baña en lágrimas ardientes
cual con rocío está la fresca rosa:
un poco calla, como si entre dientes
le impidieran la habla lastimosa;
y queriendo con ella ir adelante
la plática le ataja el gran Tonante.
Y de estas blandas muestras conmovido,
que movieran de un tigre el pecho duro,
con un alegre rostro esclarecido
con que serena el aire más obscuro,
las lágrimas le limpia y encendido
la besa, el cuello abraza liso y puro,
de modo que si allí solo se hallara,
otro nuevo Cupido se engendrara.
Con el suyo apretando el rostro amado
que sollozos y lágrimas aumenta,
como niño del ama castigado,
que quien le limpia el lloro lo acrecienta;
por ponerle en sosiego el pecho airado,
muchos casos futuros le presenta:
del hado las entrañas revolviendo,
de esta manera al fin le está diciendo: