MIGUEL CANÉ

[Ilustración]

ADMINISTRACIÓN GENERAL:

VACCARO--Avenida de Mayo 638--Buenos Aires

1920

INTRODUCCIÓN

FRAY MOCHO

Un día, en París, hace algunos años, recibí un pequeño libro, malamente

impreso y firmado con un pseudónimo que había visto algunas veces al

pie de artículos que, en general, no había leído. Era el _Viaje al país

de los matreros_, mal título también, que ocultaba una de las pinturas

más deliciosas y exactas que existen de un pedazo de suelo argentino,

precisamente del más característico: tal vez de aquél formado y sin

cesar modificado, por el aluvión formidable del padre de los ríos

nacionales. Comuniqué mi impresión a su autor en una carta entusiasta,

cuyo borrador siento no poseer en estos momentos, para darla de nuevo a

luz, como el más cumplido homenaje al talento literario del hombre que

nuestro mundo intelectual acaba de perder.

Más tarde, Fray Mocho, publicó su _Viaje Austral_ que, como fuerza

descriptiva vale quizás su primer ensayo, pero que le es superior en

sus elementos de drama. Esa dura vida del lobero, en la intrincada red

de canales entre los que va disolviéndose la más austral de las tierras

habitadas, está pintada con una verdad y una intensidad tales, que

parece increíble haya podido dibujarse el cuadro y darle color, sin

haber visitado minuciosamente el teatro de la acción. Y sin embargo,

según tengo entendido, Álvarez nunca visitó el Estrecho.

Más tarde, con motivo de la fundación de este semanario, de _Caras y

Caretas_, para el que se me pide estas líneas de admiración y de pena,

Álvarez cayó en la huella normal de su espíritu--y abordó el género

para el que le habían preparado, no sólo las condiciones peculiares de

su inteligencia viva, sagaz, observadora, de una sensibilidad de placa

para retener la impresión de los ridículos más fugaces, sino también

su vida azarosa, difícil, un tanto bohemia, en la que había tomado

contacto material con todos los bajos fondos sociales--y contacto

moral con todos los dolores y amarguras de la miseria. No pocos de

sus cuentos, o más bien dicho, de sus escenas, porque se preocupaba

muy poco de confabular, si bien mucho de pintar, ocultan, tras la

forma retozona e irresistible que le es habitual, un fondo de profunda

simpatía por el desheredado cuya ignorancia o mala suerte le sirve de

tema. Poco antes de embarcarse para el Paraguay, tuve ocasión de verle

y escribirle. Le hice ver que había llegado para él la hora de pedir

a su espíritu lo que nos había prometido y le conjuré para que, a su

regreso, se entregara al trabajo con método y plan.

No soy un entusiasta delirante por el _criollismo_ en nuestra

literatura. La razón fundamental es que siempre, o casi siempre, las

producciones _criollas_ no son, a mis ojos, sino reproducción de viejos

temas, viejas pasiones, viejas intrigas, sin ubicación necesaria,

pero revestidos de un lenguaje vulgar, trivial y de una repetición

de símiles, lugares comunes y otros recursos, realmente agobiadora.

Brieux, si hubiera visto una pieza _criolla_, que se está dando con

éxito, habría podido hacer de ella _Blanchette_, con sólo cambiar el

sexo del protagonista.

Álvarez no entendía así el _criollismo_; mejor dicho, no se preocupaba

de ninguna manera de entenderlo o comentarlo. Como todos los artistas

verdaderos, se ocupaba sólo en producir y esto de la única manera que

podía hacerlo, mirando y pintando. Sus personajes no sólo hablaban

como estamos habituados a oir hablar en nuestros campos, calles y

casas, sino que sentían y concebían las cosas, como las sienten y las

conciben necesariamente, por educación, por herencia y por influencia

del medio, los diversos tipos sociales de nuestro país. Yo le decía

a Fray Mocho: “Usted está destinado a escribir la primera comedia

_criolla_ de nuestro futuro teatro. Deje al gaucho tan esquilmado,

al compadrito que sólo debe ser un personaje episódico y plante su

escena, como sólo usted sabe hacerlo, en una casa modesta, de barrio

lejano. Traiga usted allí a la mamá y a las niñas, al papá, nacido allá

por 1840, al pariente, a las vecinas y haga usted hablar a toda esa

gente. No se preocupe usted de la acción; hágale usted hablar, sentir

y pensar como usted sabe que en ese mundo hablan, sienten y piensan, y

le auguro a usted un éxito de primer orden”. Álvarez sonreía, pero allá

en el fondo acariciaba la idea con la conciencia de poder realizarla de

incomparable manera.

Brutalmente, la muerte se lo lleva cuando la vida empezaba a serle

menos rigurosa. Él reposa, pero va a faltarnos, en esta monotonía

seria y en esta expectativa casi angustiosa en que vivimos, la alegre

nota semanal de Fray Mocho, en la que poniendo de relieve uno de los

aspectos de _nuestro_ ridículo, nos hacía gozar por la admirable

penetración del artista, y por la verdad del tipo estudiado.

Todos esos bocetos van a ser reunidos en volumen. Ahí deberán ir a

estudiar todos los que quieran interpretar nuestro microcosmos social,

como en las horas largas y tristes allí se deberá buscar el reactivo

contra las sombras del espíritu.

Hemos perdido un verdadero temperamento artístico y el día de ayer, que

fué el último de un hombre que tomó muy poco a lo serio la vida y el

arte, ha sido un día de duelo para las letras argentinas.

Cuentos de Fray Mocho · 第 5 / 92 题