RICHARD COBDEN.

Al iniciar hace algunos dias la cuestion económica, á que diera lugar

el estandarte proteccionista levantado por uno de nuestros cólegas

estrangeros, habiamos deseado tener que consagrarnos esclusivamente

á la refutacion de las reformas parciales que debiamos esperar se

anunciarian por el autor de la declaracion.

Sin embargo, nuestras esperanzas fueron frustradas, como se ha visto ya

en el ligero artículo en que, contestando en globo á sus mas salientes

errores, prometimos refutarlos mas detenidamente en adelante, y cuyo

compromiso vamos á tratar de llenar ahora.

A fin de hacer mas clara é inteligible la discusion, iremos colocando

por su órden los párrafos del cólega estrangero de que nos ocuparemos,

permitièndonos en seguida hacer las observaciones á que ellos den lugar.

“_En Buenos Aires_, dice, _la proteccion parece útil y aun

indispensable para todos los objetos que tienen aun necesidad de

mano de obra, ó que pueden fabricarse en el pais, y no creemos haber

avanzado nada contrario á los sanos principios de economía política._”

Para averiguar si la proteccion puede ser conveniente á un pais

cualquiera, y sobre todo á un pais abundante, fertil, rico, é

inesplotado aun por la mano del hombre, la primera idea que ocurre es,

saber si ese pais cuenta ó no con producciones valiosas, capaces de

ofrecer sus productos sin ocurrir á los medios artificiales.

Que Buenos Aires tiene inmensas producciones espontáneas, valiosísimas,

nadie puede dudarlo. Basta echar una mirada sobre nuestras vastas

llanuras, y recorrer con la vista la espontaneidad con que la

naturaleza vírgen ofrece todos sus frutos, y como se reproducen en sus

vastas campañas esas inumerables masas de ganado que nacen, se crian

y mueren al aire libre, para comprender que esa tierra de bendicion

no necesita que la mano del hombre vaya con sus trabas absurdas, á

abrir diques artificiales para hacer correr la fuente espontánea de sus

producciones por un camíno ficticio.

Cual es, pues, la conveniencia de un pais vírgen que tiene aun inmensas

riquezas inesplotadas, ¿dejar á esas riquezas que sigan su libre curso,

consagrándose à su esplotacion--ó forzar á la naturaleza empeñándonos

en hacerle producir los productos que puede recibir del extrangero mas

baratos y que no le son espontáneos.

Esta es para nosotros la gran cuestion.

El empleo de brazos y capitales empleados en la manufactura de

producciones artificiales, por que asi designamos las que no se ofrecen

espontáneamente, por sí mismas en el pais, no importa otra cosa que

el retiro de esos mismos brazos y capitales de la esplotacion de los

productos espontáneos. El importe ó costo de estos mismos brazos,

ó capitales empleados, vendrá al fin á darnos por resultado que el

derecho proteccionista, con que va gravada la industria artificial

implantada en el pais, que tendrá que pagar el consumidor, vendrá

á resultar en su liquidacion siendo una pérdida real que habrá

sufrido este, porque la diferencia entre el mismo artículo comprado

al estrangero y el costo que tendrá el elaborado en el pais, será

justamente el monto de la pérdida que habrá sufrido la elaboracion

nacional que pudo haberse efectuado, si el empeño de producirlo

nosotros mismos no nos arrastrase á distraer nuestros capitales del

verdadero empleo á que debieron ser destinados.

Asi, pues, esta operacion absurda es á toda luz contraria á los sanos

principios de economía política. Para comprobar este aserto, veamos lo

que á este respecto dicen los mas célebres economistas.

Mr. Courcelle Seneuil, hablando de la proteccion con que ha sido

favorecida la fabricacion de los algodones en los Estados Unidos, nos

presenta un ejemplo práctico, que puede muy acertadamente aplicarse

á Buenos Aires, con tanta mas razon cuanto que es aquel un pais

igualmente nuevo, y rico en sus producciones.--Hé aquí sus palabras:--

“Los Estados Unidos, han favorecido allí, estableciendo una tarifa

protectora, la planteacion de manufacturas de algodon: hoy las

poseen. ¿Han hecho una buena ó una mala operacion económica? Desde el

establecimiento de la tarifa cada ciudadano americano ha pagado mas

caros los objetos de algodon fabricado, de que tiene necesidad. ¿A

quién ha aprovechado esa diferencia de precio? _A nadie_, ó cuando

mas _á algunos fabricantes_, pues no es dudoso que el elevado precio

asegurado á los productos no ha multiplicado allí las fabricas á

punto que ellas no den ganancias mas elevadas que las otras empresas

industriales del pais.

“Sino se hubiese establecido la tarifa, todo el trabajo empleado

en fomentar y esplotar las manufacturas de algodon hubiera podido

ser aplicado á desentrañar las tierras, ò á mejorar las tierras ya

removidas, ó á toda otra industria productiva, y todos los capitales

absorvidos por la diferencia del precio, resultante de la tarifa,

hubiese podido ser empleado en fecundizar los trabajos agrícolas. De

cierto ni la poblacion ni la riqueza del pais, serian menos; pero

llegaria un dia en que las empresas agrícolas, ó de otra especie,

tornándose menos fáciles ó productivas, se calcularia lo que cuesta

la venta y el transporte á Inglaterra ó Francia del algodon en lana,

la venta y el transporte del algodon fabricado, de Europa á América,

y en que teniendo tanta inteligencia, actividad y capitales como los

europeos, se emprenderia la fabricacion de los algodones, fundados

en la fé de la prima del estímulo que resulta de los costos de

transporte, asi como de la mayor facilidad en las relaciones. Ese

dia la fabricacion del algodon se habria establecido por sí misma en

los Estados Unidos, y _hasta aquel momento era inútil que ella se

estableciese_.”

“El régimen protector podria encontrar _una escusa en un pais viejo_

que ensayase por este medio de estimular á una poblacion apática, ó

de cambiar una distribucion inícua y viciosa de las riquezas: pero de

todos los pueblos de la tierra, el de los Estados Unidos es el que

menos lo necesita, y por consecuencia el que mas pierde con él.”

Otro de los argumentos en que se fundan los proteccionistas es que,

los productos que se compran al estrangero, son otros tantos tributos

que se les paga. A creerseles habria que admitir que un pais pudiera

comprar, cuando no tenia frutos que vender. A la verdad que no sabemos

como un pais podria comprar al estrangero, sin que la masa de sus

producciones, fuese suficiente para contrabalancear sus egresos, pues

á no ser los paises mineros que producen oro, no sabemos como un pais

puede estar siempre comprando al estrangero, pagándole _tributos_,

sin que se agoten sus fondos, desde que la masa de lo que vende al

estrangero no subsana el importe de los fondos que emplea en sus

compras.

Pero véamos como dá en tierra con toda esta teoria el eminente

estadista Mr. de Molinari:

“¿Puede defenderse aun el sistema proteccionista bajo el punto de vista

del interés general del pais, considerado como vendedor y comprador?

Los proteccionistas afirman que al hacer un cambio con el estrangero

se le paga un _tributo_. ¿Pero, no es una verdad incontestable que los

productos se compran con productos; y puede pagarse un tributo á gentes

de quienes está uno plenamente libre para no comprarles sus productos?

Este tributo que no se le pagaria al estrangero bajo el régimen de la

libre concurrencia, _se paga en realidad_ al productor nacional, _bajo

el réjimen de la proteccion_.”

Considerada esta cuestion bajo estos dos puntos de vista, véamos si

el sistema proteccionista tiende siquiera á conservar ese espíritu de

equidad que debe reinar entre todos los miembros que pertenecen á una

misma sociedad.

Tanto se ha escrito ya sobre la materia que nos ocupa, que para refutar

á nuestro adversario casi no tenemos otro esfuerzo que hacer que

copiar testualmente las palabras de los economistas.

El mismo autor citado, dice, sobre el particular, lo siguiente:

“La justicia y la libertad son ellas mejor respetadas por el sistema

protector?--Yo ejerzo una profesion liberal, soy profesor, artista,

hombre de letras. ¿Se impide á los profesores, artistas, y literatos

extrangeros venir á hacerme concurencia en el mercado nacional?

No: no se piensa en eso. Ninguna prohibicion existe en favor de mi

trabajo. En cambio multitud de protecciones, prohibiciones, y otras

exacciones se levantan contra mi renta. Estoy sometido á la concurencia

del universo en cuanto à la mercancia que yo vendo: estoy obligado

á pasar por las horcas caudinas del monopolio en cuanto al mayor

número de las mercancias que compro. Mi vecino que es fabricante de

terralla, de cristales, de quincalleria, me vende su mercancia, al

_precio protejido_, en tanto que yo le vendo la mia á un _precio de

concurrencia_. ¿Es esto igualdad? Es esto justicia?”

Ahora mirémosla bajo el punto de vista de la libertad, por que, como

dice muy bien Mr. de Chevalier, la libertad civil no es solamente la

libertad de pensar y la libertad de conciencia, no es solamente la

libertad de la persona y el respeto del domicilio, la libre defensa de

los acusados y el juicio por medio de los jurados, sino un derecho mas

vasto y general, el de emplear sus facultades conforme à su vocacion y

á su pensamiento.

¿Pero es libre el hombre de emplear sus fuerzas, su inteligencia, y sus

capitales, cuando por medio de exhorbitantes derechos se le obliga á

comprar recargados en el mercado, los productos nacionales, en tanto

que allí mismo pudiera obtenerlos mas baratos y quizá mejores, aunque

elaborados en el extrangero?

Pero, otro de los argumentos que se nos ha hecho es, que necesitamos de

estos sacrificios por un tiempo determinado, para llegar con el tiempo

á obtener nosotros esos productos en todo su desarrollo. Pero este

argumento, que es el mismo que opusiera Mr. Rœderer, el proteccionista

norte-americano, está ya contestado en la parte en que hicimos mencion

de la proteccion ofrecida á la fabricacion de los algodones en los

Estados-Unidos, y en las demostraciones que hemos hecho sobre lo

innecesario de entrar á crear industrias artificiales, y á desviar el

curso natural y espontáneo de las producciones de un pais cualquiera.

Mr. de Molinari, contestando á este mismo argumento de Mr. Rœderer,

como lo hacemos nosotros con el cólega, despues de demostrar que los

proteccionistas jamàs han podido fijar el tiempo que ha de durar esa

proteccion limitada y temporaria, agrega:

“Pero suponiendo que lo fuese realmente, sería conveniente para una

nacion imponerse esos sacrificios? ¿Convendria recargar con un impuesto

á toda la produccion de una nacion en beneficio de una industria

particular? No sería preferible que esa industria se pudiese implantar

por sí misma en el pais, y mientras llegase este caso, procurarse los

productos del esterior? Si una nacion no puede fabricar paño sino á

razon de 30 francos y puede obtenerlo á 20 fuera, haria un buen negocio

prohibiendo los paños extrangeros? ¿No sería esta una pérdida _sin

compensacion_ que se le hacia sufrir?”

Demostrada ya la inutilidad, y aun lo perjudicial del sistema

proteccionista ó prohibitivo bajo sus diferentes faces, veamos de que

lenguage se valen sus sectarios para encubrir el verdadero movil que

lleva consigo la proteccion: Mr. de Seneuil nos lo esplica de una

manera elocuente, en las siguientes líneas:--

“No pudiendo decirse á una nacion--Levantad un impuesto á mi favor,

sobre cada uno de mis conciudadanos, á fin de darme los medios

escepcionales de hacer fortuna.”--Se dice--“Tenemos un interes inmenso

en no ser tributarios de los estrangeros, y en fabricar nosotros mismos

todos los efectos manufacturados de que podemos tener necesidad. Que

cada uno se imponga un sacrificio con este fin patriótico, y yo voy á

consagrarme á libertar el pais de esta dependencia. Este lenguage es

infinitamente mas sostenible que el primero, pero tiene el defecto de

tender al mismo fin, y de disimularlo.”

Tal es el verdadero objeto que se proponen los proteccionistas, y no

creemos que pueda ser considerado de otro modo por los que entren

á juzgar con calma y refleccion los resultados á que conduce este

sistema.

Dejando ahora otras muchas cuestiones, intimamente enlazadas con el

punto en cuestion, que serán tratadas en su lugar correspondiente,

seguiremos las demas objeciones que se nos han hecho.

“_Vos nos citais_, se nos dice, _la Inglaterra. Pero la Inglaterra no

ha llegado á esa doctrina del libre cambio sino cuando hubo arribado á

un punto de perfeccion industrial en que podia desafiar altamente la

concurrencia._”

La reforma que ha sufrido últimamente su sistema comercial, ha dado

orígen á que por todas partes hayan levantado la voz contra _la perfida

Albion_: quien ha visto una asechanza insidiosa; quien una estratagema

contra las demas naciones. Nuestro cólega ha sido mas modesto, pues

solo ha considerado haberle llegado la hora, despues de pasar por el

tamis regenerador de la proteccion.

Es esta tambien, en su última parte, la opinion del proteccionista Mr.

Carey, quien acepta ese sistema como el medio de llegar mas pronto á

la libertad de comercio, lo cual segun observa Mr. de Molinari, es como

si se digese que se queria restablecer la inquisicion para llegar mas

pronto á la libertad de los cultos.

Pero no opina del mismo modo Mr. Carey respecto á lo primero, pues él

no atribuye el cambio, en el sistema comercial de la Inglaterra, á

haberle llegado la hora como supone nuestro cólega. Mr. Carey vé ahì

una trama diabólica urdida contra la industria Americana y así dice:--

“Abasteciéndonos (la Inglaterra) de fierro, hilo, y tegidos de algodon

baratos, é impidiéndonos por consecuencia de producirlos nosotros,

nos obliga á diseminarnos sobre nuestro territorio en lugar de

aglomerarnos: ella nos obliga tambien à crear nuevas máquinas en lugar

de producir objetos de consumo.”

Se vé pues cuán divergentes están los proteccionistas, al atribuir una

causa al cambio operado en el sistema comercial de la Inglaterra.

Para combatir de frente esta asercion, seria necesario que nos

ocupásemos aquí de considerar la marcha que llevan las naciones, y

ver si efectivamente existe esa necesaria transicion del sistema

prohibitivo al libre cambista, pero como esta es una cuestion que ha

iniciado mas adelante, seguiremos, por ahora, tratando de averiguar si

está ó no de acuerdo este principio con algunas de las reformas que

ella ha hecho.

Nadie ignora que cuando fué dictada la célebre ley de navegacion de

Cromwell, abolida en 1846, la altiva Albion, reconocida por la reina

y señora absoluta de los mares, poseia una marina que ninguna nacion

se habria atrevido á intentar siquiera el competir con ella. La marina

Inglesa habia llegado, pues, á _un punto de perfeccion que podia

desafiar altamente la concurrencia_.

¿Como es, pues, que fué entonces mismo que la ley protectora, conocida

por el acta de navegacion de Cromwell, fué considerada necesaria para

el fomento de la marina Inglesa? ¿Quien podia hacerle concurrencia?

Cual era la nacion del mundo que podia competir, en el oceano, con la

reina absoluta de los mares?

Se vé, pues, que por este lado flaquea la deduccion del cólega francés.

Ahora bien, como es que justamente ahora que los Estados Unidos, esa

rival cuya marina sobrepuja á la de la Inglaterra, que la Francia que

hace esfuerzos por igualarla, como es pues, decimos, que hoy que estas

dos fuertes naciones pueden hacerle una poderosa concurrencia, ella, la

Inglaterra, derriba sus derechos proteccionistas, y abre sus colonias á

las banderas extrangeras?

¿No es esto totalmente lo contrario de lo que se ha sentado en el

principio que combatimos?

Este solo hecho es suficiente para demostrarnos á la clara luz de la

razon, que la reforma que la Inglaterra ha hecho últimamente en su

sistema comercial, no es efecto de que la hora de la muerte de la

proteccion hubiera sonado, y llegado la que abria las puertas al libre

cambio; él demuestra tan solamente, que los errores del falso principio

de la prohibicion proteccionista acababan de ser descubiertos, y que la

esperiencia, iluminando la inteligencia de los hombres que se habian

dedicado al estudio de la ciencia, habia hecho conocer el verdadero

principio progresista, recomendado por el lenguage lógico é irrecusable

de las cifras.

Esta nuestra opinion está confirmada por Mr. Chevalier, quien tratando

de las causas que la impulsaron á la reforma, dice:--

“La Inglaterra, al adoptar una reforma muy liberal para sus aduanas,

ha procedido de la manera mas simple y la mas recta: no ha tratado

de ejercer su influencia sobre nadie, ella ha disminuido ó suprimido

los derechos sobre las mercancias estrangeras sin revindicar ninguna

reciprocidad. Es necesario tener el prisma de la pasion ante los ojos

para percibir, sea lo que fuere, de maquiavélico en una política

semejante. Las maquinaciones de la Inglaterra consisten en enseñar

à las otras naciones, con su propio ejemplo, que renunciando á las

abusivas é inumerables restricciones de que se componia en otro tiempo

la legislacion comercial, se desenvuelve en un grado inesperado la

prosperidad nacional.”

Tan lógicas son las deducciones que quedan emitidas, que basta

considerar la marcha que desde aquel momento siguieron las demas

naciones de Europa, para convencerse de su exactitud, y así lo

comprueba el mismo autor, cuando dice, mas adelante:

“Es notorio que desde entonces (1846) todos los gobiernos mas ó menos,

sin escepcion, han revisado completamente sus tarifas, y han abandonado

la prohibicion absoluta.”

“Para no citar sino tres, que no pasan por innovadoras, y que son

considerables, mencionaremos á la España, la Rusia y el Austria. El

acta de las cortes de 17 de Julio de 1849--el ukase de 25 de Octubre

de 1850--y el decreto del Emperador de Austria de 6 de Noviembre de

1851. Repetimos, que los gobiernos de menor consideracion, en grande

número, han dado leyes ó decretos semejantes y que la misma tendencia

existe en América.”

El resultado de esta lucha, que ha durado por tanto tiempo y que ha

terminado con el triunfo de la libertad comercial, iniciada por la

Inglaterra, no puede atribuirse á las falsas causas emitidas por el

cólega frances: él ha sido anticipado y previsto desde los tiempos mas

remotos por los hombres versados en la ciencia económica, pues como

dice el mismo autor citado:

“Los grandes espíritus del siglo XVI estaban imbuidos del principio

de la libertad comercial. Mas tarde, quien ha escrito en favor de

la libertad comercial líneas mas elocuentes que Turgot? Quien la ha

justificado con raciocinios mas incontestables que Franklin, que

no era Ingles? Y el mas violento enemigo que haya tenido jamas la

Inglaterra, el gran Napoleon mismo, sobre su roca de Santa Elena no ha

pronunciado él estas palabras remarcables: _Debemos acercarnos mas aun

hácia la libre navegacion y hácia la entera libertad de un intercambio

universal_.”

En cuanto á los resultados que ha producido la adopcion del sistema

libre-cambista, nada puede ser mas concluyente. Nadie duda hoy que

la reforma introducida por Sir Roberto Peel, ha dado un impulso

progresivo, desconocido hasta entónces, á la prosperidad y bien estar

del pais. Principiando por la conversion de los dos mas acérrimos

proteccionistas, lord Derby y Disraeli, y terminando por la evidencia

irrecusable de las cifras, los resultados no han podido ser mas

brillantes y halagüeños.

Segun el cuadro estadístico que acaba de publicar el _Economist_ de

Londres, de 9 de Setiembre de 1854, de que estractamos estos datos, se

verá el prodijioso desarrollo que ha tomado el comercio Británico desde

que fué puesto en práctica el nuevo sistema liberal.

El valor total declarado de los productos y manufacturas inglesas é

irlandesas esportadas al esterior.

1831. £ 26,909,432

1842. £ 34,119,587

1853. £ 65,551,579

Para las posesiones inglesas.

1831. £ 10,254,940

1842. £ 13,261,436

1853. £ 33,382,202

Así, en tanto que el aumento de 1831 á 42 fué de £ 3,006,496, el

aumento de 1842 á 1853 subió á £ 20,120,766.

El valor de las esportaciones para paises estrangeros, durante el mismo

periodo, fué el siguiente:

1831. £ 26,909,432

1842. 34,119,587

1853. 65,551,519

Se vé pues que las esportaciones para el estrangero en los once años

anteriores á 1852, escluyendo las colonias, aumentaron en razon de £

7,210,155: en el segundo periodo, de once años de una política mas

ilustrada, elevó ese aumento á £ 31,431,992.

El _Economist_ haciendo sus observaciones sobre estos resultados

termina con estas palabras.

“Si algunos de nuestros vecinos que principian á libertarse tímidamente

de las trabas de sus antiguos y falsos sistemas comerciales,

necesitasen de hechos que les den certeza de las ventajas y seguridad

del camino que principian á trillar, ninguno hay por cierto mas

adaptado á ese fin que aquel que suscintamente acabamos de esponer.”

Creemos que la simple inspeccion de este luminoso cuadro estadístico

bastará para demostrar en su verdadera luz las ventajas del comercio

libre, sobre el proteccionista. Pero no se crea que estos resultados se

circunscriben tan solamente á Inglaterra; donde quiera que este sistema

ha sido adoptado, aun parcialmente, ha dado los mismos resultados.

Independiente de los muchos ejemplos que pudieramos citar, nos

satisfaremos para comprobarlo con uno de los ejemplos que nos ofrece

Mr. Chevalier, cuando dice:

“La Bélgica hacia parte de la Francia hacen 35 años (1853) y nuestra

industria sostenia con ella la concurrencia de la suya. En la Prusia y

en los otros Estados Alemanes, cuando el Zollverein sometió los tejidos

de algodon y de lana á la concurrencia de la Saxe, _sus industriales

se creyeron muertos_. Dos ó tres años despues su industria _estaba aun

mas floreciente que nunca_. Lo mismo sucedió en Inglaterra cuando la

prohibicion sobre la seda fuera levantada.”

Terminaremos por hoy este artículo en que hemos contestado á algunas

de las falsas ideas emitidas por el cólega. En nuestros subsiguientes

artículos iremos contestando á sus demas objeciones, y en ellos

espondremos los medios que creemos conducentes á hacer prosperar la

industria y la labranza del Estado de Buenos Aires, asi como el modo

como puede fomentarse la inmigracion, sin necesidad de esas absurdas

trabas, bautizadas con el nombre de _proteccion_, que no hacen sino

transtornar el órden natural de las cosas, queriendo hacerlas marchar

por vias artificiales y tortuosas.

Nuestro cólega dispensará que no le refutemos, como ha creido

que debiamos hacerlo, en un ligero artículo, pues al tratarse de

principios, es necesario argumentar con principios y no con palabras

vacías de sentido y desprovistas de la elocuencia práctica de los

hechos.

Cuestiones políticas y económicas · 第 30 / 45 题